El pozo de los deseos reprimidos

No es televisión, es un parque de diversiones

Las cosas buenas, las normales, nunca son noticia. A pesar de que la doble moral mexicana se ha esforzado en llenar noticiarios, programas de entretenimiento y hasta en crear series alrededor de lo positivo, esto nunca funciona.

¿Por qué? Porque no es periodístico, porque no es dramático, porque para que esto se mueva se necesita un conflicto y no lo digo yo, está en los libros, se estudia en las universidades.

Y no porque el motor de la información y de la diversión de las multitudes en México y en el mundo entero sea el conflicto, la gente se va a volver mala, asesina o ladrona.

¡Ya basta de colgarle milagritos morales de los medios de comunicación! ¡Ya basta de frenar a la industria obligándola a ser lo que no puede ser!

¿A razón de qué le estoy comentando todo esto? A razón de algo que me causa mucha angustia: Warner Channel.

La hemeroteca no me dejará mentir, casi nunca escribo de este importantísimo canal de televisión de paga.

La razón es muy simple: ahí casi nunca pasa algo malo. Todo es bueno, todo funciona, todo es limpio, bonito, normal.

¿Y? ¿Cuál es el problema? ¿Por qué la angustia? Porque Warner Channel está celebrando 20 años en México y en toda nuestra región del continente, y no tengo ninguna queja como para dedicarle una columna.

Al contrario, yo quiero darle las gracias públicamente a esta frecuencia por todo lo que nos ha dado desde 1995.

Yo no sé si usted lo alcance a apreciar, pero los televidentes de hueso colorado estamos en deuda con Warner.

Estos señores, a diferencia de otros, nos han dado magníficos momentos de entretenimiento desde que comenzaron a transmitir.

Pero han sido momentos sanos, de una diversión muy blanca, muy familiar, incluso cuando hablamos de contenidos de acción y de suspenso.

Warner Channel es para el México de hoy lo que Canal 5 para el público de los años 70, la gran opción artística y comercial para ver magníficos contenidos internacionales y para hacer espléndidos negocios.

Acuérdese. Todo tenemos un momento Warner en nuestra vida. A lo mejor fue con una caricatura, con alguna comedia, con alguna película o con alguna serie de aventuras, romance o ciencia ficción.

¿Cuál ha sido el suyo? ¿Acaso fue con Friends? ¿Con los Tiny Toons? ¿Con The Ellen DeGeneres Show? Yo tuve varios con Two and a Half Men.

Celebrar el aniversario de un canal de televisión, a menos que se trate de algo cercano a la quiebra, pocas veces tiene un valor periodístico.

Considerando el peculiar estado de la industria de la televisión nacional y la revolución tecnológica que miles de personas están experimentando en sus hábitos y costumbres a la hora de consumir contenidos audiovisuales, yo quisiera partir de aquí para hacer una reflexión.

¿Cuál? Que aprendamos de Warner Channel, que estudiemos su historia, que entendamos por qué tiene éxito y lo apliquemos a nuestras pantallas y, ¿por qué no?, a nuestra vida cotidiana.

Warner es Warner, porque jamás ha traicionado el espíritu ligero de la primera televisión.

A sus ejecutivos jamás les ha dado por jugar a los intelectuales, a los premium, a los sensacionalistas, a los sanguinarios, a los narcopromotores o a los independientes.

Ellos, en las últimas dos décadas, siempre han hecho lo que la televisión hizo cuando fue inventada: entretener.

Pero entretener bonito, haciendo que las familias se olviden de sus penas, que se relajen, que sueñen, que se transporten a otras realidades.

Alguna vez lo dije y lo sostengo: Warner no es un canal de televisión, es un parque de diversiones.

Y así como usted va a la feria y pasa de la casa de la risa a la mansión embrujada y de la montaña rusa a los algodones de azúcar, aquí pasa de The Flash a E.R. y de The Middle a las películas de Will Smith.

Amo Warner Channel, porque sé que si lo sintonizo, me la voy a pasar bien.

Compare usted esta historia con la de otras frecuencias abiertas y de paga que comenzaron de una forma y que ahora tienen una programación tan rara que no hay manera de definir su identidad.

¡Compare! Warner es el punto de partida, una cátedra de lo que es y debe ser una marca.

Ojalá que algún día tenga tiempo de profundizar en los últimos lanzamientos de esta señal, porque todos, absolutamente todos, son geniales dentro de este esquema de vamos a reír, a suspirar y a emocionarnos sin mayores complicaciones.

Adoré lo nuevo de The Big Bang Theory y su espíritu matrimonial, aluciné con la nueva temporada de Gotham y sus villanos.

Levité con el rollo enigmático de Blindspot, con los tatuajes de su protagonista y el asunto de la amnesia provocada, ¡y lo que me falta! ¡Lo que nos falta!

¡Feliz 20º aniversario, Warner Channel! ¡Gracias por iluminar nuestra vida a lo largo de estas últimas dos décadas! Sabes que te quiero. ¡Nunca cambies! Por favor, nunca cambies. Te necesitamos. ¿O usted qué opina?


alvaro.cueva@milenio.com