El pozo de los deseos reprimidos

Entré en pánico

Le voy a decir la verdad, cuando me contaron que se iba a hacer Late Night Express en Proyecto 40, entré en pánico.

¿Por qué? Porque la vida me ha enseñado muchas cosas. Primero, que la mayoría de las personas que pretende aplicar el formato de los late night de Estados Unidos a México, fracasan.

Como que no entienden de qué se trata, como que no cuentan con los recursos económicos y creativos suficientes como para reproducirlo, como que carecen de la chispa para conducirlo.

El caso es que les sale una marranada inmunda que no le gusta a nadie y que al poco tiempo tiene que ser retirada del aire por sus bajas ventas y por nulos niveles de audiencia.

Segundo, porque este proyecto, a diferencia de otros late nights de corte político, deportivo o farandulero, viene con la etiqueta de digital.

¿Qué significa esto? Que sus invitados, en lugar de ser los protagonistas de las noticias del momento, los deportistas de moda o las estrellas que están dando de qué hablar, van a ser personalidades de internet.

Sí, videoblogueros, creadores o luminarias de los clips más virales de la red.

¿Y? ¿Qué tiene esto de malo? Algo muy triste: salvo casos muy contados, la mayoría de la gente que brilla en las redes sociales, a la hora que sale en medios tradicionales, se vuelve gris, aburrida, insufrible.

Imagínese sostener un late night únicamente con esta clase de personajes. ¡Desgracia total!

No, pero espérese, todavía no termino. Hay un tercer punto que me puso los pelos de punta: su conductor.

Félix de Valdivia, a diferencia de otros talentos que se han atrevido a hacer late night, no es precisamente el hombre más conocido ni en los medios tradicionales ni en los alternativos.

Y pertenece a una generación muy peculiar que confunde la televisión abierta con la de paga, y la comedia televisiva con el stand up comedy.

A usted le consta, la mayoría de estos chicos han sido una catástrofe en televisión, piensan que la televisión nacional es un antro de nicho y en lugar de hacer reír, provocan rechazo.

¿Por qué? Porque su actitud se interpreta como altanera, prepotente y grosera. Atacar a la gente, decir peladeces o recurrir a la escatología no es chistoso en televisión abierta. No lo es.

El caso es que cuando comenzó el estreno de Late Night Express, el lunes pasado, llegué con la espada desenvainada y preparado para lo peor de lo peor.

Usted nada más póngase a pensar en un programa así incrustado entre el noticiario de Hannia Novell y la mesa de Jorge Fernández Menéndez y Bibiana Belsasso.

Yo me quería morir. Hasta me negué a ir al evento de presentación. Evidentemente, no me iba a tomar una copa con los responsables de un concepto al que iba a hacer garras en todas las plataformas habidas y por haber.

Bueno, cuál no sería mi sorpresa cuando comencé a ver el primer episodio de Late Night Express. Me cambió la cara a los dos minutos.

Se trata de una emisión muy atractiva que refresca la pantalla de Proyecto 40 justo entre su noticiario más importante y su principal mesa de análisis y reportajes.

Es un Late Night, pero no es uno de estos mamotretos de una hora o más. ¡Solo dura 15 minutos! Y en esos 15 minutos pasa todo: chistes a manera de monólogo, entrevistas y dinámicas.

¿Cómo le hacen esos señores para manejar tanto material por segundo? Quién sabe, pero el resultado es particularmente dinámico y seductor, especialmente para el mercado joven, que es el más olvidado por los canales inteligentes tanto de las instituciones públicas como de la iniciativa privada.

Sí, es el formato del típico late night de Estados Unidos, pero bien hecho, bien adaptado.

Hay un público en el estudio que permite ir midiendo resultados, pero siempre se está pensando en las audiencias de la televisión y eso vale oro.

Los invitados digitales han resultado ser simpáticos y brillantes. De hecho, yo diría que fundamentales.

¿Por qué? Porque si usted vive ajeno al mundo de las redes sociales, Late Night Express le va a permitir conocer a todos estos chavos y seguirlos.

Y si, al contrario, usted se la vive en internet, gracias a esta aportación se va a acercar y reconciliar con los medios tradicionales y se va a enterar de cosas que a lo mejor ni se imaginaba de sus estrellas en línea.

En lo referente a la parte del conductor, yo sí le tengo que agradecer a don Félix que se esté midiendo, que no sea grosero y que esté trabajando como se debe trabajar en televisión abierta.

En resumen, usted y yo ya tenemos algo que vale la pena ver tanto en las pantallas tradicionales como en internet.

Luche por sintonizar Late Night Express de lunes a viernes a las 21:00 por Proyecto 40 o a través de la página de internet de ese canal.

Es una de las pocas opciones verdaderamente nuevas de toda la industria de la televisión mexicana. ¿O me equivoco?

 

alvaro.cueva@milenio.com