El pozo de los deseos reprimidos

Los medios, culpables del triunfo de Donald Trump

Si la televisión mexicana no aprovecha el triunfo de Donald Trump para hacer un ejercicio de autocrítica, de veras que se la va a llevar la fregada.

¿Por qué? Porque se cometieron demasiados errores y yo no veo a nadie dando explicaciones, corrigiendo o preparando el terreno para lo que serán las elecciones de 2018.

Prácticamente no hubo una sola televisora que no alimentara en el ánimo de las multitudes que Donald Trump era poco menos que el anticristo, la reencarnación de Hitler, que no dijera que, a partir de él, el mundo se iba a acabar.

Yo le pregunto: ¿se vale?

A lo mejor el señor era muy directo, muy grosero, muy lo que usted quiera, pero ése era su problema, no el de los medios y menos de los mexicanos.

¿Hasta qué punto nuestros canales de televisión ayudaron en la campaña del señor Trump al satanizarlo?

¿Hasta qué punto toda esta epidemia de depresión y rabia que estamos padeciendo no es culpa de la terrible carga negativa con la que nuestras frecuencias lo trataron?

Y, lo peor, ¿hasta qué punto toda esta catástrofe económica, monetaria y de pesimismo financiero que estamos sufriendo no fue preparada directa o indirectamente por nuestras televisoras?

¡Cómo queríamos que no cundiera el pánico si en todos nuestros canales se dijo, durante meses, que si ganaba Trump a México le iba a ir muy mal!

¡Cómo queríamos que la gente no saliera a comprar dólares si lo primero que nos anunciaron fue que si ganaba Trump se iba a devaluar nuestra moneda!

¿Quién empezó este show, Donald Trump o los medios de comunicación con sus exageraciones, su sensacionalismo y su marcada obsesión por subir sus ratings, por hacer dinero fácil?

Será melón, será sandía, pero yo vi, en cadena nacional, tertulias anti-Trump.

Vi a doctos comunicadores insultándolo con particular alegría, a muchas de esas señales que de repente presumen de defender causas, valores y cosas todavía más sagradas, despedazando a este hombre con odio, con absoluta irresponsabilidad.

¿Se dan cuenta ahora de que organizaron tertulias en contra del presidente electo de Estados Unidos, de que lo insultaron, de que trataron con odio e irresponsabilidad a quien acusaban de moverse a través del odio y de la irresponsabilidad?

¿No se sienten medianamente culpables? ¿Con qué cara pretenden hacer negocios con Estados Unidos a partir de esto?

¿Cómo quieren que nuestros vecinos del norte los traten bien tras estos imperdonables ejercicios de estupidez?

Usted nada más póngase a pensar en qué sucedería si hubiera sido al revés, si las cadenas estadunidenses hubieran tomado de su puerquito a alguno de nuestros candidatos a la Presidencia de la República.

¿Lo permitiríamos? ¿Nuestras autoridades se quedarían calladas?

¿Por qué en lugar de alimentar el rencor entre los latinos y este personaje, que fue algo que manejaron insistentemente, jamás se detuvieron a analizar los discursos del señor Trump?

¿Por qué, en la cúspide del cinismo, se atrevieron a establecer un paralelismo entre él y Andrés Manuel López Obrador? ¡Por qué!

El buen juez por su casa empieza y más allá del fenómeno mundial, alguien le tiene que mover el tapete a los medios nacionales, especialmente a la televisión, para que sus responsables entiendan lo que hicieron y lo corrijan.

¿Cómo le van a quitar la depresión al pueblo después de lo que sucedió el martes pasado?

¿Cómo van a reconciliar a México con Estados Unidos, a los latinos con el resto de ese gran país?

¿Cómo van a impedir que nuestros negocios se desplomen todavía más? ¿Cómo van a curar tantas heridas?

No, y ni nos metamos con el tema de las encuestas porque entonces sí nos podemos cortar las venas.

¡Por eso luego nadie los quiere! ¡Por eso luego nadie les cree! Primero nos llevan a todos a creer algo y después, con la pena, fíjense que siempre no.

¡Así no se puede! ¡Van a acabar con la gallina de los huevos de oro!

Yo lo único que quiero saber, como crítico de televisión, es si nos vamos a portar igual con los candidatos a la Presidencia de la República que tendremos en 2018.

Porque si ésa es la idea, la industria de la televisión mexicana debe asumir desde hoy las consecuencias económicas y morales de lo que va a suceder después tal y como no lo ha querido hacer con el patético talk show que construyó alrededor de Hillary Clinton y Donald Trump.

Y porque, obviamente, va a tener que negociar con el INE para poder cambiar las reglas del juego.

Yo no creo que a los partidos políticos o a los candidatos independientes les vaya a dar gusto que nuestros canales les vayan a hacer tertulias en su contra por muy ruda que sea su personalidad.

¿Entonces por qué sí se las hicimos a Donald Trump? ¿Por qué nos equivocamos a tal grado que estuvimos a punto de crear un conflicto internacional entre México y Estados Unidos?

Piénselo. Es terrible. ¿A poco no? 

 alvaro.cueva@milenio.com