El pozo de los deseos reprimidos

¿Pues no que mucha vocación?

Se me hace una absoluta irresponsabilidad que la televisión mexicana se vaya de vacaciones en estas fechas.

Irresponsabilidad porque, nada más en lo que es la fuente periodística, el país está que arde y lo único que se transmite son resúmenes, notas viejas o reportajes de color.

Irresponsabilidad porque es cuando hay más familias reunidas en casa esperando contenidos entretenidos y de calidad para poderlos ver al lado de sus seres queridos.

Irresponsabilidad porque en estos días es cuando más pesan las enfermedades, la vejez y la soledad, cuando hay más personas tristes anhelando un poco de atención, de esperanza.

Irresponsabilidad porque tantas ausencias lo único que mandan son mensajes negativos y contradictorios.

¿Pues no que mucha vocación? ¿Pues no que mucho compromiso con la noticia? ¿Pues no que mucho compromiso con el pueblo?

¿Pues no que estamos en crisis? ¿Pues no que no hay dinero? ¿Pues no que hoy lo que tenemos que hacer es trabajar?

A mí me pone muy mal ver la tele en estos días, porque cuando era niño no era así.

Se supone que, a diferencia de ahora, vivíamos en el peor de los monopolios, que consumíamos la peor de las chatarras y que lo único que veíamos eran mentiras.

Pero usted encendía el televisor y tenía, en vivo, a Jacobo Zabludovsky dando la noticia, a María Victoria Llamas traduciendo, a Raúl Velasco presentando a sus estrellas y a Guillermo Ochoa y a Lourdes Guerrero ofreciendo grandes contenidos.

Hoy siento que estoy viendo al suplente del suplente del suplente, a puros chavos sin autoridad para decidir si dan o no una nota y ene material de relleno.

Para eso, pongo otras plataformas como Netflix. No es que la televisión tradicional esté muriendo, es que la misma gente que la hace la está asesinando.

Si no fuera por el nuevo Hoy mismo de ForoTV (condenado a ser eternamente la sombra de Brozo), por uno que otro especial perdido en el espacio y por dos o tres telenovelas, le juro que no habría nada que ver en las pantallas de toda la vida.

¡Qué triste! En lo que acabó este negocio. No me quiero ni imaginar las ideas que se están sembrando en la mente y en los corazones de las nuevas generaciones. ¡Qué vergüenza!

Deberíamos aprender de los canales de la BBC que hoy, cuando todo el mundo está enseñando el cobre, tiene a su gente al pie del cañón ofreciendo los contenidos de mayor impacto de la temporada.

Desde esa maravilla de la inteligencia y la sensibilidad titulada When Björk Met Attenborough hasta ese sublime ejercicio de responsabilidad social llamado Ewan McGregor: Cold Chain Mission, pasando por lo que usted quiera, guste y mande de reality shows, cocina, series y documentales.

Ojo, son emisiones caras, que implicaron meses de preparación, con algunas de las estrellas mundiales más famosas del momento.

Es darle la mejor televisión a los mejores televidentes en el mejor momento del año.

¿Por qué nosotros, que nos la pasamos jurando y perjurando que somos la meca de la comunicación de habla hispana, no podemos hacer la mitad de eso?

¿Por qué tenemos que conformarnos con la transmisión de posadas de los empleados que están en las grandes televisoras disfrazadas de programas especiales?

¿Por qué nos tenemos que conformar con unos cuantos spots grabados con imágenes y canciones robadas de películas y comedias musicales? ¿Por qué?

¿Pero sabe dónde los canales de la BBC, como BBC Entertainment, nos dejaron con el ojo cuadrado? Con acontecimientos históricos como The Time of The Doctor.

¿Qué es? Yo lo definiría como el especial de Navidad de la serie Doctor Who, pero la verdad, es que es algo mucho más intenso y profundo que aplica para cualquier temporada del año.

¿Y por qué le digo que es un acontecimiento histórico? Porque, como parte de este especial, vimos la regeneración del personaje más importante de esta historia.

¿Qué es eso? El tradicional cambio de actor protagónico de Doctor Who. Matt Smith le pasó la estafeta al gran Peter Capaldi y yo todavía estoy a nada de soltarme a llorar de la emoción.

Independientemente de lo mucho que me encariñé con Matt, fue un capítulo bellísimo, emocionantísimo, romantiquísimo, chistosísimo. ¡Lo máximo de lo máximo!

Blanco, positivo, motivacional. Las últimas palabras de Matt fueron como para escribirlas en oro:

“Todos somos personas diferentes a lo largo de nuestra vida. Y eso está bien, debes seguir adelante, pero solo lo conseguirás si no te olvidas de las todas las personas que fuiste en el camino”.

No le voy a vender trama para que busque les repeticiones, pero aquello fue una clase de televisión y de profesionalismo en una época en la que todo el mundo está instalado en el egoísmo y echando la flojera.

Y es que se me hace una absoluta irresponsabilidad que la televisión mexicana se vaya de vacaciones en estas fechas. ¿A usted no? 

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