Ojo por ojo

Hoy es el día de 'El Bronco'

Hoy es un día especial para México y muy en específico para mi estado. Hoy Nuevo León amaneció gobernado por El Bronco.

Aunque este domingo hay muchas actividades de "inauguración", ayer fue la toma de protesta.

¿Y? ¿Cuál es la nota? Que es la primera vez en la historia de nuestro país que un hombre se convierte en gobernador de una entidad federativa a partir de una candidatura independiente.

El gobierno de Nuevo León no está en manos ni del PRI ni de ningún partido. Está en manos de un señor que llegó por su cuenta.

Obviamente todo el mundo va a estar encima de este hombre para verlo triunfar o fracasar, porque cualquier cosa que pase con él será utilizada a favor o en contra del futuro de las candidaturas independientes.

El mensaje que el pueblo de Nuevo León le está mandando a todo México es de una claridad revolucionaria: "Estamos hartos de los partidos. No sirven".

Y la inteligencia de El Bronco es de una perfección tan fabulosa que más de una instancia debe estar temblando por las repercusiones políticas, económicas y sociales de cualquier cosa que haga a partir de hoy.

¿A qué me refiero cuando le hablo de perfección si hay tantas personas criticando a este político por mil y una razones que van desde los más estúpidos detalles de color hasta las más aterrizadas reflexiones sobre administración pública?

A que él supo leer nuestro momento histórico, entendió las reglas de la era del espectáculo y cumplió con sus objetivos.

Hoy el mundo le está diciendo no a lo masivo. Todo es individual, narcisista, al gusto de cada quien.

En un contexto así una persona sola vale mucho más que cualquier partido político, así se trate del engranaje más eficiente del planeta.

Por si esto no fuera suficiente, El Bronco no es una persona, es un personaje. Casi nadie lo llama por su nombre.

Él no es Jaime Rodríguez Calderón. Él es El Bronco y decir El Bronco no es cualquier cosa. Es un valor dramático.

Un hombre bronco es un tipo rudo, valiente, peleonero y, ¿por qué no?, hasta galán.

En nuestro imaginario colectivo, ser bronco es ser como un superhéroe, como El Santo, como Chucho el Roto, como El Ojo de Vidrio.

La traducción electoral de esto es fantástica: ser bronco es ser oposición.

¿Sabe usted lo que significa esto para un país como éste, donde todos los partidos se han traicionado alguna vez decepcionando al electorado?

Es la única opción posible de castigar a las autoridades, así sean buenas, así sean malas.

¿Por qué? Porque como todas vienen de partidos que, insisto, se han traicionado, todas tienen que ser castigadas así hagan el mejor de los trabajos.

Yo no sé si El Bronco vaya a ser un buen gobernador, lo que sé es que si se lo propone, podría llegar muy pronto a la Presidencia de la República.

El juego en la era del espectáculo es de oposiciones y como él se opone a todo, él lleva las de ganar.

Y lo está haciendo tan bien que sin que nadie se lo dijera, ya se opuso hasta al mismísimo Andrés Manuel López Obrador, el más grande opositor de la historia reciente de México.

El Bronco no es aliado de nadie. Es la competencia de todos. Y esto es de una seducción irresistible porque en el remoto caso de que su administración fracase, ¿por qué sería? Por un complot.

¿Puede haber algo más sublime que un bronco mártir? Si no me cree, pregúntele a El Peje. Él jugó mucho a eso y le funcionó, pero lo jugó en partido, no en solitario. ¡Qué pena! ¿O usted qué opina?


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