El pozo de los deseos reprimidos

"Todo o nada"

Todo vuelve: la música, las películas, las telenovelas, pero había algo que se había quedado en el congelador.

¿Qué? Los programas de concursos, pero los programas de concursos no como los conocemos ahora, tipo Elrival más débil o Un minuto para ganar.

No, faltaba que regresaran los programas de concursos a la antigüita, hechos por y para la televisión abierta, como los que conducían Paco Stanley, Kippy Casado y Luis Manuel Pelayo.

Por eso estoy más que fascinado con Todo o nada, de Trece, porque es exactamente eso, volver al origen de una de las manifestaciones más entrañables de la industria de la televisión nacional e internacional.

Aquí no se trata de arriesgar la vida o de recibir humillaciones, se trata de jugar como se juega en las fiestas de la familia, en las pachangas del barrio, en las reuniones con los amigos.

¿A qué? A puras cosas simples como aventar un objeto por una rampa para ver si se detiene en un punto en específico o atinarle a una cerradura con los ojos cerrados.

Pero el resultado es divertidísimo, porque como nadie anda en pose, como lo único que todo el mundo quiere ahí es pasársela bien, todos acaban ahogados de la risa.

Me encanta Todo o nada, porque para sus responsables hubiera sido muy fácil convertir aquello en una experiencia monstruosa con personajes decadentes, albures y mujeres con poca ropa.

Pero no, es un título especialmente diseñado para la televisión abierta nacional, pero con clase, con mucho cuidado en los detalles, con un franco espíritu familiar.

En el remoto caso de que usted no lo esté viendo. ¿Qué es? ¿Cómo es? ¿Quién lo conduce?

Todo o nada es un programa de concursos que se hace en un estudio de televisión donde va mucha gente.

Hombres y mujeres de todas las edades que se forman hasta que les toca el turno de participar en alguna dinámica de corte popular en donde se pueden llevar diferentes premios.

¿Qué clase de premios? Televisores, tabletas, motos, automóviles.

Como hay muchas personas participando y hay muchos juegos, el resultado es superdinámico.

Lo más bonito de todo es que uno, en casa, se la pasa muy bien mirando aquello e invariablemente se involucra.

No sé si a usted le haya pasado lo mismo que a mí, pero ver Todo o nada con niños puede ser una de las experiencias más gratas de la temporada.

Los chiquitos gritan, brincan, se emocionan. Es para ellos, y para los abuelitos, y para los papás, y para todos.

La conducción corre a cargo de Mauricio Barcelata y, créame, el señor lo hace estupendamente bien.

Mauricio tiene una vena para contactarse con el público muy especial y se nota que goza lo que hace. 

Y es que tener a cargo la conducción de un programa de este tipo, que dura una hora, y que se transmite todos los días, no debe ser nada fácil.

Mauricio lo hace fácil, chistoso, entrañable. Y no está actuando, tiene su propio estilo y algo que ya no es común cuando hablamos de presentadores de esta clase de proyectos: la capacidad para resolver imprevistos.

Si Azteca cuida este programa, se podría convertir en un clásico de la televisión mexicana como En familia conChabelo. De ese tamaño de título estamos hablando.

Y es que lo que usted y yo estamos viendo cuando sintonizamos Todo o nada es apenas el comienzo de algo muy poderoso.

Imagínese usted lo que va a pasar ahí cuando los anunciantes detecten que se trata de una producción propia sana, positiva y capaz de satisfacer tanto al rico como al pobre.

Póngase a pensar nada más en lo que va a suceder ahí cuando las marcas le quieran poner su nombre a cada uno de los juegos, cuando los grandes patrocinadores se apropien de esa plataforma.

Todo o nada va a ser un cañonazo, y se lo van a pelear para llevárselo de gira, para sacarlo a las calles de la Ciudad de México, para llevarlo a los diferentes estados de la República como ¿Sabes quién sabe? Ve tú a saber.

Sí es muy interesante lo que está pasando aquí. Primero, desde la perspectiva de canal. Después, desde la perspectiva mediática. Y, por último, desde el punto de vista social.

Todo o nada es infinitamente mejor que cualquier cosa que Trece haya tenido en ese horario en los últimos años.

Estamos hablando de un proyecto que recupera un tipo de televisión que, entre tanta innovación y entre tanta bronca, se nos estaba olvidando.

Y algo nos dice de México y del mundo, porque esta necesidad de volver al origen no es exclusiva de nuestro país, es mundial.

¿Qué estará pasando en nuestro sistema nervioso que justo hoy que tenemos tantas cosas para divertirnos, cuando hablamos de televisión abierta, preferimos refugiarnos en las cosas más sencillas?

¿En qué momento lo retro se volvió fresco? ¿Qué sigue ahora? ¿Qué?

Luche por ver Todo o nada de lunes a viernes a las 19:00 por Trece. Si lo suyo es la televisión abierta, le va a gustar. De veras que sí.

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