El pozo de los deseos reprimidos

Nuestra pobre industria nacional

Atención amantes de las series: hoy a las 22:00, por el canal FX, se va a transmitir el final de American Horror Story: Hotel.

Estamos hablando de una de las joyas más exquisitas de la comunicación audiovisual de los últimos años.

Le confieso que al principio, motivado por los cambios de reparto, dudé que esto pudiera funcionar pero no solo funcionó, alcanzó niveles iguales a los de la más fina televisión premium del mundo.

American Horror Story: Hotel ya ni siquiera es una serie de terror. Es poesía convertida en televisión.

Si usted jamás la vio y observa el capítulo de hoy, ni se agobie, la va a disfrutar como quien abre un libro de poemas y se dispone a leer cualquier verso al azar.

Por eso estoy muy impresionado con este trabajo que se parece más al cine de autor que al de las grandes distribuidoras.

Usted va a "volar" con esta nueva interpretación del vampirismo, con esta concepción tan profunda del sufrimiento y con esta lectura tan aterrizada sobre las similitudes que hay entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos.

A nivel estético, American Horror Story: Hotel es un delirio donde lo que en cualquier otro lado hubiera sido repulsivo, se transforma en hermoso.

Por supuesto que la participación de una figura pública tan teatral como Lady Gaga contribuye a fortalecer esto.

¿Y qué me dice del tema de "Los diez mandamientos"? ¿No es la más suculenta invitación al debate?

¿De qué han servido "Los diez mandamientos" en la historia de la humanidad? ¿De qué sirven ahora? ¿A quién le sirven?

Por el amor de Dios, luche por ver este desenlace. Le va a encantar.

¡ENORME!

Si yo le dijera: vamos a ver una comedia sobre la vida en un supermercado, ¿usted qué me diría?

Seguramente que qué flojera, que nadie en sus cinco sentidos se podría entretener con algo así, mucho menos carcajearse.

No pero espérese, la cosa se pone peor. Si usted fuera ejecutivo o productor de la industria de la televisión mexicana y yo le dijera: hagamos un programa cómico sobre un supermercado, ¿usted qué me respondería?

Primero, en ese patético afán que muchas personas de nuestra industria utilizan para demostrar poder, me insultaría.

Después, me amenazaría con correrme y al final me gritaría: ¡Imposible! ¡Nuestros anunciantes se ofenderían! ¡Eso sería una falta de respeto para ellos!

Bueno, pues el martes a las 21:30 los señores de Warner Channel estrenaron una serie cómica increíblemente buena, titulada Superstore, que es sobre todo lo que le pasa a los clientes y a los trabajadores de un supermercado.

Nada más para que se dé una idea de la magnitud de proyecto del que le estoy hablando, ¿sabe quién es la protagonista?

América Ferrara, la gran Ugly Betty. Y esa mujer no acepta cualquier cosa.

¿Por qué le estoy contando todo esto? Porque de vez en cuando vale la pena dejarse sorprender hasta por las ideas más locas de la nueva televisión.

Y porque por jugar a ser más papistas que El Papa, nuestra pobre industria nacional se está perdiendo de grandes negocios.

Busque ya las repeticiones de Superstore en Warner Channel. Se va a ir de espaldas cuando descubra lo mucho que dejamos en nuestros trabajos, lo mucho que dejamos cuando vamos de compras al súper.

¡LOCAS!

¿Qué va a hacer este fin de semana? ¿Me permite hacerle una recomendación? Vaya a ver La jaula de las locas al Teatro Hidalgo en el corazón de la Ciudad de México.

Además de que por ahí tendrán una función muy especial dedicada a Silvia Pinal, estamos hablando de un espectáculo donde no hay manera de no divertirse.

La producción es muy buena y el reparto, glorioso, tanto que a pesar de que muchas personas hemos tenido el privilegio de ver este musical en otros momentos, con otros repartos, ahora que lo vemos con Mario Iván Martínez y Roberto Blandón les aplaudimos de pie.

Mario Iván está fabuloso, divertidísimo, entrañable. Roberto, genial. Se nota la experiencia, el dominio.

Y ni me meto con figurones como Patricio Castillo y Aída Pierce, o con talentos jóvenes a los que jamás dejaré de ovacionar como Rogelio Suárez porque entonces sí no voy a acabar jamás.

Aquí tenemos un muy buen pretexto para reír largo y tendido, para cantar y hasta para pensar.

Me sorprende que un texto que fue escrito en otra época de la lucha por el respeto a la diversidad siga tan vigente. Por eso es fundamental que las nuevas generaciones se acerquen a él.

La jaula de las locas es un joven clásico sobre la lucha entre lo que somos, entre lo que parecemos y entre lo que debemos parecer, una comedia llena de enredos chistosísimos que pone en evidencia una larga lista de conflictos sociales.

Pero es, ante todo, un show delirante que hace que uno salga del teatro de muy buen humor y que quiera regresar.

Corra a ver La jaula de las locas. Corra a aplaudirles a estos maestros del teatro musical.


alvaro.cueva@milenio.com