Ojo por ojo

Lucero asesina, Cristian desnudo ¿y usted distraído?

Yo no sé si Lucero sea una asesina o si Cristian Castro tenga buenas nalgas, lo que sí sé es que vivo en un país donde predomina la gente hipócrita y que se deja llevar más por los chismes de las revistas del corazón que por las noticias de verdad y eso me llena de vergüenza.

Mire, a mí no me importa si Lucero practica la cacería o si se mete drogas, como tampoco me interesa si Cristian se da masajes o si usa ropa interior de marca.

Lo único que me incumbe, de ellos, es su talento, su trabajo.

Lucero es una de las figuras más importantes del firmamento artístico en español, una magnífica actriz, estupenda conductora y excelente cantante.

Cristian tiene una voz privilegiada, es un hombre de trabajo que le ha dado la vuelta al mundo, conmoviendo a las multitudes y algunas de sus canciones son ya clásicos indiscutibles.

¿Qué caso tiene perder el tiempo metiéndose en su vida privada?

Lo que se ha dicho de estas dos figuras en los últimos días es nada en comparación con lo que hacen cientos de actores, cantantes, periodistas y conductores no solo de México, sino de todo el mundo.

¿Entonces por qué los estamos despedazando con tanta rabia? ¿Por qué son nuestro único tema de conversación? Eso no habla mal de ellos, habla mal de nosotros.

Ni usted ni yo somos quién para irle a decir a Lucero si está bien o si está mal, porque suponemos que practica la cacería o porque creemos que trata a sus hijos de tal o de cuál forma.

Como tampoco tenemos la autoridad moral para decirle a Cristian que se tome o que no se tome fotos, con ropa o sin ropa, con sus masajistas o sus fans.

Usted está en su derecho de creer o no creer en lo que quiera, pero cazar o no cazar no hace mejor o peor a la gente.

Yo conozco a varios defensores de los derechos de los animales que son verdaderos sociópatas, a vegetarianos que están cien por ciento enfermos del cerebro y a un montón de ciclistas que deberían estar tras las rejas.

¿Y a que nadie les dice nada? ¿Y a que nadie se pone a analizar lo que hay detrás de sus convicciones?

Hacer lo que se supone que está bien no lo convierte a usted ni en bueno ni en mejor ni en superior ni le da derecho a juzgar a los demás, a atacarlos o a intervenir en sus vidas.

E, igual, usted estará de acuerdo o no con la idea de tomarse fotos y subirlas a las redes sociales, pero no hacerlo no lo convierte en una persona ni más fina ni más bonita.

Conozco a muchos distinguidos señores que ni en sus peores sueños se tomarían una foto sin camisa para compartirla en las redes sociales, pero que en su vida privada son unos depravados de miedo.

Y ni le digo de las mujeres. ¡Oh, sí! Mucho cuerpo muy cuidado, pero por dentro están podridas.

¿Y eso les permite burlarse de los demás? ¿Eso les permite concluir que los demás están mal y que merecen un castigo?

¿Qué? ¿Acaso esto no es bullying? ¿Qué no se supone que todas esas elegantes personas tienen muchos valores y están contra eso?

¿Entonces por qué lo alimentan? ¿Por qué se esconden en el anonimato de las redes para practicarlo?

¿Quiénes son los que están dañados aquí? ¿Lucero y Cristian o los que los atacan? ¿Quiénes?

¿Pero sabe qué es lo más grave de esta historia? La urgencia que tienen nuestras pobres estrellas de más y mejores asesores en materia de relaciones públicas, la doble moral de la redes sociales y el factor distracción.

¿No se supone que en las redes sociales hay pura gente culta, educada, bilingüe, congruente y que, por lo mismo, le exige cosas insólitas a nuestros gobernantes y comunicadores?

¿Adónde se fueron cuando salió el dato de Lucero? ¿Adónde se fueron cuando les pusieron las fotos de Cristian?

¿Por qué en lugar de ellos no hablaron igual de la nota del accidente aéreo que sufrió José Manuel Mireles? ¿Por qué no están hablando hoy igual de los grupos de autodefensa?

¿Por qué no están discutiendo las listas negras de Hacienda, la geolocalización de la que todos vamos a ser víctimas o el incierto futuro del IFE?

¿Por qué invierten su tiempo en hacer memes en lugar de invertirlo enterándose de lo que sí les va a afectar en los próximos meses?

¿Ahora entiende cuando le digo que todo esto me da vergüenza? No puede ser. Y no es porque alguien nos quiera distraer. Es porque nosotros mismos nos distraemos. Nos encanta. ¿A poco no?

¡Atrévase a opinar! alvarocueva@milenio.com