El pozo de los deseos reprimidos

Los "spots" de Nueva Alianza

Dígame, por favor, que usted también ya vio los promocionales de Nueva Alianza en este peculiar momento preelectoral.

¿No son raros? La primera vez que me tocó observarlos pensé que se trataba del anuncio de algún producto milagro para curar las hemorroides.

¡No tienen una identidad política! Y tan no la tienen que en el caso del mensaje de la Ciudad de México, aquello, en lugar de comenzar con algo parecido a un logotipo, arranca con un desfile de actores vendiéndonos “turquesa”.

¿Qué es “turquesa”? ¿Un mineral, una playa, un hotel? ¿Qué es? ¿En qué momento Nueva Alianza se dejó de llamar Nueva Alianza para llamarse “turquesa”?

Bueno, ya, el colmo, a millones de personas se nos dificulta ubicar el color turquesa.

Es entre azul y verde. Lo reto a que se meta a las guías profesionales de color y encuentre, sin leer los códigos, el verdadero turquesa. Le apuesto a que no lo va a encontrar.

Imagínese lo que es traducir esto en un discurso político.

¿Qué es lo que Nueva Alianza nos quiere decir? ¿Que ya no son nuevos? ¿Que ya no representan una alianza? ¿Que son entre Partido Acción Nacional, por aquello del azul, y entre Partido Verde?

Es horrible porque justo hoy, cuando acaban de entrar muchos partidos nuevos, es cuando los que ya estaban se deben consolidar.

¿Y qué está haciendo Nueva Alianza? Se está redefiniendo, suicidando. ¡Cómo!

En el caso de que usted no sepa de lo que le estoy escribiendo, ¿cómo es el spot de televisión que Nueva Alianza está manejando en el Distrito Federal?

Así, de trancazo, aparece una muchacha muy mona, en un espacio inmaculado que parece ser una escuela de primer mundo, mirando a la cámara y hablándonos de frente.

Luego tenemos a un señor joven, frente a unas instalaciones como los de las escuelas que salen en las series de Estados Unidos, haciendo lo mismo.

Posteriormente vemos a un señor bigotón, en mangas de camisa, atrás de un escritorio como de oficina bien, dirigiéndonos unas palabras.

Acto seguido, un tipo de lentes, frente a otra aula ideal, repite esta acción.

Por último, una señorita caracterizada como profesora de telenovela mexicana, pero en un salón finísimo, hace lo propio.

Mientras observamos todo esto, por ahí, en la parte de abajo de cada toma, con letras pequeñas y en un color imposible de leer, hay unas direcciones de páginas de internet que, le juro, no hay manera de copiar.

Pero la cosa no termina aquí, tan pronto acaba esta pasarela de presentación, cada uno de los actores aparece y desaparece como en flashazos diciendo: “soy maestra” o “soy maestro” hasta que nos quedamos con la última chica, la que parece sacada de nuestros melodramas seriados.

¿Para qué? Para que nos diga: “y somos turquesa”.

Por último, la pantalla se pone en blanco y entra el logotipo de Nueva Alianza con una leyenda abajo que pregunta: “¿Eres turquesa?”. Fin del mensaje.

¿Y el texto? ¿Qué dice el texto? Ahí le va:

“Ser turquesa es defender la educación pública y proteger en cada salón el tesoro más preciado.

“Ser turquesa es reconocer en la ignorancia a nuestro peor enemigo. Es ver a México como un país grande y decir con mucho orgullo: Soy maestra, soy maestra, soy maestro, soy maestro y somos turquesa. ¿Eres turquesa?”. Fin del audio.

Sí, como anuncio, está muy bonito. Los modelos, muy guapos, pero no nos hagamos tontos, no es un comercial de papel de baño.

Es un material de precampaña que usted y yo pagamos, que altera la economía de todos los canales en donde sale y desde esa perspectiva es una desgracia.

Para empezar, no tiene estructura. Por eso inicia sin logotipos, sin advertirnos de qué se trata, sin sentido.

Y para acabar, no nos informa de nada, no nos invita a nada y nos confunde.

¿En dónde radica esa confusión? No nada más en el hecho de que, en lugar de rematar con una afirmación, acaba preguntándonos algo tan hilarante como “¿Eres turquesa?”.

No, esto nos confunde porque parece un promo de maestros de primaria pública, pero de Florida o California, porque nuestras escuelas públicas no son así.

¿Qué le hubiera costado a los responsables de este corto grabar en escuelas de verdad, con maestros auténticos y sacando sus cédulas profesionales, en lugar de sus direcciones de internet, para darle credibilidad al spot?

¿Qué le hubiera costado a esta gente hacer las cosas bien, no nada más en términos de apariencias, y explicarnos, por ejemplo, qué ha hecho su partido desde que se fundó?

No, y ni nos metamos con la parte de las palabras, porque entonces sí lloramos.

¿Cómo está eso, por ejemplo, de “reconocer en la ignorancia a nuestro peor enemigo”?

¿Dicen lo de “en la ignorancia” porque se autodefinen como ignorantes o porque “la ignorancia” debe ser “nuestro peor enemigo”?

Mire, para acabar pronto, esto es una burla, un despilfarro de recursos, una pérdida de tiempo. ¿O usted qué opina?

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