Ojo por ojo

Queridos amigos de las televisoras

Sé que están viviendo momentos de mucha tensión, de mucha presión y de mucha angustia, pero es mi deber como periodista y crítico de televisión pedirles que regresen a la cordura.

Entiendo perfectamente bien todo lo que está pasando, los intereses que están en juego, los antecedentes de cada una de las compañías que están participando en esta guerra de corporaciones y respeto todas y cada una de sus posturas.

Pero ustedes no se dan cuenta del daño que se están haciendo, de cómo, por estar peleando lo de hoy, no han tenido tiempo de ver lo que va a pasar mañana.

Y no me refiero al momento en que el Ifetel determine quiénes son los agentes preponderantes en cada una de las ramas de las telecomunicaciones y las desmantele, me refiero al futuro de sus negocios.

Ustedes son un gremio, no se pueden estar peleando. Cuando uno le hace daño al otro se hace daño a sí mismo, porque todos tienen que ver con todos.

Los señores de Azteca estuvieron del lado de los Vargas en algún momento de su pasado como los de Televisa fueron los amigos más íntimos de los de Telmex y viceversa.

¿Qué quieren? ¿Que les traiga los recortes de la hemeroteca? ¿Que busque los videos y se los muestre?

¿Por qué les digo esto? No es porque los odie o porque los quiera perjudicar.

Si así fuera, ya hubiera utilizado alguno de los archivos que sus enemigos me han estado enviando para tentarme con chismes, supuestos cabildeos y presuntos delitos que se supone que prueban que ustedes merecen el peor de los castigos.

Lo hago porque los amo, porque quiero lo mejor para ustedes, que avancen, que progresen. Yo no creo
que Televisa o Azteca sean el diablo como tampoco que Grupo Carso sea Dios.

Tenemos que irnos más arriba y entender que si se siguen atacando en público, con ese odio, con esos argumentos y con todo ese rencor, les va a pasar lo mismo que a los partidos políticos que a fuerza de estarse perjudicando terminaron por destruir a toda la clase política mexicana.

Hoy nadie cree en los políticos de ningún nivel ni de ningún partido. Ante los ojos del pueblo, todos son iguales.

Igual de mentirosos, igual de cochinos, igual de siniestros. Por eso nunca estamos conformes con ninguno de nuestros gobernantes. Por eso todo el tiempo los estamos atacando.

¿Eso es lo que quieren para ustedes? ¡Pues qué creen! ¡Para allá van!

Estamos a nada de que el público termine por etiquetarlos, por perderles la confianza, pero no solo a los que representan una marca, no, a los de todas.

Y cuando digo todas, no nada más incluyo a las que ya están, sumo a las que vendrán, porque vengan de donde vengan terminarán por nutrirse de la misma gente, de los mismos esquemas.

Ninguno de ustedes puede hablar de derechos de autor sin ensuciarse la boca. Ninguno.

Ninguno de ustedes se puede defender con el cuento de las señales. Ninguno.

Sí, los entiendo y los respeto, pero con mucha pena y cariño se los tengo que decir: están haciendo el ridículo.

Por favor, ya no se expongan de esa manera y hablen de lo que tienen que hablar.

¿De qué? Del público, de cómo van a considerarlo, de cómo van a atenderlo, de cómo van a ofrecerle mejores contenidos, de cómo van a ofrecerle más calidad en sus señales, en sus producciones y en el caso de los cables y de las antenas directas al hogar, de cómo van a bajar las tarifas.

De nada les sirven sus causas, sus valores, sus fundaciones, sus goles, sus donativos y sus iniciativas si a la hora de la verdad, el público no juega.

Y, ojo, no basta con decirlo, tenemos que verlo a cuadro, porque luego sucede que en sus discursos nos venden unas cosas muy bonitas, pero que a la hora de encender el televisor la realidad es otra.

México necesita y merece una buena televisión y ustedes tienen todo para hacerla. ¿Qué está pasando que no la estamos viendo, que solo oímos hablar de dinero y de intereses? ¿¡Qué!?

Por lo que más quieran en la vida, recapaciten, reconózcanse como un todo y vuelvan al origen de este medio, que es la formación, la información y el entretenimiento. Así, en ese orden.

¿De qué les sirve pelearse como se están peleando para crear los contenidos que están creando? ¿De qué les sirve toda esa rabia si a final de cuentas parece que lo único que quieren es dedicarse a la basura?

Para eso no están los medios. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar! alvarocueva@milenio.com