Ojo por ojo

Jaime Almeida querido:

A pesar de tu profunda sabiduría, eras un hombre sencillo, accesible, sin poses, siempre dispuesto a responder preguntas, a colaborar.

Estoy en shock. ¡Cómo que estás muerto! ¿Qué pasó? ¡No lo puedo creer!

Siempre te tuve tan cerca, siempre estabas tan de buenas que jamás me imaginé que una mañana de sábado las redes sociales me fueran a sorprender con la noticia de tu muerte.

Ya no te voy a encontrar en los elevadores de MILENIO, ya no te voy a saludar en el estacionamiento, ya no te voy a escuchar cantando con Carlos Marín.

Estoy muy afectado porque tú no eras un compañero más. Para mí, tú eras un ídolo, un maestro, un modelo a seguir.

A ti te encantaba la música. A mí me encanta la televisión. Yo te veía y decía: cuando sea grande quiero ser como Jaime Almeida.

Qué hombre tan culto, tan profesional, tan responsable, tan comprometido con su fuente, tan buen investigador, tan ameno para compartir la historia de su medio con su público.

Se le nota que ama lo que hace. Siempre está sacando discos, programas, conduciendo eventos, dando charlas.

Y sabe tantas cosas, y las platica tan sabroso, y todo el mundo lo quiere, y siempre lo están entrevistando.

¡Caray, no puede ser que ya no estés aquí! ¿A quién voy a admirar ahora? ¿Quién me va a motivar a seguir adelante como tú me motivabas contándome cosas hasta de tu infancia?

¿Te acuerdas? Por alguna extraña razón, cuando nos topábamos por aquí o por allá, acabábamos platicando de las cuestiones más extrañas del universo, pero siempre de nosotros, como si nos conociéramos de toda la vida.

Alguna vez coincidimos en proyectos como la cobertura especial que MILENIO Televisión hizo de la muerte de Michael Jackson o como las series que llegamos a hacer para MTV sobre Las 100 mejores canciones de los años 90 y Las 100 mejores canciones para boda.

Y había un detalle que me fascinaba de ti: a pesar de tu profunda sabiduría, eras un hombre sencillo, accesible, sin poses, siempre dispuesto a responder preguntas, a colaborar.

Además, te sabías divertir y hacías que la gente se divirtiera. ¡Era fantástico!

Con todo y que eras un señor maduro, siempre tuviste un espíritu juvenil, mucho más que el de algunas estrellas que conozco.

Por lo mismo, todas las audiencias, desde las de la tercera edad hasta las adolescentes, escuchaban con deleite tus anécdotas, te veían y te recibían con cariño.

¿Sabes la responsabilidad que siento sobre mis hombros?

Tengo mucho miedo, pero no de seguir tus pasos con todas mis limitaciones y con todos mis defectos.

No. Tengo miedo porque veo tu muerte y de alguna manera veo la mía. ¿Así va a ser el final? ¿Así es como van a acabar las cosas?

Yo creo que tú te merecías un desenlace diferente, que en los últimos años de tu carrera debiste haber tenido más espacios, más reconocimiento.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué fue lo que pasó con maravillas como Conexiones con Jaime Almeida? ¿Por qué no hubo más, en más canales, en otras plataformas?

Tu muerte me sacude por todos lados, me llena de tristeza, me pone a pensar.

¿A qué le podemos tirar los periodistas de espectáculos en este país? ¿Cuál es nuestra misión? ¿Dónde está nuestro tope?

Gracias, querido Jaime, por todo lo que nos diste, por tu apoyo incondicional, por tus conocimientos, por tu calidez, por tu voz y por tu sonrisa.

Gracias por enseñarnos a amar la música, a quienes la hacen, a quienes la promueven y a quienes, como tú, la relatan y la convierten en historia.

La vida es muy corta. Me pongo de pie y te ovaciono con todo mi amor. ¡Hasta pronto, Jaime! ¡Hasta siempre! ¡Te quiero! ¡Te queremos!

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