El pozo de los deseos reprimidos

¡Atrapen al comunista!

La nota es ésta: a partir de hoy usted puede ver Neruda, la miniserie, con Gael García Bernal.

¿Dónde? En el canal FOX Series, a la medianoche, a un ritmo de un capítulo por semana.

Pero, además, a todas horas y en todos los lugares a través de la app de Fox con un beneficio adicional:

Ahí usted no va a tener que esperar varias semanas para disfrutar de esta maravilla de la televisión latinoamericana.

Todos los capítulos están disponibles ya para quienes gozan de este extraordinario sistema de distribución de contenidos en línea.

Pida información con su proveedor de cable o de antena directa al hogar, o en las páginas de internet correspondientes. Vale la pena.

Neruda, la miniserie es algo así como la edición especial para televisión de Neruda, la obra maestra de Pablo Larraín que conmovió a la crítica cinematográfica internacional.

Es bellísima, primorosa, emocionante, exquisita, seductora, inteligente. Es arte.

Si usted quiere arte, ya lo encontró. Luego no venga y me diga que no se lo dije a tiempo.

Como mexicano, como latinoamericano pero, sobre todo, como ser humano, le recomiendo que vea inmediatamente este título.

Si usted es público de la televisión premium, de las películas que van a los festivales, de lo mejor del cine independiente o de las muestras y foros de los mejores centros culturales de nuestro país, la va a amar.

Si no, de cualquier manera trate de verla. A veces el alma necesita algo más y Neruda está que ni mandada a hacer para sacudir nuestro espíritu.

Ya le di la nota. Ahora le voy a contar una historia, mi historia.

Toda mi vida he estado enamorado de la televisión. Toda. Pero también he amado otras manifestaciones del arte y del espectáculo como el cine y la literatura.

Jamás he tenido el más mínimo conflicto por adorar, con la misma fuerza, propuestas tan opuestas como el cine de Rainer Werner Fassbinder y las telenovelas de Valentín Pimstein. Jamás.

¡Soy todo un caso!

En 1984, cuando tenía 16 años, viajé de Monterrey a Ciudad de México a escondidas, en camión, solo para ver en el cine Latino Fanny y Alexander, la obra cumbre del cineasta sueco Ingmar Bergman.

Obviamente la disfruté como un auténtico depravado, pero hubo algo que me sacudió: enterarme de que Bergman había concebido ese proyecto como una miniserie de cuatro capítulos para la televisión de su país.

¿Y? ¿Qué tenía ese dato de especial? ¿Por qué me sacudió?

Porque me confirmó algo en lo que yo siempre había creído, algo que hubiera sido inimaginable en aquella época: la televisión es arte, la televisión y el cine se pueden tocar.

El tiempo me dio la razón. Hoy estamos llenos de series que no le piden nada a las mejores películas del mercado y de sagas cinematográficas que han aprendido bastante bien del negocio de la televisión.

Pero en aquel entonces, en mi cerebro adolescente, la propuesta mediática de Bergman fue mucho muy importante.

Hoy, 33 años después, Pablo Larraín hizo exactamente lo mismo que Ingmar Bergman pero al revés.

Primero nos regaló Neruda, esa prodigiosa película que a más de uno nos hizo llorar.

Ahora nos está dando Neruda, la miniserie. ¡Y es en cuatro capítulos! ¡El sueño de Bergman!

Lo que el cineasta sueco no puedo hacer con su obra capital, este joven artista sudamericano lo está logrando con esta historia sobre una de las persecuciones más fabulosas de todos los tiempos.

Por si esto no fuera suficiente, Pablo fue uno de los directores de Prófugos, esa gloriosa serie de HBO que tanto defendí en 2011.  Una vez más la televisión y el cine se tocan. Una vez más la vida me demuestra que aquí también hay arte.

Neruda me mueve muchas cosas. ¿Se imagina cuántas no le va a mover a usted?

Esto, en una primera lectura, es la persecución de un comunista. Si, muy emocionante porque, obviamente, está inspirada en hecho reales.

Pero si vamos más allá descubriremos que es la persecución de la libertad, de la belleza, de la poesía, la lucha entre lo que existe y lo que no, entre lo efímero y lo eterno.

Y lo peor es que es salvajemente actual. Y no es que todos seamos Neruda. Es que, cuando mire esta obra lo entenderá: todos hemos sido escritos por Neruda.

Hay tantos momentos tan entrañables en esta miniserie tan llena de aportaciones dramáticas, filosóficas, políticas y audiovisuales. ¡Hasta tenemos asuntos de diversidad sexual!

Gael es un Dios. Está sublime. Punto. Pero Luis Gnecco (Narcos) es el Dios de Dios. Neruda no pudo haber encontrado un intérprete más magnífico que él. ¡Bravo!

¿Qué va a hacer este fin de semana? No sea malo, luche por ver, además de Neruda, la película, Neruda, la miniserie en Fox Series y la app de Fox.

Algo me dice que este lanzamiento es un regalo del destino para los tiempos que estamos viviendo. Algo me dice, insisto, que el público que estaba buscando arte ya lo encontró. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com