El pozo de los deseos reprimidos

Los "spots" del PT

No, no estamos en vísperas de un proceso electoral. Estamos viendo quién se burla con más descaro de nosotros, tal y como lo demuestran los anuncios que el PT está transmitiendo en la Ciudad de México.

Imagínese que usted está viendo su programa favorito y que de repente, sin que nadie le diga nada, en su pantalla aparece un video de bajísima calidad con unos puños cerrados.

¿Qué es lo primero que usted piensa? De seguro: ¡llegaron los terroristas!

Bueno, inmediatamente después, de entre esos puños, aparece un destellito rojo como de efecto especial de comedia de Chespirito de 1974 y se empieza a mover como si fuera un ovni o el espíritu del diablo.

Y el destello no se detiene. De haber estado como alentando a los puños cerrados, comienza a guiar a un montón de zapatos que van por la calle como en una manifestación callejera.

El spot apenas está comenzando, y ya para este punto, uno siente que está viendo algo malo.

Malo, porque se vincula con el caos que ocasionan las marchas y los plantones en nuestras calles y carreteras. Malo, porque se ve chafa, viejo.

Bueno, pues espérese, porque se pone peor; el destello como que se abre y de su centro emergen unos chavos con los brazos levantados como si nos fueran a golpear, a asaltar o a secuestrar.

Uno de ellos mira de frente a la cámara y nos dice: Decidimos ser la oposición. Decidimos ser de izquierda.

¿Decidimos? ¿Quiénes decidimos? ¿Cómo me comprueba ese muchacho que es un ciudadano que de manera espontánea decidió ser de oposición y que no es un actor pagado?

¿Qué es para él ser de oposición? ¿Tomar las calles con los puños cerrados? ¿Estar en contra únicamente para estar en contra? ¿Ser necio?

¿Decidimos ser de izquierda? A ver, si el anuncio se está transmitiendo en el Distrito Federal, que es una ciudad gobernada por la izquierda, ¿por qué la izquierda es la oposición?

¿Será acaso porque en los partidos de izquierda todos se odian? ¿Se da usted cuenta de la serie de barbaridades que se pueden interpretar nada más del comienzo de este mensaje?

Y le digo del comienzo, porque se pone peor. La cámara se acerca vertiginosamente al rostro del manifestante y el chico se transforma en una anciana furibunda rodeada de otras tantas mujeres mientras el destello rojo les bailar alrededor como poseyéndolas, como hipnotizándolas.

¿Y qué comenta la señora? Decidimos luchar día a día. Decidimos ser de izquierda.

O sea, ¿cómo? ¿Esto es una lucha? ¿Esto es una guerra?

¿Los responsables de este anuncio piensan que el pueblo de México, después de haber sufrido todo lo que ha sufrido, se va a querer abonar a un grupo de revoltosos que quiere otra guerra?

¿Otra guerra día a día? ¿No se supone que los ciudadanos de México pagamos ese spot con nuestros impuestos para impulsar un ejercicio electoral?

¿Qué tiene que ver una guerra cuando el punto es la democracia? ¡Qué!

No, pero como en este negocio siempre se puede caer más bajo, el promocional continúa con otro violento acercamiento a la cara de la ancianita que se convierte en el rostro de un pobre hombre, que no puede ni con su alma.

Se ve gris, débil, apagado. Bueno, ni siquiera puede pronunciar bien lo que el destellito rojo le está ordenando.

Esta imagen es particularmente perturbadora, porque el tipo está frente a un letrero donde podemos leer la palabra ingenio (supongo que azucarero) y se encuentra rodeado de un grupo muy pequeño y lamentable de personas, hombres y mujeres, que no hay manera de asociar ni con las cañas, ni con resultados ni con propuestas.

¿Y qué es lo que dice el señor? Decidimos defenderte. Decidimos ser de izquierda.

Perdón, pero si a usted y a mí nos va a defender ese pobre hombre, ya estuvo que nos va a llevar la fregada. ¡Qué miedo!

¿Pero quiere que le diga qué es lo más enfermo de todo? Que hasta aquí nadie nos ha dicho algo bueno de las izquierdas.

Todo es oponerse, luchar, armar bronca con el pretexto de defender.

¿Qué son las izquierdas? ¿No se supone que son las grandes visionarias de la humanidad? ¡Pues aquí parece lo contrario!

¿Pero le digo qué es lo más chistoso de este spot? Que después de haber visto todo esto, el destellito se posa en el dedo índice de la mano levantada del pobre hombre del que le hablaba hace rato.

¿Para qué? ¡Para poner la pantalla en blanco y convertirse en la estrella del logotipo del PT!

Y justo en ese instante entra la voz de una locutor que dice: PT, orgullosamente de izquierda.

¿Orgullosamente? ¿Los creadores de esta aberración audiovisual se sienten orgullosos?

¿De qué? ¿De engañar a la gente sobre el verdadero significado de lo que son los partidos de izquierda en el contexto mundial actual?

¿De gastar así nuestros impuestos? ¿De aniquilar así los niveles de audiencias de nuestros canales de televisión? ¡Hasta perece burla! ¿O usted qué opina?

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