El pozo de los deseos reprimidos

Lo mejor que me pudo haber pasado

No sé si a usted, de repente, le pase lo mismo, pero yo, a veces, me canso de la cultura del odio, de escuchar puras quejas, de vivir en el pesimismo, en la infelicidad y la insatisfacción.

El sábado pasado estaba particularmente deprimido y decidí hacer algo diferente: llevé a la familia a ver El hombre de La Mancha a la función de la 21:00 al Teatro de los Insurgentes.

Fue lo mejor que me pudo haber pasado. No sabe usted qué espectáculo tan más bonito, oportuno y bien montado. Es calidad mundial. Punto.

El hombre de La Mancha es una de las obras más importantes de toda la historia del teatro musical, un clásico indiscutible inspirado en Don Quijote que regresa a nosotros después de 50 años.

¿Por qué habría que verlo si la pura mención de El Quijote le debe dar una flojera infinita a muchísimas personas?

Porque estamos conmemorando 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, su autor.

Porque es un pretexto extraordinario para acercar a las nuevas generaciones a ésta, una de las raíces más hermosas de nuestra cultura.

Y porque no puedo creer lo mucho que viene al caso con el momento histórico que estamos viviendo.

Cervantes jamás imaginó que muchos siglos después de inventar esas fabulosas historias protagonizadas por ese maravilloso personaje, cientos de personas iban a reír, a suspirar y a temblar con ellas en un teatro de Ciudad de México.

Pero como si nos las hubiera escrito a nosotros, como si hubiera sabido que en 2016 iban a existir esta realidad, este país, estos hombres, estas mujeres y estos problemas.

Toda la función estuve con la piel chinita.

Se me hace precioso que justo hoy que el mundo está volviendo a soñar con dragones, magos y superhéroes, Tina Galindo, Claudio Carrera, Ocesa y Morris Gilbert nos inviten a soñar con molinos de vientos, caballeros andantes y doncellas inmaculadas.

El hombre de La Mancha no es solo un homenaje a Cervantes y a su obra, es un homenaje al teatro, a la música, al canto, al talento, al juego y a la imaginación.

Por increíble que parezca no hay manera que un hombre o que una mujer del siglo XX, sin importar su edad o su nivel socioeconómico, no se identifique con este espectáculo tan hermoso.

Si usted tiene hijos o nietos, le ruego que los lleve a ver esta puesta en escena.

Se la van a pasar muy bien, porque es una obra muy familiar, pero al mismo tiempo van a entender que todo eso que están viviendo, que todo eso que están sintiendo, no es nuevo, que es eterno, y eso los va a llenar de una felicidad bárbara.

Hasta que por fin alguien puso un musical que le dijera a la gente: está bien que sueñes, que seas ridículo, que juegues, que cantes, que te guste lo que te guste, que tengas un ideal.

¡Gracias, de veras, a todas las personas que están involucradas en este montaje de El hombre de La Mancha! No saben el bien que le están haciendo a este país.

Además, está muy buena. No tuve el gusto de verla con Benny Ibarra, pero la vi con Gabriel Navarro y me encantó.

Gabriel es un talentazo de oro. Nos tuvo a todos en el teatro al filo del asiento durante las dos horas que duró aquello y al final lo aplaudimos de pie porque no había de otra. Lo hizo genial.

Ana Brenda es fabulosa. Yo ya la admiraba por su trabajo en series y telenovelas. Ahora estoy a nada de inscribirme en su club de fans porque canta, baila y actúa en teatro como la gran estrella que es.

Carlos Corona, que hace a Sancho, se lleva la obra. Los niños lo aman y uno, también. Tiene una capacidad deliciosa para empatizar con las audiencia. Ojo con esto, es un garbanzo de a libra.

¿Y qué me dice del resto del reparto? El hombre de La Mancha es una combinación muy afortunada de figuras con altísima popularidad mediática con otras, igualmente famosas, pero en diferentes contextos culturales.

Nada más Mauricio García Lozano, el director de esto, es uno de los mejores directores de ópera de todo el país.

Y tenemos al gran Diego Garza, a la exquisita Denise de Ramery, al enorme Héctor Berzunza, a la sorprendente María Penella.

A Javier Oliván, Maripaz Herrera, Mario Heras, Marta Fernanda,  Santiago Ulloa, Paola Mingüer, Rafa Maza, Constantino Echevarría, Enrique Chi, una espléndida orquesta en vivo y todo para gozar de un magnífico momento de teatro:

Escenografía, vestuario, maquillaje, iluminación.

¡Ah, qué gusto haber ido esa noche a ver El hombre de La Mancha!

Sí, llegué muy deprimido, cansado del odio, el pesimismo y de tantas cosas horribles que nos están agobiando.

Pero salí transformado, purificado y con el corazón lleno de ilusiones.

Y de eso se trata cuando uno va al teatro, ¿no?, a esta clase de teatro.

Luche por ver El hombre de La Mancha en el Teatro de los Insurgentes de Ciudad de México.

El momento es hoy. El Quijote tiene que volver a cabalgar hoy. ¿O usted qué opina? 

alvaro.cueva@milenio.com