Ojo por ojo

Chespirito y el odio

Lo que más me duele de la muerte de Chespirito son todos los comentarios de odio a los que me estoy enfrentando en las redes sociales.

Ataques de gente que lo acusa de ser el responsable de la estupidez de los mexicanos, de promover el bullying, la violencia y la discriminación.

Y esto es nada. ¿Me creería si le dijera que hay personas que están sacando a colación la postura de don Roberto Gómez Bolaños hacia el PAN y hacia situaciones como el aborto para desprestigiarlo?

No, ¿y qué me dice de los especialistas que están aprovechando esto para tratar de perjudicar a Florinda Meza y para lucirse hablando de los supuestos conflictos que hubo entre los actores que tuvieron la oportunidad de trabajar con él?

Las críticas más patéticas son las que están saliendo de los que se sienten cultos, de los que no son capaces de leer un texto completo sin vaciar sus tripas en Twitter, pero que por haber paseado sus ojos por las lecturas de la escuela se sienten intelectuales.

Ya, el colmo, hay personas que están ofendiendo la memoria de Chespirito por promover la música clásica en sus programas.

¿Qué clase de personas somos? ¿En qué clase de país vivimos?

Para todo hay un momento y éste no es ni el de evaluar el nivel académico de la nación ni el de inventar chistes que involucren a este gran genio con nuestros políticos ni el de destacar lo malo.

La muerte de Chespirito tiene que ser un punto de unión para los mexicanos.

A lo mejor a usted le gustaban sus programas. A lo mejor, no. Probablemente ni siquiera los vio cuando se estrenaron. ¿Pero qué tiene que ver una cosa con la otra?

A mí se me cae la cara de vergüenza porque mientras en otras partes del mundo los gobiernos están pidiendo un minuto de silencio para honrar a Chespirito, aquí le tiramos mierda al único hombre que ha sido capaz de hacer crítica social a través de la comedia en la más cerrada de nuestra industrias culturales.

A ver, ¿cuántos otros talentos mexicanos han conseguido la mitad de las cosas que Chespirito consiguió en vida?

¿Qué otros creadores de contenidos fueron capaces, en su momento, de ponérsele al tú por tú a Emilio Azcárraga Milmo y de grabar bajo sus propias condiciones?

¿Qué otros comediantes han construido universos tan complejos sobreviviendo a la censura como él?

Dígame, ¿quién más ha tenido el valor de convertir en comedia nuestras más dolorosas carencias como el autor de El Chavo y El Chapulín Colorado? ¡¿Quién?!

Roberto Gómez Bolaños era nuestro Moliére y es lamentable que mientras que en otros países hay libros que analizan su obra y universidades donde se estudian sus programas, aquí le tengamos miedo.

Porque, no nos hagamos tontos, Chespirito nos da miedo, nos da miedo porque nos dice cosas de nosotros que no nos gustan, que no queremos ver, que quisiéramos que no fueran ciertas.

Como nuestro profundo clasismo, como nuestra indiferencia hacia la miseria que nos rodea, como el abandono en que tenemos a nuestros niños, como el odio con el que tratamos al diferente, como el universo de máscaras y apariencias en el que nos movemos.

Y nos las dice con una escandalosa claridad, y nos las dice haciendo que nos riamos.

Toda esta campaña de odio que veo en tantos lados, especialmente en las redes sociales, me confirma que Roberto Gómez Bolaños era verdaderamente grande.

Porque solo los grandes consiguen afectar a tantas personas. Y si no me cree, échese un clavado por la historia y vea cómo muchos de los más importantes artistas de todos los tiempos han sido personas tan atacadas como él.

Para entender a Chespirito hay que conocer su vida y su obra,
hay que entender el contexto histórico, creativo, tecnológico y social en el que se movió.

Don Roberto batalló mucho, recibió castigos por parte de Televisa, pero nunca se rindió.

Y, lo más hermoso, jamás dejó ni de crear ni de atender a su público en toda América Latina y en una época donde ni siquiera existían las palabras globalización e internet.

Qué dolor, de veras, ver todo este odio, toda esta confusión, todo este caos.

Definitivamente nos merecemos el país que tenemos y por eso hoy no hay alguien ni ligeramente parecido a don Roberto en la industria de la televisión mexicana. Es más, ni comedia tenemos.

Gocen, intelectuales. Eso es lo que querían, ¿no?

¡atrévase a opinar!

 

alvarocueva@milenio.com