Ojo por ojo

¡Pobres habitantes del Distrito Federal!

Hoy el Metro no nos lleva a ninguna parte. Dejó de crecer al ritmo de la capital del país y se transformó en un elemento de cuarta frente a los segundos pisos, el Metrobús y las ecobicis.

Siento un cariño muy especial por el Metro de la Ciudad de México y me duele todo lo que está pasando.

¿Qué? Esta escandalosa cadena de aberraciones que semana a semana se va presentando en las redes y los medios de comunicación.

Es como si se tratara de un botín político, de una campaña de desprestigio pero, al mismo tiempo, es cierto, el Metro está asqueroso.

Perdón pero ya no es ni la sombra de lo que fue cuando lo comencé a usar en 1991.

Hoy el Metro no nos lleva a ninguna parte. Dejó de crecer al ritmo de la capital del país y se transformó en un elemento de cuarta frente a los segundos pisos, el Metrobús y las ecobicis.

¿Adónde se fueron aquellos días en que los mexicanos presumíamos de tener el Metro más moderno del mundo?

Barato siempre ha sido, pero alguna vez fue el más moderno, el más fácil de tomar, el más claro en su señalización, un orgullo  para toda la nación.

El caso es que cuando no es la catástrofe de la Línea 12, son los accidentes como el de hace unos cuantos días, los letreros que el sindicato está pegando por todos lados o los “bonitos” manifestantes del #posmesalto.

Además, cuando uno no tiene que esperar cuatro o cinco trenes para poderse subir entre empujones, las escaleras eléctricas no sirven, hay asaltos, cuchilladas, amenazas de bomba, vendedores ambulantes o problemas con los locatarios de las estaciones.

Como que ya fue mucho, ¿no? Alguien tiene que ponerle un hasta aquí a este problema, dar la cara en este conflicto, castigar a los culpables y arreglarse con el sindicato. ¡Resolver!

A mí, entre que se me cae la cara de la vergüenza y entre que me da una rabia monumental, cada vez que veo a nuestras autoridades aventándose la bolita ante cada cosa que pasa por ahí.

¿Por qué el director de Metro no ha ofrecido una sola disculpa pública ante ninguna de estas noticias?

¿Por qué el jefe de Gobierno no le ha pedido perdón a los usuarios de este medio de transporte tal y como lo hubiera hecho cualquier gobernador de cualquier otra parte del mundo?

El viernes que estaba leyendo la investigación al respecto de Animal Político y escuchando las cosas que se estaban declarando en Atando cabos, me quiso dar un ataque.

¿En verdad el tren que chocó en Oceanía era una unidad “recuperada” de la chatarra que tenía un largo antecedente de no poder frenar?

¿En serio el chofer, al descubrir que no traía frenos, llamó a sus superiores para pedirles que cortaran la corriente eléctrica para impedir el accidente y nadie ni siquiera le contestó?

¿Es cierto que hay más unidades “recuperadas” dando servicio en este momento?

Eso quiere decir que el Metro capitalino es una bomba de tiempo. Eso es gravísimo, va más allá de la irresponsabilidad, entra en el terreno del delito, en el de poner en riesgo la vida de miles de personas.

¿Y nos vamos a esperar al martes para la interpretación de unas cajas negras que, como ya nos dijeron los expertos en los medios, no miden lo que tendrían que medir en estos casos?

No sé por qué, pero algo me dice que ese día, cuando nos aclaren ese accidente, no va a pasar nada.

Claro, estamos en campañas electorales, en guerra de partidos y nadie, ni siquiera los periodistas más rudos de México, podría cuestionar con rigor a nuestros gobernantes. No vaya a ser que se malinterprete.

¡Pobres habitantes del Distrito Federal! ¡En qué lamentable abandono vivimos! ¡En qué patética indefensión nos transportamos! ¿O usted qué opina?

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com