Ojo por ojo

México lindo y pasivo

No me sorprende que haya políticos como Javier Duarte, me sorprende la pasividad del pueblo de México.

Se están burlando de nosotros en nuestra cara, nos están robando.

¿Y qué hacemos? Nos peleamos por las familias “naturales”, por la Lady Operada, por el tráfico. Nos peleamos entre nosotros.

Y, lo peor, siempre por los temas más absurdos. Por eso nos va como nos va. Tenemos la realidad que nos merecemos.

Nos creemos muy politizados porque insultamos a nuestros gobernantes en las redes sociales y porque caemos en el juego de la venganza a la hora de anular nuestros votos o de ir a votar por el partido opuesto al que estaba en el poder.

¿Y qué es lo que sucede al final? Nada. Como solo se trataba de una diversión, se nos olvida. Como los políticos van y vienen de un partido al otro, los Duarte se multiplican.

¿Qué tiene que pasar aquí para que reaccionemos? ¿Qué tiene que pasar para que terminen los escándalos de corrupción?

¿Por qué estos personajes pueden ser acusados de tomar cantidades exageradas de millones de pesos sin que nadie les diga nada y a nosotros nos tratan como asesinos seriales si nos pasamos un solo día de la fecha de cualquier pago?

¿Cómo es posible que con la tecnología de ahora nadie encuentre a alguien tan conocido como Javier Duarte mientras que a usted y a mí los cobradores nos encuentran hasta cuando estamos haciendo la fila de las tortillas?

¿Por qué usted y yo tenemos que luchar por todo, contra todo, y los hombres y mujeres que pusimos en el poder a través del voto no?

¿Por qué a ellos siempre las va tan bien? ¿Por qué nadie les hace nada? ¿Por qué nadie les quita sus millones? ¿Por qué nadie nos los devuelve?

Si no son los procedimientos, son los derechos humanos; si no son las guerra políticas, son los intereses de unos cuantos.

A la hora de apresar a estos personajes, a asesinos, a ladrones y secuestradores dictaminados como culpables, ahí sí todos se fijan hasta en los puntos y comas de las leyes para sacarlos en libertad.

¿Y con nosotros? Con nosotros cada quien interpreta las leyes como se le da la gana, nos ponen recargos hasta por pagar en el cajero equivocado y nos privan de nuestra libertad a la menor provocación.

Por eso hay tanto resentimiento social. Por eso hay tanta gente que prefiere ponerse del lado del crimen organizado que de la justicia. Si las autoridades, al tratarnos como tontos, al faltarnos al respeto de una manera cada vez más cínica y despiadada, se han convertido en nuestros enemigos. Y si los delincuentes, con sus conocidísimas barbaridades, son los enemigos de nuestras autoridades. Pues el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Por eso las multitudes se quedan con los delincuentes, las idealizan, las ayudan.

Ni le hagamos al cuento, la única manera de volver al orden va a ser que las autoridades en verdad hagan su parte. Pero como eso se ve muy lejano, seguiremos viviendo en la cultura del bandido, seguiremos viendo a los Duarte pasar de un estado al otro, de un partido político a otro.

Repetiremos estas historias de generación en generación.

No me sorprende que haya políticos como Javier Duarte, me sorprende la pasividad del pueblo de México. ¿A usted no?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com