Ojo por ojo

"Mentir para vivir" y "Fortuna"

Hay algo que se llama depresión postelenovela. A mí me da cada vez que terminan mis melodramas favoritos.

La primera vez que utilicé este término fue en 1989, con Días sin luna. Lo recuerdo muy bien, porque su desenlace me dolió en el alma.

¿Y por qué me dolió? ¿Acaso, porque murió la protagonista? Porque ver telenovelas no es como ver series.

Ver telenovelas es un hábito de todos los días, y de tanto seguir esas historias y de tanto ver a esos personajes, uno acaba convirtiendo aquello en algo más que un programa de televisión.

Las telenovelas se convierten en parte de nuestra vida, en nuestro tema recurrente, en lo que le da sentido a nuestras conversaciones, y sus personajes, en poco menos que nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros amantes.

¿Por qué cree usted que quienes gozamos con este género nos quedamos hasta el último capítulo aunque la historia ya no tenga nada que ver con la propuesta original de tan retorcida y alargada?

El final de un melodrama seriado es una tragedia, es una relación que se acaba, un vínculo que se rompe, duele, y no sé a usted pero a mí me espera una depresión postelenovela marca diablo, porque este fin de semana no solo acaba una de mis producciones favoritas, acaban dos.

¿Cuáles? Mentir para vivir y Fortuna. ¿Sabe usted cómo voy a estar el lunes por la mañana? Tirado en la alfombra.

Mentir para vivir es una de las mejores telenovelas que Televisa ha hecho en los últimos años.

Vamos a decirnos la verdad, si algo ha perdido Televisa ha sido su prestigio telenovelero.

Ahora ya casi no hay estrellas, ya casi no se apuesta por historias originales, ya no se respeta al público, ya no se le da la etiqueta de autoridad a los escritores.

Bueno, Mentir para vivir es una telenovela con grandes estrellas, una historia original donde todo el tiempo se estuvo respetando al público y donde sus escritoras (María Zarattini y Claudia Velazco) no solo tuvieron la autoridad que se merecían, fueron las reinas de esa fiesta.

Si usted no tiene la sensibilidad para reaccionar a esto y reconocer su grandeza, ¡bienvenido al refrito número 70 de La gata! Eso es lo que merece.

Mentir para vivir es un orgullo para la televisión de este país, una historia moderna con personajes imperfectos, un exquisito tono policiaco y una producción admirable.

Cada uno de los recursos fue administrado con sabiduría, desde las primeras locaciones en playa y ciudad hasta las últimas contrataciones como la de Dulce María y Beatriz Moreno.

Y lo más interesante es que estamos hablando de un concepto que jamás dejó de ser una telenovela tradicional y de un producto lleno de detalles que ya nadie se toma el tiempo de considerar.

¿Como cuáles? Como la construcción de un suspenso a base de escenas que van creciendo, de espacios que se van llenando de elementos que nos van comunicando emociones y de caracterizaciones que evolucionan.

Yo, más de una vez, me fui de espaldas siguiendo este melodrama. ¡Qué estructura! ¡Qué peripecias! ¡Qué preciosidad!

Luche por ver el final de esta producción de Rosy Ocampo este domingo a las 18:00 por El Canal de las Estrellas y despidámosla en grande, como merece.

Fortuna, por su parte, es como para ir y hacerle una fiesta a Epigmenio Ibarra, a sus escritores (como Rodrigo Ordóñez y Fernando Ábrego) y a sus magníficos actores.

A mí no me queda claro si usted lo alcanza a apreciar, pero se necesitan unos pantalones muy bien puestos, mucha creatividad, mucho talento y mucha capacidad de trabajo para contar esa historia.

¿Por qué? Porque aquí no estamos hablando de un bonito melodrama rosa con ricos, pobres y cachetadas.

Estamos hablando de un melodrama de denuncia política donde se dijeron cosas que ni los noticiarios se atrevieron a decir en su momento sobre temas tan pesados como los casinos, las mafias, la corrupción, la guerra contra el crimen organizado y el Casino Royale.

En cualquier otra parte del mundo, a estos señores o los hubieran mandado matar o les hubieran puesto un monumento.

Aquí, mis compañeros periodistas callaron y muchos medios se negaron a darle seguimiento. ¡Imagínese el tamaño de proyecto del que estamos hablando!

Y además, estuvo emocionante. Y además, se escribió y se grabó a mil por hora. Y además, se manejó con las limitaciones con las que se manejan todas la telenovelas en este país. ¡Guau!

¿Verdad que es un acontecimiento? Póngase, por favor, a pensar en el desenlace de esto que hasta se dio el lujo de amarrar a otros personajes de otras telenovelas de Argos como a los de El octavo mandamiento.

Fabulosa, Fortuna es fabulosa y yo le pido que no se vaya a perder su desenlace esta noche a las 21:00 por Cadenatres. Tengo la impresión de que no solo la vamos a aplaudir, la vamos a extrañar.

Bendita depresión postelenovela.

Vamos para allá. ¿A poco no?