Ojo por ojo

Espiando a Peña Nieto

La gran noticia del año no tiene que ver ni con impuestos ni con reformas ni con todo lo que se está diciendo sobre nuestros políticos, nuestros partidos y nuestra economía.

Tiene que ver con nuestra intimidad y es la bomba que desde hace meses le ha estado dando la vuelta al mundo: el espionaje que Estados Unidos ha hecho tanto de nuestra privacidad como de la privacidad de algunas de las personalidades más poderosas del planeta.

¿Y por qué es la gran noticia del año? Porque representa un escándalo monumental, porque tiene implicaciones de todo tipo, porque nos obliga a reflexionar sobre nuestros derechos más elementales y porque podría ser el origen de algo muy rudo.

¿Qué? Desde una guerra, un nuevo tipo de guerra, hasta un nuevo tipo de conflicto que en cuestión de nada comenzaremos a ver en nuestros bolsillos, en cine, internet y televisión.

Le voy a decir qué es lo que más miedo me está dando de este asunto: la lectura que los ciudadanos comunes y corrientes le estamos dando en la mayoría de nuestras plataformas.

Si nos dicen “el gobierno de Barack Obama espiaba a Felipe Calderón, a Enrique Peña Nieto o, dependiendo del caso, a algún político que nos caiga mal”, saltamos de gusto.

Lo menos que respondemos es “¡Sí! ¡Qué bueno! ¡Lero, lero! ¡Lo estaban espiando! ¡Jajajá! ¡Se lo merece!”.

Pero si, en cambio, nos dicen que estaban espiando a alguna figura política, empresarial o religiosa que nos caiga bien, ahí sí nos enojamos.

¿Y qué es lo que contestamos? Cosas como “¡Qué barbaridad! ¡Cómo es posible! ¡Ya no hay moral! ¡Adónde vamos a llegar! ¡Qué mala onda!”.

Señor, señora, esto no es algo que tenga que ver con nuestras preferencias personales. Es más, ni siquiera es algo que tenga que ver nada más con gente que esté muy arriba en las esferas sociales y, por tanto, lejos de nosotros.

Este conflicto es algo que nos está pegando a todos y si no nos unimos ya, a todos, desde el señor que usted más odie hasta la persona que usted más ame, nos va a ir pésimo.

Yo no sé si usted ya se dio cuenta, pero en este instante, alguien está viendo sus datos.

Y si a usted le da miedo que su dirección caiga en manos de asaltantes, secuestradores y asesinos, imagínese lo que es que sus fotos, las de su
pareja, las de sus hijos, las del resto de su familia, las de sus amigos y
las de sus compañeros de trabajo estén en poder de sus enemigos.

Y no nada más estamos hablando de sus fotos, estamos hablando de su dinero, de sus deudas, de sus propiedades, de la página porno que usted visitó ayer por la noche, de las cosas que compró el año pasado y de los sitios a los que va a escondidas.

A que ahí sí no le da tanto gusto. A que ahí sí la discusión va más allá de la mala onda y la moralidad.

A lo mejor usted no es un presidente, a lo mejor usted no es una figura pública. ¿Pero quién le dice que algún día no lo será?

¿Quién le dice que alguno de sus hijos no lo será o que, por ironías de la vida, algún funcionario, alguna estrella o algún criminal no se cruzó o se cruzará en su camino y que eso desencadenará alguna cosa que sirva a favor o en contra de algo o de alguien dentro de algunos meses, dentro de algunos años?

Para eso sirve el espionaje, no para lo que está pasando ahora, para lo que va a pasar después.

¿Ahora entiende cuando le digo que esta invasión a nuestra privacidad es la noticia del año?

En este momento ya no solo nos tenemos que cuidar de enemil cámaras que nos están grabando por todos lados. Nos tenemos que cuidar de cualquier cosa que digamos a través de cualquier medio de comunicación.

Desde el teléfono fijo hasta el Twitter, pasando por el correo electrónico, el Facebook, el Instagram, el Pinterest y el celular. ¡Es un infierno!

¿Por qué? Porque ya no podemos estar en privado en ninguna parte, porque ya no podemos estar seguros en ningún lado. ¿En quién vamos a confiar? ¿En qué? ¿En qué medio? ¿En qué red?

Y no, la discusión no debe ser que el espionaje es algo normal, ya sea entre enemigos, ya sea entre aliados. ¡No es normal!

La discusión tiene que ser cómo le vamos a hacer para recuperar nuestra intimidad, qué es y qué no es la privacidad en el siglo XXI y qué va a pasar con las personas y las instancias que nos han estado espiando desde hace años.

¿Nada? No por favor. ¡No! ¿O usted qué opina?


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