Ojo por ojo

Viene lo peor

Tenemos una nata de políticos que van y vienen de un partido a otro de acuerdo con sus intereses. A la hora de la verdad, da lo mismo si defienden una u otra agrupación.

Todo el mundo está muy preocupado por las elecciones del 7 de junio. Yo no.

A mí lo que me preocupa es lo que va a pasar después, a partir del lunes 8.

¿Por qué? Porque aquello va a ser una desgracia.

Gane quien gane, nadie va a quedar conforme con los resultados, volveremos a ver un montón de protestas, la democracia descenderá más escalones y el clima de odio y depresión colectiva no nos lo vamos a quitar en años.

¿En qué me baso para decirle esto? En el catastrófico manejo que estamos haciendo de las campañas electorales.

Seamos sinceros. ¿Cuál es la única conclusión a la que se puede llegar después de tanto spot tan malo que hemos estados padeciendo desde enero?

¿Cuál es la única conclusión, insisto, a la que se puede llegar después de observar a nuestros políticos y de escuchar sus declaraciones?

Que en México todos los políticos de todos los niveles son unos rateros, hipócritas, corruptos, traidores, sin clase, sin educación, sin cultura.

No lo digo porque lo crea o porque así sea. Lo digo porque ellos mismos se han encargado de ponerse estas etiquetas.

En estos días, los que no hablan mal de un partido hablan mal de otro. Luego sus enemigos les contestan y los dejan peor.

Y aunque sean elecciones intermedias, hasta el Presidente y su gabinete salen embarrados.

¿Quién se salva? Nadie porque, para colmo de males, en este país no tenemos esa partidocracia a la que tanto se ha hecho referencia en un montón de lugares.

Tenemos una nata de políticos que van y vienen de un partido a otro de acuerdo con sus intereses.

A la hora de la verdad, da lo mismo si defienden una u otra agrupación y como todas acaban teniendo a la misma gente, incluso a la que dice que no es política, todas son iguales.

¿Ahora entiende la magnitud de lo que está pasando aquí? Estamos matando la gallina de los huevo de oro, estamos acabando con la democracia.

Lo que en otras partes del mundo sería un privilegio, aquí es un insulto a nuestra inteligencia, un desperdicio de recursos, un atentado contra los medios de comunicación.

Votar ha dejado de ser algo positivo para transformarse en algo negativo, en algo que estorba, que molesta, que no tiene caso.

Y como votar ya no es algo bueno y como, supuestamente, la democracia es la única manera de solucionar nuestros grandes problemas sociales o de premiar o de castigar a nuestros gobernantes, ¿qué nos queda?

Nada. Nuestros grandes problemas sociales jamás tendrán algo parecido a una solución y nuestros gobernantes se van a quedar sin premios y castigos sin importar lo que hagan.

¿Qué esperanza de paz y progreso puede haber en semejante contexto? ¿Qué clase de estímulos pueden tener nuestras autoridades para hacer bien su trabajo?

Estamos perdidos, tanto que más de uno hemos escuchado, en nuestras casas, escuelas u oficinas, gente clamando por el fin de la democracia, por establecer algún otro régimen con el que podamos ver resultados.

Todo el mundo está muy preocupado por las elecciones del 7 de junio. Yo estoy peor. Lo que viene pinta infernal.

Más allá de las marchas, bloqueos, insultos y acusaciones que inevitablemente vamos a sufrir, ¿cómo le van a hacer nuestras autoridades para relacionarse con nosotros después del 8 de junio?

¿Cómo le van a hacer para que, cuando las veamos, no las visualicemos robando, mintiendo, manipulándonos, atacándonos o burlándose de nosotros?

Es todo un tema porque ni modo que prescindamos de ellas. ¿O sí?

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