El pozo de los deseos reprimidos

¿Quién va a ganar?

Cada vez falta menos para la 66 entrega del Emmy y no sé usted, pero yo estoy emocionadísimo.

¿Por qué? Porque estoy convencido de que estos van a ser los mejores Emmys de todos los tiempos.

¿En qué me baso para decirle esto? En lo que se desprende nada más de la parte de las puras nominaciones.

Es tanta y tan buena la televisión que se está haciendo en este momento para el horario estelar de las pantallas de Estados Unidos que por primera vez en la historia, en lugar de tener cinco nominados por categoría, tenemos seis.

Esto multiplica las posibilidades, los reconocimientos, los mensajes y las emociones.

Y es que hay algo que no debemos olvidar: el Emmy es nuestro.

¿A qué me refiero con esto?

A que si consideramos que la mayoría de los programas que están nominados se transmiten en México y en toda América Latina casi al mismo tiempo, por no decir que simultáneamente, que en Estados Unidos, entonces ya no estamos hablando de una ceremonia lejana elaborada con un montón de títulos desconocidos por las multitudes.

No, ahora, gracias al perfeccionamiento de los mecanismos de distribución de contenidos entre Estados Unidos y nuestra región del continente, tan importante es el Emmy para un espectador de Los Ángeles, Nueva York o Miami como lo es para un televidente de Monterrey, Guadalajara o Toluca.

Por esa cada vez hay más gente emocionada con esto.

Y cómo no nos vamos a emocionar, si el Emmy es un premio de verdad, confiable, creíble, que sí cambia carreras, que sí cambia vidas.

Quiero que se ponga a pensar, por favor, en las listas de nominados.

Tomemos, por ejemplo, a los títulos que están compitiendo en la categoría de Mejor Serie Dramática.

¿Quiénes son? Breaking Bad, Game of Thrones, Mad Men, Downton Abbey, House of Cards y True Detective.

A ver, ¿usted a quién le daría el premio? ¿Por qué?

Ni modo de decir que  Game of Thrones es superior a House of Cards. Ni modo de decir que True Detective es inferior a Mad Men.

Tome usted la serie que quiera. Estamos hablando de puras obras maestras, y cada una de ellas apela por un género, por un tono y por un público completamente diferente.

Nada qué ver entre la profundidad política de House of Cards y la exquisitez estética de Downton Abbey. Nada que ver entre el universo fantástico de Game of Thrones y el hiperrealismo sublime de True Detective.

¿Y qué me dice del contraste entre Mad Men y Breaking Bad? No hay manera ni de vincularlas, ni de no ponerse de pie ante ellas.

Además, dese cuenta de los mensajes que la Academia de Artes y Ciencias de la Televisión nos está mandando. 

Nada más en esta categoría, nada más en esta pequeñísima lista de emisiones, tenemos lo viejo y lo nuevo, un superclásico que se va como Breaking Bad coexistiendo con una joya que se acaba de estrenar como True Detective.

Nada más en esta categoría, insisto, tenemos títulos que usted, millones de personas y yo hemos gozado por televisión tradicional como Mad Men (que también se está despidiendo) coexistiendo con proyectos que nos han llegado por otras plataformas, como los mecanismos de distribución de contenidos en línea, tipo House of Cards.

E, igual, tenemos producciones de la televisión privada como Game of Thrones compitiendo contra títulos de la televisión pública como Downton Abbey.

Y a ver, ¿a quién le daría usted la estatuilla? ¿A lo viejo o a lo nuevo, a la televisión de siempre o a la televisión de ahora, a la televisión privada o a la televisión pública?

Sí está de pensarse, porque aquí, gane quien gane, habrá un mensaje que dará mucho que hablar sobre todo entre este nuevo público que goza y ama la televisión y que todo el tiempo está participando con sus comentarios a través de las redes sociales.

Por eso va a ser muy importante que esa noche, además de sintonizar la ceremonia, nos metamos a Twitter y Facebook para opinar e intercambiar comentarios con los fanáticos, tanto de Estados Unidos como de naciones como Argentina, Chile y Panamá.

Luego, si usted me lo permite, me gustaría profundizar en otras cuestiones vinculadas al Emmy, porque esto da para mucho, desde las otras nominaciones hasta lo que está pasando con las categorías, los géneros y los formatos.

Hoy, lo que quiero es que usted se dé cuenta de la profunda riqueza que hay detrás de este premio, de lo afortunado que es tener acceso a él y a sus nominados, que se sienta feliz con la cantidad y calidad de buena televisión que hay en nuestras pantallas y que se vaya preparando.

¿Para qué? Para vivir los mejores Emmys de todos tiempos. Váyalo apuntando desde ahora. La cita va a ser el lunes 25 de agosto por Warner Channel con mucho, pero mucho movimiento, a través de las redes sociales (#EmmysPorWarner).

Esto le va a gustar, lo va a emocionar y lo va a poner a pensar. ¿A poco no?  

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