Ojo por ojo

El aeropuerto de mis sueños

Hace muchos años, cuando Vicente Fox fracasó en su intento por construir un nuevo aeropuerto para la Ciudad de México, en esta misma columna, le escribí algo que terminó por convertirse en una broma del destino.

¿Qué? Que a mí me hubiera encantado que nuestros políticos, en lugar de pensar chiquito, pensaran en grande. Que si querían construir un aeropuerto, los construyeran bien.

Que estaba harto de que aquí, a diferencia de lo que estaba sucediendo en otras naciones, no fuéramos capaces de generar construcciones monumentales, emblemáticas.

Y lo más irónico de aquella columna es que yo decía que mi máxima aspiración en la vida era que la capital de todos los mexicanos, mi querida Ciudad de México, tuviera un aeropuerto como el de Hong Kong.

La hemeroteca no me dejará mentir. Amo el aeropuerto de Hong Kong. Es una construcción maravillosa.

¿Por qué? Porque no solo es enorme, bella y práctica, es lo primero que uno ve cuando llega a aquel lugar, y no hay manera de aterrizar ahí y de no sentir admiración por ese pueblo.

Estamos hablando de un aeropuerto que se construyó sobre el agua, que está diseñado para sobrevivir a los peores tifones que se pudieran presentar.

El entorno está respetado al máximo y uno, como pasajero, va de un lugar a otro sin la más mínima complicación, deleitándose con el espacio, disfrutando de la luz natural, teniendo acceso a los mejores servicios, gozando siempre de un trato amable.

Pero lo mejor de todo de ese aeropuerto es que funciona. Si a usted le dicen: se va a tardar 17 minutos en llegar de este punto a este otro, le juro que no se va a tardar 16 o 18 minutos, se va a tardar 17.

Cero broncas para la gente con discapacidad, para las familias con niños pequeños, para los pasajeros provenientes de otras culturas.

Y ni hablemos de los accesos. ¿Puede haber una ciudad más congestionada en el mundo que Hong Kong?

Bueno, los responsables de ese edificio no solo consiguieron el milagro de abrirle la más hermosa puerta de entrada a la región, no solo consiguieron diseñar algo que sirviera para muchas décadas, la conectaron con la ciudad.

¿Cómo? A través de todos los medios de transporte habidos y por haber. Mi favorito, un tren espléndido y muy barato que lleva a los pasajeros en vagones especialmente diseñados para que uno pueda meter y sacar maletas.

En cuestión de minutos, uno llega del avión al centro de la ciudad de Hong Kong y a dos o tres puntos muy específicos que tienen que ver con turismo y con negocios.

Obviamente este tren conecta con el metro, los camiones, los ferrys y con otros medios que usted pudiera necesitar para triunfar ahí.

¿Cuánto se tarda usted en llegar del centro del Distrito Federal al aeropuerto de ahora? ¿A usted no
le ha pasado, a veces, que ni siquiera ha podido llegar?

¿Cuánto se tarda en salir? ¿A qué infierno se tiene que enfrentar entre que aterriza y aborda un taxi? ¿Cuál es la impresión que se lleva tanto del país como de su gente?

Todos los que viajamos tenemos historias de terror en el aeropuerto de la Ciudad de México, desde las que tienen que ver con funcionalidad, practicidad y servicios hasta las que tienen que ver con incidentes estúpidos, malos tratos e inseguridad.

Me parece un sueño convertido en realidad que Enrique Peña Nieto sí se vaya a aventar la construcción de un aeropuerto que compita contra los mejores del planeta y que su autor vaya a ser Norman Foster.

¡Es el mismo que hizo el aeropuerto de Hong Kong! ¡El mismo que hizo varias de las más exitosas terminales aéreas del planeta!

Este señor no está jugando ni hace las cosas a medias o al aventón. ¡Es de a de veras!

Ahora sí me queda claro que a México le espera un gran futuro, que por fin vamos a tener el aeropuerto que nos merecemos y que esto va a representar una oportunidad magnífica para muchas cosas positivas.

Sí, es muy divertido buscarle tres pies al gato, jugar a la polémica con un puñado de opositores rabiosos y quejarse, como escuché el otro día en la radio, hasta de que este aeropuerto va a tener “más pistas de las que necesitamos”.

Pero yo, ante Foster, me cuadro. Si ese genio está planteando lo que muchas personas hemos visto en diferentes medios tradicionales y no tradicionales, es porque aquí va a pasar algo grande. ¡Me encanta! ¡Felicidades!