El pozo de los deseos reprimidos

El viejo "Hoy"

En las últimas semanas vi cualquier cantidad de programas especiales, pero ninguno tan terrible como la despedida de Hoy, del viernes pasado.

¿Por qué? Porque Hoy no se fue, solo cambió de administración, y porque los responsables de ese concepto realizaron una transmisión como si de veras se fuera a acabar el mundo, como si en verdad hubieran cambiado la historia de la televisión mexicana, como si Carla Estrada fuera el papa Francisco.

¡Cuidado! En algún lugar de esta industria deben caber la cordura, la humildad y la autocrítica.

Hoy fue, es y seguirá siendo un programa de catálogo, ni siquiera de revista, un espacio de relleno para poner a quien se deje a vender lo que se pueda durante muchas horas, para no meter ahí películas viejas o repeticiones de telenovelas.

No es ningún honor bailotear, chismear ni presentar videos de YouTube para comercializar fajas y sartenes. No se necesita talento para eso.

Cualquier productor de cuarta con dos modelos decadentes lo puede hacer en cualquier canal de rancho.

El gran problema del viejo Hoy es el mismo de toda la industria de la televisión mexicana: la soberbia.

¿Por qué nadie le dice a estos señores que su programa era pésimo? ¿Por qué le tienen miedo a la verdad? ¿Por qué no están dispuestos a asumir sus fracasos?

Si esa versión de Hoy hubiera sido un éxito, Televisa la hubiera sostenido ahí durante décadas como lo ha hecho con El noticiero con Lolita Ayala. ¡Ni que fuera tonta!

Y si la señora Estrada necesitaba tiempo para producir su serie sobre la vida de Joan Sebastian, le hubiera hecho como cualquier productor de televisión de México y del mundo: trabajando simultáneamente Hoy y otros 90 títulos.

¡Ahora resulta que doña Carla necesita tiempo para concentrarse!

¿Cuándo escuchó usted que Jacobo Zabludovsky, Raúl Velasco, Ernesto Alonso o Valentín Pimstein necesitaran tiempo para hacer una sola cosa?

¿Cuándo ha escuchado usted a José Ramón Fernández o a Pati Chapoy quejándose porque no tienen tiempo para trabajar?

¿Cuándo ha visto que Steven Spielberg, J.J. Abrams o Ryan Murphy tengan que hacer una sola cosa a la vez porque si no, no les sale bien? ¡¿Cuándo?!

Entre este ejercicio de negación y los desplantes de Laura Bozzo para no reconocer que le cancelaron su talk show, la única diferencia es el horario.

Siento como si estuviera hablando de diputados, senadores y gobernadores, y no de productores y conductores.

Medio puedo entender que la prensa y que la ciudadanía traten con pinzas a los políticos por todo lo que representan, pero que hagan lo mismo con la gente de la televisión se me hace aberrante.

Si usted está dispuesto a postrarse ante una productora que tentaba a la autoridad sacando al aire algo que antes era penado por la ley como la lectura de cartas, que a todas luces representa un acto de promoción de la ignorancia, usted tiene un problema.

Si usted está dispuesto a arrodillarse ante unos conductores que dicen las barbaridades que dicen Shanik Berman y Juan José Origel o a tratar como máximas luminarias a un puñado de actores a los que nadie llama para actuar, usted tiene el país que se merece.

Acuérdese de esto la próxima vez que exija que lo traten con respeto en su casa, en su escuela o en su trabajo. Es delicadísimo.

Ojo, no estoy diciendo que gente como Andrea Legarreta, Galilea Montijo o Raúl Araiza no tengan talento.

Estoy diciendo que en este negocio ya perdimos toda proporción, que estamos celebrando asuntos que en cualquier país civilizado serían motivo de rechazo y que estamos creando modelos aspiracionales que van de lo enfermo a lo perverso.

Un programa matutino de catálogo no es una telenovela nocturna de 1989. No merece un homenaje en vida.

El fin de la administración de un show de televisión no es un cambio de sexenio. No amerita explicaciones, agradecimientos, besamanos ni todo lo que vimos el viernes pasado en Hoy.

Y menos cuando para todos los que veíamos esa propuesta era más que obvio que aquello ya no tenía futuro, que los conductores no se soportaban, que los únicos contenidos que valían la pena eran los que se importaban de Noticieros Televisa y de Televisa Espectáculos.

¡¿Y luego para qué?! Para que sus talentos o no los pelaran o los aprovecharan para su lucimiento personal, para hacerse los chistocitos o para improvisar el primer comentario bobo que se les ocurriera.

Así no se puede trabajar. México necesita más y mejores programas de catálogo, espacios que entiendan que ya no vivimos en 1996, que tengan la humildad para aceptar las críticas y la disposición para trabajar para el público.

En las últimas semanas vi cualquier cantidad de programas especiales pero ninguno tan terrible como la despedida de Hoy del viernes pasado.

Fue tan sintomático, tan obvio, tan descarado. ¿O usted qué opina?

@AlvaroCueva