Ojo por ojo

El #GoberCachetada

Ahí estaba yo, navegando por las redes sociales, cuando me empezaron a llegar mensajes de gente molesta.

Que si qué pensaba de la brutalidad del gobernador de Chiapas por haber cacheteado a uno de sus colaboradores.

Todo esto, por un video que estaba circulando en YouTube.

Obviamente me imaginé una escena como de película de Tarantino con este señor humillando a uno de sus subalternos entre gritos y sangre.

¡Pero cuál! Era el video más baboso del universo. Casi, casi, de risa loca.

En él se podía ver al gobernador de Chiapas como al final de un acto público.

Y en un momento en que, entre que interactuaba con el público y le daba instrucciones a su gente, le da un manazo en la cara a uno de sus compañeros.

Perdón, pero yo he visto escenas mil veces peores con gente muy importante y famosa, y ni hablemos de lo que me toca observar todos los días cuando monitoreo la televisión.

En este país nos llevamos pesado y el que no le pega o pendejea a sus amigos y a sus subordinados, recibe los golpes y los insultos de sus cuates y de sus jefes.

¿Cuántos ejemplos quiere que le dé? No le estoy diciendo que esté de acuerdo. Estoy diciendo lo que es.

¡Ahora resulta que somos dignísimos! ¡Ahora resulta que en México todos nos movemos en tono de budismo zen!

Mejor vamos a decirnos la verdad, ¿cuáles son los parámetros de indignación de un pueblo como el nuestro que se molesta mucho ante esta clase de cuestiones pero que defiende con rabia situaciones tan vergonzosas como su derecho a gritar puto en los estadios?

¿Cómo es posible que en este país las multitudes se enojen por una nota como ésta en lugar de enojarse por los verdaderos problemas nacionales?

No es lo mismo que te cachen dándole un manazo a un compañero a que te pesquen robando o matando.

El caso es que ahí estaba yo, insisto, leyendo mensajes, convencido de que me encontraba ante el típico escandalito de internet de toda la vida, cuando ocurrió algo sorprendente:

Apareció otro video del gobernador de Chiapas, pero ofreciéndole una disculpa al señor al que le había dado la cachetada.

Y no solo lo estaba haciendo públicamente, lo estaba haciendo nervioso, consciente de que había cometido un error.

Me fui de espaldas. Jamás en la historia de nuestro país un político le había ofrecido una disculpa a alguien. ¡Jamás!

Se necesita mucho valor, pero sobre todo mucha humildad, para hacer algo así.

Usted podrá estar de acuerdo conmigo o no, pero esto solo lo han hecho los más importantes líderes del mundo y marca un antes y un después.

¿O qué, algún otro gobernante mexicano nos había ofrecido antes una disculpa por alguno de los muchísimos agravios de los que hemos sido víctimas desde hace años? ¿Quién?

Bueno, ya, el colmo, ¿algún protagonista de los ene escándalos que usted y yo hemos presenciado en las redes sociales había hecho algo así? ¡Quién!

¿Sí se da cuenta? Estamos ante algo grande.

Ante algo que va de la capacidad de respuesta de un líder a la figura de un gobernante que sí asume la responsabilidad de sus errores pasando por una escuela política como de Estados Unidos, Europa o Corea del Sur.

Qué pena por los que están tratando de convertir esto en un conflicto político pero yo, que he sido el crítico más rudo de Manuel Velasco, lo único que puedo decir después de esto es: ¡Felicidades!

Hasta que por fin alguien se atrevió a inyectarle un poco de humildad a este país tan enfermo de soberbia. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com