El pozo de los deseos reprimidos

"La voz… México" y lo perfecto

Todos tenemos sueños en la vida. El mío es ir a un Victoria’s Secret Fashion Show.

Le voy a explicar. Gracias a Dios, por mi trabajo, he tenido oportunidad de ir a cualquier cantidad de eventos internacionales, desde los más glamorosos hasta los más sencillos.

Pero jamás me han invitado a un Victoria’s Secret Fashion Show y muero por ir.

¿Por qué? Porque tal y como se lo he dicho desde hace muchos años, se me hace el evento más perfecto que existe en toda la industria del entretenimiento a escala mundial.

Más que el Oscar, más que los Emmys, más que el Grammy, más que cualquier premiación, foro o simposio.

¿En dónde radica esa perfección? En la combinación de elementos.

The Victoria’s Secret Fashion Show es una fiesta que mezcla, como ninguna otra, moda, belleza, erotismo, glamur, música, imágenes, fama, dinero, televisión y poder de convocatoria.

Hay que estar ahí. Punto. Y el cupo es muy, pero muy limitado.

En el remoto caso de que usted no sepa qué es esto, estamos hablando de la presentación de la línea de lencería más maravillosa del planeta, pero elevada a la ene potencia.

Vemos a algunas de las modelos más espectaculares de la industria desfilando en ropa interior, pero arregladas como las diosas más diosas de todas las diosas.

Y mientras las vemos, algunas de las estrellas más famosas del mundo, las verdaderamente grandes, les cantan, les bailan e interactúan con ellas frente a un público de personalidades políticas, deportivas y del mundo del espectáculo.

El resultado es el derroche del derroche y, lo más admirable, una fantástica traducción al lenguaje de la televisión del siglo XXI.

Premiaciones, concursos de belleza y desfiles de modas, hay muchos, pero The Victoria’s Secret Fashion Show solo hay uno. Ni cómo imitarlo.

¿Por qué le estoy contando esto? Porque este fin de semana se va a estrenar la edición 2013 de esta joya y entre las posadas, las compras, los paseos y la pésima programación del canal que lo va a transmitir, yo tengo miedo de que usted se lo vaya a perder.

Por lo que más quiera en la vida, luche con uñas y dientes por sintonizar este evento este domingo 22 de diciembre.

Si usted tiene alta definición, que es lo más recomendable, lo va a poder sintonizar a las 21:50 por el canal TNT HD.

Si no, va a tener que esperar hasta las 00:25 del lunes 23 de diciembre para disfrutarlo en TNT.

Obvio, este último horario es poco menos que la cúspide de lo infame, por eso le digo que este evento, a pesar de que es garantía de rating y ventas, está pésimamente programado, pero vale la pena. Allá nos vemos.

Cambiando un poco de tema, y sin salir de los eventos especiales, fíjese que muchas personas muy amables me han estado escribiendo para pedirme que les hable de la final de la más reciente temporada de La voz... México.

Yo, la verdad, no lo quería hacer porque este título, a diferencia de otros, tiene el mega-respaldo corporativo de Televisa y ahí sí no hay medio que no le haga ruido.

La voz... México en los programas de tele, La voz... México en los programas de radio, en los periódicos, en las revistas, en las redes sociales.

En cambio, otras producciones, algunas de ellas buenísimas, incluso de esa misma empresa, jamás reciben ni una sola mención en ningún lado. Es injusto.

Pero como aquí el que manda es usted le voy a dar mis conclusiones:

La voz... México es el más grande reality show musical de nuestro país, un espectáculo digno, positivo, familiar y luminoso hecho con toda la mano.

Jacqueline Bracamontes es un ángel de la conducción. Lidia Ávila, un encanto.

¿Y qué me dice de Alejandra Guzmán, El Buki, David Bisbal y de Wisin & Yandel? ¡Fantásticos! Por su relevancia, por lo que hicieron, por sus aportaciones.

¿Cuál es la nota de la final de este gran concepto? Yo diría que tres cosas:

La primera, que a diferencia de La isla o de otros proyectos que no supieron enfrentar los imprevistos que se fueron presentando, La voz... México fluyó rico, sabroso y sin ningún conflicto ético. ¡Felicidades!

La segunda, que poco a poco se está volviendo preocupante que todos los ganadores de este espectáculo, en este caso Marcos del equipo de El Buki, siempre sean de un mismo perfil.

Va a llegar un momento en que La voz... México se convierta en algo predecible, en el refugio de un solo tipo de participantes. Esto no va a ser nada bueno. Cuidado.

Y, tercero, que conforme pasa el tiempo, más se va notando que los ganadores de esta emisión no construyen carreras hiper-exitosas como las de sus coaches.

A mí no me preocupan los temas de color como el embarazo de las conductoras de este título.

Me preocupa el futuro de La voz... porque si se comienza a desdibujar de una o de otra manera, México entero perdería algo.

Qué reto, qué gran reto para el próximo año. ¿A poco no?  

alvaro.cueva@milenio.com