Ojo por ojo

Matar al maestro

Veo con mucha tristeza cada vez a más personas confundidas, jugando a condenar a los maestros, a diferenciar entre “maestros buenos” y “maestros malos”.

Ahora resulta que si usted se atreve a pelear por sus derechos merece la muerte.

Ahora resulta que si a usted, un día, lo obligan a trabajar bajo reglas sucias, el que está mal es usted y no el que le impuso ese esquema.

¿Sí se da cuenta de lo que está sucediendo aquí? ¿Ya observó con detenimiento lo que se está mostrando en algunos medios? ¿Ya escuchó cómo se está diciendo?

El tema no es la educación de nuestros hijos ni la capacitación de nuestros maestros. El tema es la gobernabilidad de México.

¿Por qué cree usted que ahora hasta el mismísimo Osorio Chong está interviniendo?

Aquí tenemos un asunto mucho muy complejo donde sí hay maestros, pero también agitadores, muertos, oportunistas, explosiones, carreteras bloqueadas, afectaciones económicas, rumores, manipulación y más, mucho más.

¿Usted está convencido de que todas las partes que están participando en este megaconflicto social están siendo atendidas y escuchadas con el mismo interés y respeto?

¿A usted le consta que los supuestos profesores que están apareciendo en diferentes plataformas como responsables de muchas catástrofes en lugares como Oaxaca son maestros de geografía?

¿En verdad cree que la gente que ha muerto perdió su vida por negarse a dar más y mejores clases de matemáticas?

Como se lo he dicho en muchas ocasiones, en ningún lugar del mundo es normal que se considere a los maestros como los enemigos públicos número uno.

Mucho menos en un país como éste, donde se festeja al corrupto, al criminal, al narcotraficante y al secuestrador.

Y si no me cree, échele un ojo a los héroes de las más recientes ficciones originales que se han producido en México, desde las series hasta las telenovelas, pasando por lo que usted quiera, guste y mande.

Compare la cantidad de narcos, reinas y asesinos contra la cantidad de médicos, maestras y policías que están protagonizando nuestras historias.

¿Usted no nota nada raro? ¿Usted no se quiere morir de la vergüenza como yo?

Ya basta de jugar con la palabra maestro para etiquetar este problema.

Hoy se nos llena la boca diferenciando entre los profesores que, según esto, sí quieren trabajar y los que no.

Mañana alguien se va a hinchar de placer haciendo lo mismo, pero con usted.

¿Y qué tal si le toca ser el malo del cuento? ¿Se va a reír con la misma superioridad?

El conflicto, insisto, es de gobierno, de saber hacer las cosas.

No es lo mismo matar a presuntos maestros, como pasó en Oaxaca, que hacer lo que hicieron en Chiapas.

¿Qué? Capturaron a todos los involucrados en aquella historia de terror de los supuestos profesores rapados.

¿Y cuánta sangre se derramó? Ni una gota.

Manuel Velasco, el gobernador de esa entidad, en lugar de condenar al magisterio, de usar la fuerza o aprovechar este asunto para alimentar todavía más los odios de tantas y tantas instancias, resolvió.

¿Cómo? Gobernando, como se debe de hacer, y comunicándose con su gente a través de distintos medios, incluyendo redes sociales.

Y sí, en Chiapas todavía hay muchos retos por delante, como los hay en todos los rincones de la República Mexicana.

Pero fíjese, por favor, en los contrastes, en cómo, cuando el acento se pone donde se tiene que poner, al final los conflictos se solucionan y nadie sale herido, perjudicado, estigmatizado. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com