El pozo de los deseos reprimidos

Los "spots" del Partido Humanista

Vemos una escena de unos cuantos segundos, en blanco y negro, de unos chavos haciendo algo misterioso en una banqueta. Pueden estar asaltando a alguien, se pueden estar metiendo una droga.

Hasta que entra una pizarra de cine, creemos entender que va a comenzar una película.

Aparece un chavo barbón en camiseta, con una casa elegante, antigua de fondo, hablándole a la cámara como si se estuviera tomando una selfie.

¿Y qué es lo que dice? “Este spot fue grabado con un celular, porque no queremos gastarnos tu dinero en anuncios caros”.

Se necesita ser muy estúpido para creer la historia de que ese video fue grabado con un teléfono, porque los integrantes de ese partido son tan buenos que no se quisieron gastar el dinero de los contribuyentes.

Así hubieran grabado ese material con un celular o con la cámara más cara del mercado, el presupuesto ya se los dieron y, peor tantito, si no se lo gastaron en el spot, ¿entonces en qué se lo gastaron?

Y si no se lo gastaron, ¿a qué hora lo devolvieron?

¿De cuándo a acá un partido político es bueno porque no gasta? ¿Cómo quiere esta gente estar a la altura de las grandes agrupaciones internacionales jugando a la pobreza?

¿Un partido pobre va a ganar? ¿Ser pobre es bueno? ¿¡En qué universo!?

Pero en fin, el video continúa con otro chavo, barbón y bigotón, de lentes, instalado en algo que parece ser un camellón de la nada miserable colonia Roma, señalando: “Así es el partido Humanista”.

El anuncio no va a la mitad y ya podemos concluir que esto es un mensaje de un partido de niños hipsters, que no saben nada ni de política, ni de economía, ni de comunicación, pero que creen que siendo lindos y propositivos nos van a gobernar.

Luego entra una chica en camiseta, ubicada en algo así como una banqueta de colonia bien, exclamando: “Nos importan las personas”.

¿Por qué si al partido Humanista le importan las personas, los conductores de este material salen completamente solos?

El caso es que entra otra chava frente al balcón de una residencia como de San Ángel, afirmando: “Nos importa tu economía”.

A ver, ¿me estás diciendo que te importa mi economía mientras te paseas por la Roma o por San Ángel?

Mejor dime qué es el Partido Humanista, quiénes lo conforman, cuál es su plataforma ideológica, cuáles son sus causas. Ojo, es un partido nuevo. Me importa un cuerno lo demás.

Bueno, de aquí, regresamos con el primer muchacho, que nos dice: “Una economía con rostro humano”.

¿Qué es una economía con rostro humano? ¿Acaso nuestra economía no lo tiene?

Como lugar común suena muy bonito, pero al menos a mí lo del rostro humano no me dice nada.

Pero continuemos con esta pieza. ¿Qué sigue?

Volvemos a ver a la muchacha de la banqueta recitando: “Yo te respeto”.

No, si me respetaras no me estaría haciendo perder mi tiempo. ¿Qué tiene que ver el respeto con lo que me acabas de decir?

Reaparece el chavo del camellón asegurando: Yo te respeto.

¿Qué tiene que ver el respeto con el concepto economía con rostro humano? No me lo has dicho.

Retomamos a la nena con el balcón de fondo repitiendo: Yo te respeto.

No, mejor no me respetes. Mejor dame información, algo que justifique tu existencia como partido y que me sirva.

Regresamos al chico que está frente a la casa antigua insistiendo ya, como en poesía coral de kínder: “Yo te respeto”.

¿Sabes qué? Al que le debe preocupar que lo respeten es a ti, no a mí. Nada de lo que me has dicho me invita a respetarte. Nada.

Aquí es cuando sale una vez más la señorita del balcón diciendo: “Por lo tanto, no me robo tu dinero”.

¡Cómo! ¿Humanista está acusando al resto de las agrupaciones políticas de robarse nuestro dinero?

¿Dónde están sus denuncias? ¿Dónde están los nombres de las personas a las que está acusando?

Esto es serio. ¡Es el mensaje de presentación de un partido nuevo!

Total, que el chico del camellón remata: “Conócenos”.

¿A usted le dieron ganas de conocer a estos señores después de esto?

En este momento del anuncio vemos el logotipo del Partido Humanista (que no trae la palabra partido, que tiene a un colibrí y que dice participación y prosperidad, aspectos jamás tocados en el spot) y la voz de un locutor aclara:

“En el Partido Humanista sabemos la importancia de la austeridad. Cambiemos juntos. Si cambio yo, cambia México. Partido Humanista”.

No sé qué piense usted, pero eso de Si cambio yo, cambia México se me hace como de terapia barata, lo menos adecuado para un mensaje político.

Yo les respondería: Si quieres cambiar, cambia. Ése es tu problema, no el mío. ¡Aprende a comunicarte!

Por si todo esto que le acabo de contar no fuera suficientemente terrible, en los últimos segundos de este video volvemos a ver al primer presentador murmurando: “Pasa la voz” (como si fuera algo malo) y una dirección de internet.

¡Qué vergüenza! ¿O usted qué opina? 

http://twitter.com/AlvaroCueva

www.facebook.com/AlvaroCuevaTV