Ojo por ojo

¡Políticos corruptos!

Estoy harto de ver a tanta gente rasgándose las vestiduras por el tema de la corrupción política.

Ahora resulta que nuestros políticos son unos cerdos que se la pasan robando, haciendo negociaciones por debajo del agua y sacándole el mayor provecho personal a los grandes temas públicos.

Perdón, pero esa clase política no se hizo en una realidad aparte. Es el reflejo fiel de lo que somos como sociedad.

¿Qué, acaso usted jamás le ha dado un “dinerito extra” a alguien para que le resuelva algún problema?

¿Usted jamás ha cambiado de trabajo para obtener un mejor ingreso yéndose a “la competencia” a pesar de que eso se llama traición y representa una descarada contradicción ideológica?

Si pudiera, ¿no colocaría a alguno de sus parientes, ya no se diga a alguno de sus hijos, en una situación de ventaja frente a otras personas recomendándolo, encargándolo o haciendo algo por el estilo?

Todo esto, en el remoto caso de que usted no haya recibido regalos en lo oscurito a cambio de algún favor, que no se haya “pirateado” a alguien de “la competencia” o que no haya sido el recomendado, el pariente o el amante de alguien.

¿Entonces de qué se sorprende cuando se entera de que existan las sospechas de que un gobernante ofrezca o reciba comisiones a cambio de equis situación?

¿De qué se asusta cuando ve a los políticos abandonar un cargo público para saltar a otro o cambiar de partido sin el más mínimo sentimiento de culpa?

¿Para qué le hace al cuento cuando una autoridad mete a sus novias, a su esposa, a sus hermanos o a sus hijos en el mundo de las candidaturas?

En este país, corrupción somos todos, y jugar a tirarle mierda nada más a los políticos es un acto de doble moral.

Ya nos dimos cuenta de que todo este esquema está mal, ¡perfecto!, corrijámoslo, pero no nada más exigiéndole a nuestros gobernantes que sean unos santos.

No, exigiéndonos a todos ese cambio cultural que tanto necesitamos.

Cuando lo hayamos conseguido, ahí sí jamás volveremos a ver las cosas que estamos viendo, nunca nadie más jugará a colgarse la medalla de héroe atacando a los demás por algo que es del dominio público.

Y, lo más importante, ya ninguna instancia, pública o privada, se atreverá a tomar estos temas como herramienta electoral.

¿O qué, acaso usted cree que si no estuviéramos tan cerca de las elecciones todos estos escándalos no estarían saliendo a la luz pública?

Lo más vergonzoso es que, cuando pase el proceso electoral, el tema de la corrupción se volverá a enterrar por otros tres años y ni quién se vaya a acordar de todo lo que se está diciendo. ¿Eso es lo que queremos?

No sé usted, pero yo no me quiero ver en seis años llamando a comparecer a Enrique Peña Nieto por errores de diseño en la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México como hoy se está llamando a Marcelo Ebrard por la Línea 12 del Metro.

No quiero que en 2021 la prensa extranjera, una vez más, sea la que ponga los adjetivos, la que califique a nuestros gobernantes, la que confronte a nuestras autoridades por temas tan penosos como sus propiedades y sus cuentas bancarias.

La idea de todo esto no es tener algo “rico” para darle rienda suelta a nuestros odios a través de las redes sociales.

La idea de esto es que se corrija, que no vuelva a suceder, pero mientras usted y yo no hagamos nuestra parte y apostemos por la honestidad, ni el más fino de nuestros políticos va a poder hacer bien su trabajo. ¿O usted qué opina?

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com