Ojo por ojo

Colosio y la tv

Jamás la televisión había tenido que lidiar con una información de ese calibre. Era como el asesinato de Kennedy, pero muy a la mexicana.

El día que mataron a Luis Donaldo Colosio fue uno de los más importantes de la historia de la televisión mexicana.

¿Por qué? Porque hubo cosas que quedaron demasiado claras y porque millones de personas nos enteramos, en directo, de todo lo que estaba pasando en Baja California.

Sí, yo sé que para usted, que vive en un mundo de absoluta inmediatez, esto no significa nada, pero para los mexicanos de 1994 era fundamental.

No teníamos redes sociales, no teníamos internet. Había muy pocos celulares.

Todo el poder lo tenía la televisión abierta, una televisión abierta donde ciento por ciento de los contenidos, desde lo que se decía en las telenovelas hasta lo que se presentaba en los noticiarios, tenía que ser autorizado por la Secretaría de Gobernación.

Imagínese, por favor, el shock de estar transmitiendo aquello donde cada palabra podía desencadenar el peor de los infiernos.

Todo era Televisa, Televisa y solamente Televisa. Una muy joven Televisión Azteca estaba haciendo sus pininos, pero a la hora de los acontecimientos fuertes, la única fuente era Jacobo Zabludovsky.

Sí, por ahí vimos a Javier Alatorre realizando su mejor esfuerzo y las propuestas de otros medios públicos, locales y regionales, pero el único director de noticias que tenía gente donde la tenía que tener, en aquel momento, era el titular de 24 Horas.

Yo, esa noche, estaba haciendo mis monitoreos. Eran los tiempos de los últimos capítulos de Más allá del puente y, de repente, Jacobo interrumpió para transmitir.

Los mexicanos de 1994 sabíamos por experiencias previas, como la Guerra del Golfo Pérsico, que cuando Zabludovsky hacía eso, era porque se iba a acabar el mundo, y se acabó.

No sabe usted la tensión. Jacobo estaba en un estudio minúsculo, con una cámara amarrada frente a él y su único recurso era un par de teléfonos fijos.

Desde ahí el señor tenía que coordinar los esfuerzos periodísticos de todos los reporteros de la Televisa de Emilio Azcárraga Milmo, recibir la información y traducírsela al público sin atentar contra ninguno de los intereses de su patrón, autodefinido como “soldado del PRI”.

No había manera de ilustrar aquello porque o era imposible en términos tecnológicos o, si se hacía, se podía mostrar algo indebido.

Si usted revisa los videos, se va a dar cuenta. Zabludovsky está todo el tiempo preguntando por la gente de prensa del PRI, por alguien que dijera lo que él no podía.

Y a la hora de ilustrar pasaba fragmentos del discurso de Colosio en Lomas Taurinas pero, misteriosamente, jamás llegaba al momento del asesinato.

Por los teléfonos de Televisa desfilaron cualquier cantidad de reporteros. Unos decían una cosa. Otros, otra.

El resultado era un caos asqueroso donde primero se hablaba de dos personas que habían disparado, luego de que el candidato, con una bala en la cabeza, estaba muy delicado hasta que Talina Fernández, después de haber donado sangre, habló de muerte cerebral.

Muerte cerebral es muerte cerebral. Zabludovsky no lo podía creer y entre el impacto de haber escuchado semejante atrevimiento y un montón de problemas técnicos, cuestionaba a Talina hasta que le llegó algo.

¿Qué? La notificación de la Presidencia de la República, el permiso para decir, oficialmente, que Luis Donaldo Colosio había muerto.

Ya con la notificación, lo de Talina pasó a segundo plano y Jacobo se soltó elogiando al candidato, hablando de dolor y calificando el asesinato.

Jamás habíamos visto algo así. Jamás la televisión había tenido que lidiar con una información de ese calibre. Era como el asesinato de Kennedy, pero muy a la mexicana.

¿Qué hubiera pasado si Colosio hubiera muerto en estos tiempos de redes sociales, en esta época donde la búsqueda de conspiraciones es un deporte nacional y donde nunca nadie está de acuerdo con nada?

¿Por qué no se estudia el video de aquella noche como se estudia el del terremoto de 1985? ¿Por qué no fue precisamente una cobertura de alto calibre? ¿Por qué se presta para conclusiones no muy positivas?

¿Qué tanto han cambiado los medios tradicionales desde entonces? ¿Sí se siente que hayamos evolucionado en los últimos 20 años o no?

No cabe duda, aquel 23 de marzo de 1994 fue un día importante para bien o para mal de la historia de la televisión de este país. ¿A poco no?

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