El pozo de los deseos reprimidos

La final de "MasterChef México" 2016

Tv Azteca nos acaba de dar una lección de muchas cosas hermosas con la gran final de MasterChef México.

¿Por qué? Porque ganó Bertha, ganó a la buena y eso le manda mensajes al pueblo, a los anunciantes, a la industria e incluso a las personas en el poder.

¿Quién es Bertha? Una señora que hasta antes de inscribirse en este reality show era una humilde trabajadora doméstica.

Sí, una sirvienta, una persona pobre, del pueblo, mujer.

¿Cuáles son esos mensajes? Primero, que en este país no se necesita ser ni rico, ni blanco, ni del género masculino, ni haber estudiado en las más caras universidades para triunfar.

Segundo, que una mujer con entusiasmo, disciplina y trabajo puede alcanzar la cima, que se puede superar.

Porque aunque casi nadie lo haya destacado, sí es muy revelador el crecimiento personal de Bertha desde que salió por primera vez en ese programa, hasta que obtuvo su reconocimiento en la final.

Tercero, que la comida mexicana, la que comen nuestras personas más sencillas, la que se prepara en casa, en los pueblos, está a la altura de las mejores del mundo.

Cuarto, que los mexicanos, sin importar nuestros orígenes, nos debemos sentir orgullosos de lo que somos, de lo que tenemos, de nuestra herencia cultural.

Si Bertha brilló en el último capítulo de MasterChef fue porque, a diferencia de sus compañeras, no sintió pena al preparar lo nuestro, lo más común.

Y quinto, que vale la pena creer, soñar, amar lo que uno hace, esforzarse, ser bueno, reír, llorar, sudar, vivir.

Todavía hay esperanza. Todavía se puede alcanzar el éxito a través del camino del bien.

La vida de Bertha jamás volverá a ser la misma después de haber participado en este reality show, después de haber ganado, y eso es lo más maravilloso de esta producción de Alejandro Esquivel.

Cuando un programa cambia vidas, vale la pena, y estoy convencido de que MasterChef México no solo le cambió la vida a esa trabajadora doméstica.

Se la cambió a Maru, a Melissa, a todos sus participantes, a Betty, a Benito y a Adrián, sus fabuloso jueces, a Anette Michel, su espléndida presentadora, a cada uno de los miembros de la producción y, lo más importante, al público, a México.

No sé usted, pero yo, desde que veo este espectáculo, cocino más, cuido lo que hago, valoro nuestra gastronomía, me esmero en los “emplatados”, en el uso de la sal.

Y ni hablemos de los deliciosos momentos de convivencia familiar frente a la televisión.

Mis domingos de MasterChef eran padrísimos. Todos juntos, chicos y grandes, cocinándonos algo especial, muy mexicano, y vibrando al ritmo de los retos.

Nunca le voy a terminar de dar las gracias a los responsables de esta joya por esas noches de convivencia, porque ya no son tan comunes, porque ahora cada quien mira algo diferente en su propio dispositivo.

MasterChef México les devolvió el poder unificador a la gran televisión abierta nacional (más la parte que le corresponde a Discovery Home & Health).

MasterChef México nos demostró que esto está vivo, que funciona, que tiene futuro y, lo mejor de todo, que cuando se hace bien, vende.

Ah, que bien hecho estaba todo: la parte de la adrenalina, el sentimentalismo, el rigor, el reparto, los platillos, las historias personales, el desarrollo de cada uno de los personajes, la edición.

Ah, qué increíble esta el tema de la comercialización. Yo quisiera saber qué otro medio fue capaz de reunir a tantas y tan buenas marcas en un solo concepto en los últimos meses y, además, ver resultados. ¡No cualquiera!

¿Pero sabe por qué estoy tan feliz con el final de la más reciente temporada de MasterChef México?

Porque me remitió a lo que sucedía con las telenovelas de antes.

¿De qué trataban algunos de nuestros más memorables melodramas como María Isabel, Simplemente María y Guadalupe?

De sirvientas que a base de trabajo y honestidad se superaban hasta convertirse en mujeres ricas y exitosas.

¡Es la historia de Bertha! ¡Es la historia de la niña Rubí que va a cumplir 15 años en unos cuantos días!

Aquí hay algo parecido a una necesidad emocional, a obtener en otros formatos lo que nuestros arrogantes productores telenoveleros ya no nos quieren dar con “verdad”.

Aquí están las claves de un México que sabe sobreponerse a las crisis y buscar en sus valores ancestrales, buscar en sus valores familiares, la solución a sus problemas.

Tv Azteca nos acaba de dar una lección de muchas cosas hermosas con la gran final de MasterChef México.

Seamos humildes, aprendamos, corrijamos, disfrutemos de las cosas simples que le han dado sentido a nuestra vida desde tiempos de nuestros abuelos y contagiémonos, aunque sea un poco, del espíritu de Bertha.

¡Qué gran mujer! ¡Qué gran ejemplo! ¡Qué bonito nuestro MasterChef México 2016! ¿A poco no?

¡Felicidades a todos los involucrados! Nos vemos en 2017.

alvaro.cueva@milenio.com