El pozo de los deseos reprimidos

"El fantasma en el espejo"


Si hay algo difícil en el mundo del entretenimiento es hacer teatro de terror.

¿Por qué? Porque nuestra capacidad de asombro ya fui y vino con tantas noticias, con tantas películas y con tantas redes sociales.

Y porque, tristemente, el lenguaje teatral tiende a ser anticuado, mecánico, predecible.

Bueno, el sábado pasado fui a ver la obra El fantasma en el espejo al Teatro López Tarso del Centro Cultural San Ángel en la Ciudad de México, y vi al público genuinamente asustado.

Todos los que estábamos ahí ya no sabíamos ni para dónde voltear de tanto miedo.

Cuando no nos salía un espíritu de un lado, se nos aparecía un personaje por el otro, había un grito que nos estremecía, en el escenario veíamos cosas espeluznantes.

Fue maravilloso, una obra tan buena o más que La dama de negro cuando el gran Germán Robles la protagonizó por primera vez.

Si usted se quiere divertir, pero, además, si usted quiere vivir una experiencia teatral diferente, tiene que correr con su pareja, con sus amigos, con sus compañeros de trabajo y con sus hijos adolescentes a ver esta producción de Jorge y Pedro Ortiz de Pinedo.

E insisto en esto de la pareja, los amigos, los compañeros y los hijos, porque se trata de una puesta en escena ideal para vivir en grupo, para ver la cara de espanto del vecino de al lado, para disfrutar en equipo y relajarse con lo inesperado.

No es común que en los escenarios mexicanos tengamos este tipo de obras y menos con un montaje tan espectacular, por eso hay que luchar por verla, o pedir que vaya a la ciudad en la que usted vive, antes de que nos la quiten para siempre.

El fantasma en el espejo es un garbanzo de a libra. Cada centímetro cuadrado del teatro está perfectamente bien aprovechado para que usted tiemble desde que dan la tercera llamada hasta que acaba el último de los aplausos.

El escenario no es solo lo que usted tiene enfrente. Las butacas juegan un papel fundamental, porque los actores las utilizan como parte de sus trazos y hay una suerte de aparatos ocultos entre los asientos que hace que uno escuche y mire cosas que lo meten a la historia.

A esto súmele una serie de impresionantes efectos especiales que permiten que el escenario se llene de agua, de fuego y de cosas todavía más fabulosas mientras las paredes entran y salen hasta crear una sensación absolutamente cinematográfica.

Y es que esta es una cosa muy bonita que tiene este espectáculo. Es teatro, pero también es cine, pero también radio, narración oral escénica, literatura. ¡Todo!

Es el lenguaje multimedia de 2016 aplicado a un show teatral emocionante, entrañable y ciento por ciento compatible con lo que nos gusta a los espectadores mexicanos.

Porque, no nos hagamos tontos, nosotros tenemos una relación muy especial con la muerte, con los aparecidos, las maldiciones y las supersticiones.

No cualquiera nos pega como nos pega El fantasma en el espejo.

¿Pero sabe dónde comprobé que este montaje sí funciona? En la reacción de los adolescentes y de los millennials que estaban en el teatro.

Ellos, tan acostumbrados a la tecnología, ni en sus peores pesadillas se podrían involucrar con una historia de época, con base en libros y cartas.

Bueno, ellos, tan tecnológicos, eran los primeros en gritar y en llevarse las manos a la cara del susto. ¡Los amé!

No le voy a decir de qué trata El fantasma en el espejo, porque no le quiero arruinar la obra, pero sí le puedo comentar que es un texto formidable.

Desde la escena uno, el público queda atrapado en un desfile escénico lleno de sorpresas donde cinco magníficos actores le dan vida a un montón de personajes en un juego exquisito de talento y precisión.

Destacan, obviamente, Juan Diego Covarrubias y Pablo Valentín, los protagonistas de este cuento de terror.

Juan Diego está tremendo. De seguro usted lo ubica de telenovelas como La vecina.

Aquí es donde uno se da cuenta de que el señor es actor de a de veras y de que tiene un potencial bárbaro.

No me quiero ni imaginar a dónde va a llegar en los próximos cinco años.

Que se cuiden muchas estrellas del cine, las series y el teatro. Juan Diego Covarrubias les podría meter el susto de su vida.

Pablo Valentín, por su parte, es una gloria. Claro que también lo recuerdo de melodramas como Antes muerta que Lichita, pero su flexibilidad escénica aquí es asombrosa.

Sí, nos asusta, pero también nos hace reír, pero también nos pone a penar. ¡Es enorme! ¡De lo mejor que he visto en mucho tiempo!

¿Qué va a hacer en los próximos días? Yo que usted iba agendando una visita a El fantasma en el espejo.

Como el teatro López Tarso es un tanto pequeño, los boletos se acaban muy rápido y la temporada va a ser muy breve. Considérelo.

Si hay algo difícil en el mundo del entretenimiento es hacer teatro de terror y estos señores lo hacen estupendamente bien. ¡Felicidades!

alvaro.cueva@milenio.com