Ojo por ojo

Ahí viene el papa

Llevo varias semanas leyendo cualquier cantidad de insultos para el papa Francisco en las redes sociales.

Cada quien está en su derecho de pensar y de sentir lo que quiera, pero aquí hay un asunto que no me deja de llamar la atención: nuestra polarización.

A lo mejor cuando yo era niño la gente vivía reprimida, pero no recuerdo que jamás alguien se hubiera atrevido a cuestionar alguna de las visitas de Juan Pablo II.

Ni siquiera la primera que tuvo importantísimas lecturas políticas como la frialdad con la que José López Portillo recibió al sumo pontífice.

Creo que esto ya es un juego de oposiciones. Si algo pasa y alguien no está de acuerdo, no basta con asumirlo, hay que exponerlo, hacer show y, lo más delicado, molestar a los que no estén del mismo lado.

¿Por qué si usted odia a la Iglesia católica tiene que intervenir en las publicaciones eufóricas de sus contactos de Facebook y ponerles alguna grosería?

Se supone que son amigos, ¿no? Y uno acepta a sus amigos con sus defectos, sus virtudes, sus diferencias y sus similitudes, ¿o me equivoco? ¿Entonces?

Hay muchas personas que se quejan de que las redes están manipuladas por no sé cuántas instancias macabras que quieren distraer y que les quieren lavar el cerebro a las inocentes multitudes mexicanas.

Pero tanto manipula, distrae y lava el cerebro el que está del lado de los poderosos como el que está del lado de los que no lo son.

Y, perdón, pero yo siento una intención mucho más marcada por imponer ideas por parte de los opositores al sistema que por nuestros políticos, empresarios y sacerdotes.

A mí me interesa mucho la visita del papa Francisco a nuestro país porque, más allá de cualquier cuestión religiosa, este señor trae un discurso muy interesante que ha sido capaz de sacudir a entidades otrora intocables, como el Congreso de Estados Unidos.

De ninguna manera me va a ofender si dice algo lindo o algo terrible de nosotros. Y si no lo dice, me da igual.

La visita de un personaje de esta naturaleza puede servir para poner muchos temas en la mesa y uno de los más importantes tiene que ver con el respeto y la tolerancia.

Si los enemigos de su santidad exigen eso, tendrán que ser los primeros en poner el ejemplo, en escuchar antes de atacar.

Por favor, no nos hagamos los sorprendidos con las manifestaciones de júbilo de algunas personas, con las coberturas excesivas de algunos medios de comunicación, con las canciones interpretadas por algunas estrellas, con los gastos ni con la logística que una visita de este tamaño representa.

Desde 1979 hemos visto esto y más, yo diría que mucho más. Ninguna videoteca me dejará mentir.

Tenemos desde carreteras saturadas de peregrinos hasta colecciones de discos y casetes pasando por carteleras, monumentos y estadios saturados.

¿Y quién se quejó? ¿Dónde estuvieron las mentes que hoy se nombran pensantes? ¿Dónde estuvo la oposición?

¿Por qué lo que antes nos unía hoy nos tiene que separar? ¿Y qué es lo que sí nos va a unir si no esto? ¿Existe algo que hoy sea capaz de unir a esta sociedad dividida que, además, se regodea en su polarización?

Llevo varias semanas leyendo cualquier cantidad de insultos para el papa Francisco en las redes sociales.

Pero él, sus sacerdotes y sus fieles, salvo dos o tres memes bastante ridículos que pudieron haber subido sus mismos opositores para desatar algo, no han publicado ninguno.

¿Entonces por qué, mejor, no nos dejamos de pelear?


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