Ojo por ojo

Quiero una ‘selfie’ protestando afuera de +KOTA

¿Adónde se fueron los escándalos de corrupción que veníamos revisando desde el año pasado? ¿En qué acabó la historia de Ayotzinapa?

¿Somos o nos hacemos? Durante meses nos la pasamos peleando que si por la corrupción, que si por nuestros pésimos gobernantes y que si por un montón de asuntos fundamentales.

Y ahora resulta que lo que más nos interesa en la vida son las opiniones de Donald Trump. ¿A usted no se le hace extraño?

Sí, yo sé que cuando uno escucha eso o ve imágenes de animales que están siendo torturados no hay manera de no reaccionar con indignación y violencia.

E igual, siempre que hablamos de matrimonios entre personas del mismo sexo y agregamos el elemento religión, la ecuación se pone “sabrosa”.

Ni modo que los sacerdotes digan: “¡Sí, qué padre! Nos acaban de poner en ridículo. ¡Celebremos!”

Pero, honestamente, todos estos son juegos virtuales. Haga de cuenta como el Escrúpulos, pero trasladado a las redes sociales y a los medios de comunicación.

La idea es que unos se pongan a favor. Otros, en contra. Y al final todos acabemos bien divertidos y con la conciencia tranquila porque no solo jugamos, “cambiamos al mundo”.

¿Adónde se fueron los escándalos de corrupción que veníamos revisando desde el año pasado? ¿En qué acabó la historia de Ayotzinapa?

¿Ya terminó la violencia en nuestro país? ¿Ya se compusieron nuestras deficiencias en salud y educación?

¿A poco ya se resolvió el conflicto del transporte público en la Ciudad de México? ¿Ahora sí ya tenemos calles limpias, sin baches y bien iluminadas?

Qué pena amargarle el día con esto, que no es un juego, pero a veces me canso de que la gente se queje más del regreso de Big Brother que de conflictos que en otros países tendrían a las multitudes tomando las calles.

Y no, no es porque piense que existe algo malo en entretenerse a través de la polémica.

Me canso porque los mexicanos jugamos tanto a estas dinámicas que al final ya no tenemos energía para quejarnos de lo que más nos tendríamos que quejar.

¿Adónde se fueron todas las acusaciones que el PAN le hacía al PRI hace unas cuantas semanas? ¿En qué quedaron todos los ataques que el PRI le hacía al PAN?

¿Cómo acabaron las denuncias que el PRD le hacía al PRI y al PAN?

¿Cuál fue la conclusión de todos los pleitos de todas las izquierdas, de los partidos pequeños y de los candidatos independientes?

¿Se van a quedar ahí? ¿En la nada? ¿Entonces todo era un juego para efectos del proceso electoral? ¿Otro juego?

No, perdón, pero esta ya fue demasiada diversión. Las cosas no se pueden quedar así. Muchos políticos de ene cantidad de partidos nos dijeron cosas que nos sacaron de quicio.

¿Nadie les va a dar seguimiento? ¿Ni siquiera los medios de comunicación que tanto se montaron en la crítica y el análisis?

El que calla otorga y esto invariablemente va a tener un impacto que comenzará con nuestros gobernantes y que acabará con la imagen de muchos comunicadores.

No puede ser que en México, cuando no hay campañas, hasta El Piojo Herrera se vuelva intocable. ¡Pues qué clase de país tenemos! ¡Qué clase de sociedad somos!

Sí, qué fuerte lo de Donald Trump, qué rudo lo de +KOTA y qué grueso lo de los homosexuales que se quieren casar.

Pero acuérdese de estos escándalos cuando se quede sin trabajo, cuando lo asalten y cuando se enferme y no complete ni para el gasto.

Usted nada más acuérdese, a ver si se divierte con el mismo entusiasmo.

Ah, pero siga jugando, haciéndose el vengador y no olvide tomarse una selfie con un bonito hashtag de protesta. ¡Que viva el mundo virtual!

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com