El pozo de los deseos reprimidos

Hay que saber cambiar

La gran noticia en materia de televisión de esta semana es el paquete de cambios que Azteca 13 acaba de padecer y que seguirá padeciendo en los próximos días.

¿Por qué? Porque estamos hablando de una de las cadenas de televisión abierta más importantes de México y porque lo que está ocurriendo ahí nos va a servir para reflexionar sobre otras cosas.

¿Cómo cuáles? Como las reformas que se acaban de aprobar en nuestro país, como la gira que Enrique Peña Nieto está realizando por diferentes medios, como la tarjeta Iave y hasta el fenómeno de críticas que se le están haciendo al Ice Bucket Challenge y al logotipo del Tecnológico de Monterrey.

¿Cuál es la nota? El cambio. ¿Qué está pasando con México y con el mundo, en general, cuando hablamos de cambio? ¿Qué pasa con los medios y con las redes sociales? ¿Qué pasa con nosotros como personas?

Ningún momento en la historia de la humanidad ha sido fácil, pero éste es particularmente complicado.

A escala macro, el planeta se resquebraja entre el cambio climático, guerras, migraciones, epidemias y crisis económicas.

Tenemos una tecnología y una capacidad para comunicarnos como jamás la habíamos tenido.

La información va y viene. Información de todo tipo, desde los secretos mejor guardados por las entidades más poderosas del globo hasta consejos de belleza, deporte y nutrición.

Sabemos que tenemos que cambiar, que nos tenemos que ajustar a los nuevos tiempos si queremos sobrevivir, ya no se diga si queremos progresar, pero no sabemos cómo.

Queremos que todas las transformaciones sean tan rápidas y tan mágicas como las de los infomerciales pero, por otro lado, tanta información, tanto problema, lo único que ha provocado es que nos sintamos infelices, inseguros.

¿Y cuál es nuestra respuesta ante esa infelicidad? ¿Cuál ha sido nuestra respuesta ante esa inseguridad? La nostalgia.

Entre más avanzamos, más queremos ser como éramos antes. Se nota tanto en el renacimiento de algunas ideologías, de algunas religiones y hasta de algunas enfermedades como en la moda, el arte y la gastronomía.

Pero no podemos retroceder en el tiempo. ¿Y cuál es nuestra reacción ante cualquier estímulo medianamente novedoso?

A menos que se trate de algo que implique el retorno a un origen, como la campaña de envases personalizados de Coca Cola, es el rechazo.

Todo es no. No me gusta, no me parece, aquí hay mano negra, es un complot, no se dan cuenta de que al apoyar eso están apoyando algo maligno. No, no y no.

La bronca es que si no cambiamos, perdemos. Hay que cambiar, pero hay que saber cambiar y eso es lo que nadie, prácticamente nadie, ha sabido hacer ni en México ni el mundo.

Un cambio no puede ser radical ni de un día para otro. Eso genera pánico, agrede, provoca errores, accidentes y difícilmente funciona a corto o a mediano plazo.

Por eso hay tanta gente tan molesta con tantas decisiones que nuestras autoridades, de todos los niveles, han tomado en los últimos meses.

En el caso concreto de la televisión, entre más cambios se le hagan a un canal hoy, más rápido salen corriendo el público y los anunciantes.

Y si no me cree, échele un ojo a lo poco que queda de las barras programáticas de Conaculta Canal 22 o a todo lo que se le movió a Canal 5.

En Televisa tuvieron que volver a poner Malcolm el de en medio, una serie viejísima, para impedir que las audiencias siguieran huyendo de ahí.

Bueno, Azteca 13 está peor porque estos señores no nada más le movieron a una barra, le movieron a todo, desde a su imagen corporativa hasta a la escenografía de deportes.

El resultado es como si Ricardo Salinas le hubiera vendido el canal a otro empresario.

Eso no es Azteca 13, es otra señal, con otro nombre, una estación que no me tomó en cuenta, que no entiendo, que no tiene nada que ver conmigo, con la que no me identifico.

Hasta el día de hoy nadie me ha explicado, como el Presidente en su gira de medios, por qué tanto cambio, por qué tan rápido, de qué se trata, por qué debo ver ese canal y no otro. ¡Nada! ¡Ni los nombres de los conductores!

Los únicos que van a salir beneficiados con semejante relajo van a ser los programas que, o no se fueron, o no sufrieron ajustes como Ventaneando y Venga la alegría.

Lo demás es tierra de nadie porque ponga usted “trece” a la hora que lo ponga, hay un estreno, una importación, un ajuste, un tipo desconocido o una chava salida de quién sabe dónde.

Sí, esto, como lo del petróleo, a lo mejor funciona en varios años, pero en este instante no hay cerebro que lo pueda asimilar. ¡Auxilio!

La gran noticia en materia de televisión de esta semana es el paquete de cambios que Azteca 13 acaba de padecer y que seguirá padeciendo en los próximos días.

Yo creo, al igual que con otras cuestiones, que esto era necesario, pero que se debió haber hecho de otra manera. ¿O usted qué opina? 

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