El pozo de los deseos reprimidos

El poder del espectáculo

Este medio está lleno de gente bien hocicona, desde las personas que opinan sin leer los textos completos en las redes sociales hasta muchos de mis compañeros periodistas de espectáculos.

Una de las cosas que más me dicen cuando no están de acuerdo con mis ideas es que cómo me atrevo a criticar algo nada más con ver uno o unos cuantos capítulos.

Que eso no es válido, que por eso luego ando cambiando de opinión, que para poder hacer una crítica tengo que terminar de ver todos los capítulos de todas las cosas.

Evidentemente no saben de lo que están hablando. Nadie en su sano juicio se tiene que terminar un plato de sopa para saber que está fría y la televisión no es como el cine. ¡Está viva!

A veces está bien, a veces está mal. En esta pantalla no hay absolutos. Por eso hay que criticarla todo el tiempo.

Lo que comienza excelente a veces se pone pésimo. Y lo que comienza pésimo a veces se pone excelente.

En fin, vamos a suponer que todos estos doctos personajes anónimos y que todos esos colegas tan inteligentes tienen la razón: no se vale criticar sin ver las cosas completas, aunque tengan 460 capítulos.

Como aquí se trabaja para los demás, les hice caso. Me encontré con un programa, lo vi todo y no publiqué ni una línea ni un tuit ni nada hasta el día de hoy, justo cuando terminó.

Yo no sé de qué les va a servir a esos televidentes y a esos compañeros una crítica de algo que ya no van a poder ver ni de qué le va a servir a esa televisora un análisis de algo que ya hasta mandaron al archivo.

Pero bueno, sean felices, gocen con su muy útil y objetiva manera de entender la crítica de televisión y siéntanse satisfechos. Se salieron con la suya. Aquí está la crítica que pidieron cuando la pidieron.

¿De qué programa es? De la miniserie Guerras mundiales, que el canal History transmitió en las últimas semanas.

¿Qué le puedo decir de esta emisión? Que fue la miniserie documental sobre asuntos históricos más impresionante y novedosa de todos los tiempos.

Una joya que nadie se debió haber perdido, un material que se debió haber grabado en escuelas y universidades, justo lo que usted y sus hijos debieron haber visto en estas vacaciones.

Le voy a explicar para que entienda la magnitud de pieza a la que miles de personas nos enfrentamos.

Antes, los documentales eran una cosa insoportablemente aburrida.

Todos hablaban bien de ellos, porque hablar mal era como estar contra la inteligencia y pues no, a nadie le gusta pasar por tonto, así que nadie se quejaba.

Hoy, con Guerras mundiales, History inventó una nueva manera de hacer documentales.

A ver, ¿cómo me atrevo a decir eso después de toda la revolución que marcas como Discovery y BBC han generado en los últimos años?

Discovery, BBC y muchas otras marcas han hecho producciones fabulosas, yo mismo las he felicitado aquí, pero History, con esta miniserie, fue más allá.

Convirtió un tema tan denso como las historias de la Primera y la Segunda Guerra Mundial en algo así como una película de acción, como una película de superhéroes.

¿Resultado? Usted podía elegir entre divertirse viendo un cinta como Guardianes de la galaxia o entre divertirse viendo Guerras mundiales... ¡Y se iba a divertir igual!

¿Cuándo, en las historia de la televisión, alguien se iba a divertir viendo una miniserie de este tipo con la misma fuerza con la que se iba a divertir yendo al cine a ver un cañonazo? ¡¿Cuándo?!

Guerras mundiales es para los documentales, lo que The Last Ship para las series de ficción, el nacimiento de un nuevo tipo de televisión inspirado en el cine más caro y taquillero del verano. ¡Lo máximo!

Ahora, no se asuste, el hecho de que los señores de History hayan convertido la historia de esas dos guerras en Transformers 4 no significa que la hayan convertido en algo chafa.

Guerras mundiales estuvo hecha con un rigor admirable.

¿Y sabe dónde se nota? En la pulcritud editorial de cada uno de sus seis capítulos de una hora, justo en este momento en que, tristemente, en el mundo se respiran no uno, sino muchos aires de guerra.

Yo veía aquello y gritaba por el derroche de las dramatizaciones, por la belleza de la producción, por la manera en que íbamos de un personaje a otro y de un evento a otro, entendiendo lo que muchas veces ni siquiera habíamos entendido en la primaria.

Es aquí donde yo me rindo y le doy gracias a Dios por dedicarme a esto.

Es aquí donde me queda claro el poder del espectáculo, esa fuente que tantas personas desprecian, pero que oculta las claves hasta de la mismísima educación.

¡Felicidades, señores de History! Los felicito por esto y por todo lo que están haciendo, incluyendo esa campaña en la que están buscando una idea que pueda cambiar la historia.

Lo malo es que este medio está lleno de gente bien hocicona y que así no se puede trabajar. Lo lamento. 

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