El pozo de los deseos reprimidos

¡Qué porquería!

Como usted sabe, el canal Warner acaba de transmitir el último capítulo de Two and a Half Men. Sí, su final definitivo.

¿Y? Que yo todavía estoy con el estómago revuelto. ¡Qué porquería tan más inmunda! ¡Qué decepción tan más grande!

Two and a Half Men es una de las comedias más importantes de la década pasada, un cañonazo indiscutible en términos económicos, artísticos y sociales. Un fenómeno. ¡Merecía otro desenlace!

¿Pero sabe qué es lo que más me enfurece? La infinita soberbia de sus creadores.

Si estos señores no tuvieran el ego que tienen y hubieran aprendido a lidiar con talentos como Charlie Sheen, todavía estarían al aire.

¡Qué manera tan más descarada de echar a perder un proyecto! ¡Qué manera tan más asquerosa de desperdiciar 12 años de trabajo!

Pero vámonos por partes para que no entendamos. Two and a Half Men es una joya de la televisión estadunidense estelarizada por Charlie Sheen, Jon Cryer y Angus T. Jones.

Eran las aventuras sexuales de dos hombres con personalidades opuestas. Uno de ellos, desenfrenado. El otro, mucho más tranquilo y con un hijo pequeño.

¿Cuál era la clave de su éxito? Que más allá de sus alocadas apariencias, contaba una maravillosa historia de amor, conquista y unidad familiar.

Como usted sabe, en un punto de las últimas temporadas de este cañonazo, Chuck Lorre, uno de los creadores de este concepto, tuvo problemas con Charlie Sheen.

¿Resultado? Charlie salió de la comedia, mataron a su personaje, y Ashton Kutcher entró en su lugar.

Ashton hizo un magnífico trabajo, pero Two and a Half Men jamás volvió a ser lo mismo.

¿Por la ausencia de Charlie Sheen? ¡No! Aunque todo el mundo se fue por ahí, ésa no fue la verdadera razón por la que este proyecto se hundió irremediablemente.

¿Entonces cuál fue? Que Two and a Half Men dejó de ser una historia de amor, conquista y unidad familiar para transformarse en una guerra personal contra Charlie Sheen.

Era como si Chuck Lorre hubiera estado más preocupado por desprestigiar a Charlie que por darle continuidad a sus ideas.

Total, que después de algunas polémicas temporadas en las que las audiencias se debatían entre que si Two anda Half Men era mejor o peor con Ashton Kutcher, aquello fue cancelado.

El final definitivo se transmitió para México y toda América Latina la noche del miércoles pasado en dos capítulos especiales que, por supuesto, fueron muy vistos y comentados en redes.

¿En qué consistieron esos dos capítulos especiales? En algo francamente desagradable: hablar mal del personaje de Charlie Sheen.

¿Qué tiene esto de desagradable? Que se suponía que Two and a Half Men no valía por eso, que valía por el talento de sus escritores.

¿Entonces, por qué se atrevieron a hacer eso? ¿No se dieron cuenta de que, al hacerlo, le dieron la razón a Charlie Sheen? ¿No se dieron cuenta de que, al hacerlo, quedaron del asco?

Fue una falta de respeto para Charlie, para Ashton, para el resto del elenco, para el público y para los patrocinadores. ¡No se vale!

¡Todos estos años nos estuvieron engañando! ¡Todos estos años nos obligaron a ver un error que se hubiera corregido con un poco de humildad! ¡No es posible!

Si usted, como yo, sintonizó esos episodios, coincidirá conmigo en que fueron lo barato de lo barato, pura salida fácil como en mala telenovela.

No le voy a vender trama, pero sí le voy a decir que, para salir del paso, los autores se inventaron que el protagonista original de este título no estaba muerto, que estaba vivo y que se iba a vengar del resto del reparto.

¡Fue tan molesto! Y no lo digo nada más por toda la estupidez que esto implica.

No, lo digo porque, por supuesto, estos señores aprovecharon todos y cada uno de los parlamentos que pudieron para atacar a Charlie, no al personaje, al actor.

Sí, las actuaciones especiales de personalidades como Arnold Schwarzenegger y Christian Slater estuvieron chistosas, ¿pero de qué sirvieron si estuvieron puestas ahí en función del odio y no del amor? ¡De qué!

Obviamente, nunca vimos a Charlie, pero vimos a su personaje de diferentes maneras, incluso en caricaturas.

Al final Chuck Lorre lo remató horrible y no conforme con eso, se atrevió a salir a cuadro como para reírse de sí mismo.

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