El pozo de los deseos reprimidos

La mejor de todas

Comer es un placer, pero comer un pastel va más allá de eso.

Dentro de la gastronomía, los pasteles son algo especial, un platillo dulce, muy sabroso, que cristaliza las más importantes celebraciones.

Desde una boda hasta un cumpleaños, pasando por nacimientos, graduaciones y lo mejor, siempre lo mejor.

Los pasteles son ricos y bonitos. Su decoración siempre nos sorprende.

Los hay muy divertidos, muy elegantes, los absolutamente barrocos. ¿Y qué me dice de los de colores o de los que tienen cubiertas de frutas?

No hay nada más bello que tener un pastel, porque un pastel no es solo para una persona, es un manjar que se comparte y partirlo es sensacional.

¿Qué habrá en su interior? ¿De qué sabor será? ¿Cuál será su textura?

Un pastel es una sorpresa, una aventura, una experiencia de vida.

¿Sabía usted que en México tenemos a una de las chefs pasteleras más importantes del mundo?

Se llama Paulina Abascal y muchas veces le he escrito de ella, porque es un gran personaje mediático que nos ha regalado cualquier cantidad de programas a través de la señal de El Gourmet.

Pero hay muchas cosas de Paulina que no se saben. La señora es autora de algunos de los libros más importantes, en español, de gastronomía pastelera, incluyendo joyas respaldadas por editoriales tan fundamentales, a escala global, como Larousse.

¿Sabe usted lo que se necesita para que una marca como Larousse se fije en una chef? ¡Todo! Y Paulina lo tiene.

No, y espérese, porque esta comunicadora, además, tiene su negocio, donde crea los pasteles más deliciosos y espectaculares que usted se pueda imaginar.

Para no hacerle el cuento largo, estamos ante una de las grandes personalidades de la pastelería internacional y da gusto verla en televisión porque, además de que está hermosa, es fresca, es cálida y tiene algo que me encanta: dulzura.

No hay manera de escucharla y de no sentir que Paulina ama los pasteles, que ama la cocina, que ama salir en televisión.

Y, se lo digo por experiencia, en este negocio no es común encontrar a alguien que ame. Punto.

¿Por qué le estoy diciendo todo esto? Porque me llena de orgullo anunciarle que ya está al aire el nuevo programa de esta señora.

Se llama La pastelería de Paulina y se transmite los viernes a las 22:00 (con varias repeticiones) por El Gourmet.

¿Por qué me llena de orgullo? Primero, porque me encanta que esta señal latinoamericana le dé su lugar al talento mexicano.

Segundo, porque me fascina ver a Paulina en pantalla y ésta no es la excepción.

Tercero, porque se trata de una producción completamente diferente a todas las que ya le conocíamos a esta chef.

Cuarto, porque se nota una evolución tanto en términos televisivos como humanos.

La emisión luce más cuidada, más fina, más competitiva frente a los más espectaculares programas de pastelería del planeta.

Y Paulina se ve más ella misma, más libre, más creativa, más dueña de la situación, más contenta.

Verla no es ver a la pastelera de la tele, es ver a una mujer realizada, a una amiga. ¡Y eso se contagia! ¡Se disfruta! ¡Es único!

Y quinto, porque el canal El Gourmet estaba como de capa caída. Toda la gente se le estaba yendo, sus producciones iban de la pobreza a la miseria y hace mucho tiempo que no anotaba un gol.

Esto es otro nivel de televisión, volver a las Ligas Mayores, competir no solo contra las nuevas opciones como FOX Life, sino contra el canal que le pongan del país que usted quiera, guste y mande.

¡Qué gusto que algo tan positivo esté sucediendo en la televisión! ¡Bravo!

Ahora, ¿en qué consiste La pastelería de Paulina? ¿Cuáles son sus diferencias respecto a los que la señora Abascal había hecho antes?

Es una especie de híbrido entre los mejores programas de cocina de todos los tiempos con reality show en donde vemos a Paulina en su negocio, en su ambiente.

¿Haciendo qué? Conviviendo con sus colaboradores, con su gente, pero también con sus clientes.

Y si alguien quiere, por ejemplo, una cata para pastel de quince años, la chef busca las opciones más originales, las cocina, las monta en una mesa perfectamente bien decorada y vemos hasta la cara de satisfacción de sus comensales.

Obviamente, la parte más importante es la que tiene que ver con la elaboración de las recetas, pero le juro que es infinitamente superior a cualquier otro programa de pasteles que esté en este momento al aire en América Latina.

¿En dónde radica esa superioridad? En el contenido, la conducción y los valores de producción.

La pastelería de Paulina es una aportación fabulosa y le escribo hoy de ella porque quiero que lo apunte en su agenda para que no se lo vaya a perder mañana.

Comer es un placer, pero comer un pastel va más allá de eso.

México tiene la fortuna de ser el hogar de una de las chefs pasteleras más importantes del mundo y usted la tiene que ver y gozar. De veras que sí.   

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