El pozo de los deseos reprimidos

La arrogancia del América y la delirante fiesta de Rubí

Yo sigo asustado por el hecho de que la final de la Liga MX haya sido en Navidad y que las quejas al respecto se hayan evaporado para privilegiar los chismes empresariales.

Tenemos ante nosotros un monumental abuso de poder que atenta contra los hábitos y costumbres de las familias mexicanas.

Aquí hay un tema que expone a los futbolistas a situaciones parecidas al exceso físico y emocional.

Y ni hablemos de las implicaciones hacia el interior de la industria de la televisión mexicana, hacia sus trabajadores, hacia sus anunciantes.

¿Y dónde están las quejas? Aquí hay muchas cosas que se alteraron para mal.

Deje usted el aspecto familiar y deportivo. Hoy, que lo que importa es el dinero, hay que subrayar que para una marca comercial no es lo mismo programar un anuncio en una final de la Liga MX antes del 24 de diciembre que hacerlo después.

No, y ni le sigo, porque entonces sí no acabo nunca.

¿Cuál es la nota? La soberbia que hubo detrás de todo esto sumada a la arrogancia del América.

Alguien tiene que comenzar a ser humilde aquí. Qué divertido que el director técnico del América le mande mensajes al gato de Vergara.

Pero no estamos hablando ni de políticos ni de estrellas del corazón, sino de deporte y deporte son valores, es mensaje familiar. Deporte es salud, justo lo que México más necesita.

¿No hubiera sido más deportivo asumir la derrota con valor? ¿No hubiera sido más humano reconocer errores y corregir?

¡Por el amor de Dios! Alrededor de los 100 años del América hay cualquier cantidad de equivocaciones y nadie está ni asumiendo la responsabilidad ni ofreciendo disculpas.

¿Por dónde empezamos, por el eslogan con la palabra grandeza o por el sospechoso parecido de la camiseta oficial con otras de otros países?

¿Por dónde comenzamos, por la ambición desmedida de pretender que ese equipo iba a arrasar con cualquier cantidad de reconocimientos alrededor del mundo antes de que acabara el año o con la enferma suposición de que como iban a ganar la Liga MX no había que preocuparse?

Creo que a pesar de las payasadas que se hicieron en la edición especial de La jugada antes de la final, la transmisión del partido del domingo pasado fue bastante buena.

Y hay muchas cosas positivas que decir de sus técnicos y conductores, pero se me haría una irresponsabilidad detenerme en eso cuando hay tantos problemas por detrás. ¿O usted qué opina?

La quinceañera más famosa del mundo

Mucha gente se la ha pasado diciendo que los medios se volcaron para darle seguimiento a los XV años de Rubí, que las redes sociales colapsaron y que no se habló de ninguna otra cosa en toda la nación.

Obviamente, después de eso, no hay manera de no concluir que nuestros medios están jodidos y que nuestro país es una mierda. Punto.

Y perdón por el lenguaje, pero es que de ese tamaño es la campaña de odio.

Lo increíble es esto: quienes nos sentamos a monitorear medios y redes desde temprano no vimos nada de eso.

Sí, hubo noticiarios que mencionaron el tema Rubí, pero jamás lo hicieron como su noticia más importante o por encima de hechos verdaderamente delicados como lo de las gasolinas.

E, igual, hubo casos aislados de programas como Hoy que a su transmisión grabada le abrieron un segmento en vivo para reportar por unos cuantos minutos lo que estaba sucediendo en San Luis Potosí.

Pero tampoco las emisiones de entretenimiento se volcaron en ese tema.

¿Entonces por qué se está diciendo que nuestros noticiarios se entregaron a ese evento para distraer al siempre vulnerable pueblo de México del eterno complot político, económico y social en el que vive?

¿Por qué se insiste en etiquetar a los programas de entretenimiento de la televisión abierta nacional como unas porquerías incapaces de generar sus propios contenidos?

Aquí está pasando algo que se está saliendo de control y que urge que sea atendido por los más altos empresarios de nuestros medios tradicionales.

No me cabe en la cabeza que circulen tuits que afirmen que la transmisión en vivo por internet de los XV años de Rubí fueron vistos por más de 6 millones de personas y que suceda lo que sucede.

¿Qué? Primero, que nadie verifique las fuentes ni las sepa interpretar.

Segundo, que en el remoto caso de que esas cantidades hayan sido ciertas y constantes, alguien suponga que seis millones de vistas representan un escándalo frente a los volúmenes de nuestra industria televisiva.

Y tercero, que a partir de ese número se generalice el dato de que México es un país de estúpidos cuando aquí viven más de 119 millones de personas.

Independientemente de mil detalles de color que podemos mencionar de lo que sucedió ayer, aquí está pasando algo raro.

¿Por qué esa insistencia en hacernos creer que somos estúpidos?

¿Por qué esa obsesión por culpar de eso solo a los medios tradicionales?

alvaro.cueva@milenio.com