El pozo de los deseos reprimidos

¡No se vale!

Siempre que llegan estos días, me gusta sintonizar Conaculta Canal 22.

¿Por qué? Porque es la única señal, de todo México, que se entrega en cuerpo y alma a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), uno de los eventos más importantes no solo de México, sino de todo el mundo.

Sí, yo sé que muchos canales inteligentes privados van y cubren, pero lo del 22 es diferente.

Ellos están ahí por vocación, porque son el único canal de televisión 100 por ciento cultural de todo México, porque son una estación pública y, lo más importante, porque nadie tiene más experiencia en estos menesteres que sus comunicadores.

Obviamente, los presupuestos no son los óptimos y siempre hay cosas que se pueden mejorar, pero los señores del 22, a pesar de cualquier carencia, lo hacen con entusiasmo.

Usted los mira y se puede sentir ahí pero, además, se contagia de su felicidad, de su amor por los libros, de sus ganas de hacer un buen trabajo.

Yo le suplico que haga un esfuerzo y luche con todas sus fuerzas por pasearse por los diferentes rincones de la parrilla de programación de Conaculta Canal 22 para que viva la FIL 2014.

¿Por qué se lo digo así, sin especificar puntos ni horarios? Porque la programación del 22 es un caos.

Se ubique usted en el sistema de televisión de paga en que se ubique, los horarios casi nunca coinciden con lo que se transmite y si se mete a su página de internet le va a ir peor.

No hay manera de entender aquello entre sus múltiples señales. Y luego unos programas tienen micrositios y otros no, y uno jamás entiende por qué.

En este negocio no basta con hacer buena televisión, hay que saber anunciársela a la gente y compartirla con la prensa, y ahí la gente del canal del Conaculta está perdida.

Como que son personas que trabajan para sus jefes, para la burocracia federal o para ellos mismos, por eso los tengo que regañar.

No se vale hacer eso en un país tan necesitado de televisión cultural como el nuestro.

El otro día, por accidente, me encontré con un programa verdaderamente fantástico y me dio un coraje igual o peor al que puedo sentir cuando veo las peores porquerías de la televisión privada.

¿Le digo la razón? Porque jamás lo anunciaron o, si lo anunciaron, no lo anunciaron con la euforia con la que luego anuncian las series españolas o las películas para adultos.

¡No se vale! ¡Y luego era una producción propia! Cuando se habla de proyectos hechos en casa, se habla con más amor, con más ganas.

Bueno, en el 22, al parecer, es todo lo contrario. Si son títulos propios, que no los vea nadie. ¡No, por favor! ¡Qué vergüenza!

¿Y de qué programa le estoy hablando? De La raíz doble que pasa los jueves a las 20:30, horas y que por más que le busqué, no tiene retransmisión ni micrositio, ni ruido en internet ni nada.

Es más, ni siquiera existe en la página del 22 en la sección de temas.

O sea, lo odian y no quisiera pensar que es por una cuestión política, de racismo o clasismo, porque entonces sí mañana voy y convoco a los anarquistas para que pongan a esos ejecutivos en su lugar.

La raíz doble es algo así como la continuación de aquella maravilla titulada De raíz luna, que en su momento fue y sigue siendo el único programa de televisión indigenista de este país, donde, paradójicamente, abundan las comunidades indígenas.

¿Y de qué trata La raíz doble? De algo que le va a encantar, aunque usted no se considere indígena, aunque a usted no le interese el tema y aunque usted ande en otros asuntos más cosmopolitas.

Es sobre la relación que hay entre el México indígena de hoy y las más modernas manifestaciones musicales de todo el planeta. ¡Es una locura!

En La raíz doble usted va a ver a hombres y mujeres de lugares como San Juan Chamula, en Chiapas, haciendo hip hop. ¡Y lo hacen en tzotzil! ¡Y lo hacen increíble! ¡Y suena fabuloso!

Por si todo esto que le acabo de decir no fuera suficiente, sus letras son un guamazo al cerebro, porque van directo a la crítica social y porque dicen las cosas que las canciones que se oyen en la radio jamás dirían.

La raíz doble es una obra maestra más de Mardonio Carballo, una de las mentes más libre y valientes de nuestro país, el hombre que más ha hecho por nuestros pueblos originales en los medios tradicionales de comunicación.

Esto es tan bueno por lo que dice y por la magnífica producción como de serie documental con la que está hecho, que el resultado es poco menos que un poema. 

¿Y dónde está la publicidad? ¿Y dónde está la gira promocional de Mardonio por los diferentes periódicos, revistas y estaciones de radio de México?

¿Ahora me entiende? Siempre que llegan estos días, me gusta sintonizar Conaculta Canal 22.

Ojalá que lo pudiera sintonizar más seguido y en orden.

¿O usted qué opina? Y mientras opina, apunte en su agenda La raíz doble.

Le va a encantar.

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