El pozo de los deseos reprimidos

El mundial de la ignorancia

Yo no sé si ésta sea la columna de crítica de televisión sobre los programas especiales del Mundial de Futbol que usted estaba esperando, pero es una de las más desesperadas que he escrito en mi vida.

¡Soy infeliz! ¡Brasil 2014 me tiene al borde de la depresión nerviosa! ¡No puedo más!

¿Y por qué me siento así? Porque no estoy viendo la Copa del Mundo que he visto durante años en la televisión.

Estoy viendo un acto de compulsión audiovisual, un tianguis donde todo es mira, compra, mira, compra.

¿Cómo es posible que usted y que yo le estemos regalando nuestro corazón a un evento así?

Porque ahí va nuestro corazón, nuestra estabilidad emocional, nuestro orgullo nacional.

Es demencial. Es como si le estuviéramos entregando nuestra alma al diablo.

Al final, si sobrevivimos, lo único que nos va a quedar va a ser una sensación de vacío espantosa.

Perdón por todos los compañeros de la industria de la televisión que están participando en Brasil 2014.

Pero esto no es un acontecimiento deportivo, no es una fiesta que estemos gozando, que nos esté dejando algo.

Y hablo desde lo que está pasando en Brasil como nación hasta lo que estamos observando cómo programas especiales pasando por las noticias de la FIFA y por las emisiones que modificaron su identidad para convertirse en algo así como propuestas paralelas.

Jamás en la historia de esta clase de encuentros habíamos tenidos tantas opciones para ver, comentar y participar en una Copa del Mundo.

Pero ni juntándolas todas hacemos el impacto que una sola de las producciones de antaño generaba cuando las familias se sentaban a ver el Mundial.

Y esto aplica lo mismo para la televisión abierta que para la de paga, para la televisión pública que para la privada, y ni hablemos de la televisión por internet.

¿Qué es lo que está pasando aquí que no se siente el peso del deporte, que toda la gente tiene prisa, que casi nadie tiene un discurso y que, salvo honrosas excepciones, no se percibe una sensación de orden?

Apenas van unos cuantos días de Brasil 2014, ¿y sabe cuál sería mi mejor resumen? Pantallas atascadas de gente.

Unos hablan de futbol, otros de sus aventuras de color, otros más cuentan chistes o juegan al periodismo social, pero no importa lo que digan.

Lo que importa es que se vea bulto, que pasen, que pasen rápido, y si tienen nombre, alguna caracterización estrafalaria o un cuerpo escultural, mejor.

¿A usted no le llama la atención, por ejemplo, lo mal que se está hablando de Brasil?

Yo no sé si sea por órdenes de la FIFA, pero es horrible para uno, como espectador, estar escuchando quejas todo el tiempo.

¡¿Entonces para qué fueron?! ¡¿Para qué le dieron la sede?! ¡¿Qué podemos esperar de Río 2016! ¡¿En qué podemos creer ahora?!

Hace cuatro años el Mundial fue en Sudáfrica, un país con más problemas que Brasil, y aunque hubo comentarios negativos sobre algunas sutilezas, no era este odio.

Brasil es un lugar maravilloso, una nación que ha hecho importantes aportaciones, un lugar rico en arte, cultura, música, tradiciones, pintura, cine, literatura, arquitectura, gastronomía. ¡Hasta en telenovelas!

¿A usted no le duele que nada de esto esté presente en los programas especiales que se están produciendo sobre la Copa del Mundo?

Si no fuera por el gran Nicolás Alvarado que está haciendo una diminuta sección en 1:M y dos o tres notitas aisladas de Hola, Brasil, éste sería el Mundial de la ignorancia.

¡No hay secciones de cultura! ¡No hay programas especializados!

¿Adónde se fue lo que Azteca hizo con Beto Tavira en Londres 2012? ¿Adónde se fueron los intelectuales de Televisa?

¡Acuérdese! Antes llevaban a gente como Juan José Arreola y Germán Dehesa. ¡Ahora llevan a Adrián Uribe!

¿Qué pasó con Conaculta Canal 22 y Ludens? En Sochi 2014 no se sintió su ausencia porque tiraron la casa por la ventana, pero aquí, sí. ¿Dónde está Mauricio Mejía? Lo necesitamos.

Lo de Paola Rojas y Karla Iberia Sánchez es precioso, pero va por otro lado. ¿Sí se da cuenta de lo que está pasando?

No puedo creer que hasta ESPN, un canal con tantísimo prestigio, hayan pensado más en sus comediantes que en la cultura. ¡No lo puedo creer!

Sí, hay mucho que decir de lo que se está haciendo en las televisoras de Azcárraga, Salinas, Slim, Vázquez Raña, los Vargas, los González, en los medios públicos, en los canales de paga y hasta en las redes sociales, y lo voy a hacer.

Pero antes tenía que decirle todo esto porque a mí no me cuentan las muelas con el viejo truco de los ratings, con las
cifras de las ventas o con el espectáculo de las encuestas.

Aquí está pasando algo superior que amerita una cobertura crítica diferente, tal vez igual de
compulsiva, tal vez igual de deprimente. Espérela en cada una de mis plataformas.

¡Soy infeliz! ¡Brasil 2014 me tiene al borde de la depresión nerviosa! ¿A usted no? 

http://twitter.com/AlvaroCueva

www.facebook.com/AlvaroCuevaTV