El pozo de los deseos reprimidos

Las telenovelas están de luto

El viernes pasado murió Luis Reyes de la Maza, uno de los hombres más importantes de toda la historia de la televisión mexicana, y yo no puedo permitir que esta noticia no trascienda. Sería injusto.

Si alguien cambió la manera de hacer telenovelas en este país fue él.

Usted seguramente no lo ubica, porque Luis, además de que no salía a cuadro, pocas veces firmaba sus trabajos con su nombre.

Como miembro del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, sentía cierto pudor de que se le asociara con un medio tan menor como la televisión que le tocó conocer.

Pero ahí estaba, escribiendo, adaptando, administrando, enseñando, tomando decisiones.

Pocas personas llegaron a saber tanto de telenovelas en el mundo entero como él.

Participó como escritor, a veces de manera total, a veces solo en unos cuantos capítulos, en cualquier cantidad de cañonazos de los años 70 y 80.

Desde Muchacha italiana viene a casarse hasta La fiera, pasando por Rina, Viviana y El ángel caído, por mencionar solo unos cuantos títulos.

Su éxito llegó a ser tan grande que terminó colaborando en la Secretaría de Gobernación y con personalidades tan influyentes como Margarita López Portillo.

Luis decidía qué se autorizaba y qué no se autorizaba en la televisión pública y privada de este país.

Más de un poderoso le tenía miedo, y es que este señor no tenía pelos en la lengua.

Era muy crítico y eso, por supuesto, le acarreó cualquier cantidad de enemistades.

¿Pero cuáles serían los rasgos más representativos de Luis Reyes de la Maza como escritor de telenovelas?

Primero que nada, su inmensa capacidad para sorprender al público.

Le gustaba jugar con lo insospechado, que todo el tiempo estuviera pasando algo, que la gente se quedara con la boca abierta, que se divirtiera.

Después, su muy valiente manera de hacer crítica social. Luis era tremendo para denunciar, por ejemplo, la doble moral mexicana. Eso no se hacía en aquel entonces. Era muy arriesgado.

Y, por último, yo lo definiría como el pionero de las telenovelas cómicas.

Él fue el primero en incluir, en los melodramas, personajes humorísticos como la hermana Carmela de Mundo de juguete.

La obra de Reyes de la Maza da para un libro entero, pero donde más se nota su labor es en la parte ejecutiva.

Luis tuvo varios puestos directivos en Televisa y luchó como nadie para que se hicieran telenovelas diferentes.

Gracias a él se realizaron producciones históricas o de época como Toda una vida, La gloria y el infierno y Senda de gloria.

Fue Luis quien permitió que tocaran temas cada vez más escabrosos en aquella televisión tan controlada.

Si no hubiera sido por él, jamás se hubieran grabado El camino prohibido, El extraño retorno de Diana Salazar ni Cuna de lobos.

Fíjese usted nada más el tamaño de ejecutivo del que le estoy hablando, un hombre tan generoso que se dio cuenta de que la televisión necesitaba más escritores y, por lo mismo, en 1986 convocó al primer concurso de argumentos para telenovela que se hizo en este país.

Así fue como Eric Von, Liliana Abud y muchos autores que hoy son de culto pudieron entrar en la más cerrada de nuestras industrias culturales.

Luis fue un guerrero que profesionalizó el negocio de los melodramas como jamás se había hecho, permitiendo la entrada de gente hasta del mismísimo Inegi a Televisa.

¿Resultado? Que a finales de los años 80 se empezaran a hacer telenovelas para nichos como el juvenil e infantil.

De no haber sido por él, ni en sueños la televisión nacional hubiera llegado a Carrusel, Quinceañera y a todo lo que vino después.

Hoy usted escucha estos títulos y seguramente se emociona, pero generarlos fue un infierno tan grande que Luis acabó vetado de Televisa.

Por supuesto, no se rindió e hizo melodramas para otras empresas como MVS hasta que ocurrió lo inimaginable: a principios de los años 90 El Tigre le pidió que regresara. Se notaba su ausencia.

Luis, una vez más, decidió impulsar nuevos escritores, nuevos productores.

¿Me creería si le dijera que Reyes de la Maza fue el primer asesor que le recomendó a Azcárraga Milmo convertir en productor estelar a Salvador Mejía?

Luis hizo mucho: fue fundador de la Sogem, de varias escuelas de escritores, de varios proyectos de investigación y vivió de todo: lo bueno, lo malo, lo dulce, lo amargo.

Mucho antes de que se hablara de telenovelas de ruptura, Reyes de la Maza ya las estaba haciendo. Él quería un futuro mejor, con más autores, con más estilos, con más temas.

¿Cuántos ejecutivos así hay ahora en la industria? ¿Cuántos escritores están haciendo hoy la mitad de lo que él hacía? ¿Ahora me entiende?

Luis nos va a hacer mucha falta. Vaya desde aquí un abrazo muy fuerte y solidario para su familia, sus amigos, sus alumnos y, sobre todo, para su público. Lo vamos a necesitar. Descanse en paz. 

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