El pozo de los deseos reprimidos

Masacre en Monterrey

Todos sabemos lo que ocurrió ayer en el Colegio Americano del Noreste en Monterrey, pero al mismo tiempo sucedió algo interesantísimo: las redes sociales frenaron a los medios de comunicación.

Seguramente usted también lo vivió: se dio la tragedia y un medio, ni tardo ni perezoso, consiguió el supuesto video de la masacre y sin más ni más, lo subió a internet.

De inmediato otros medios retomaron las imágenes, sacaron fotos, subieron otros supuestos retratos y en cuestión de minutos aquello se convirtió en un espectáculo de nota roja.

Si fuera cierto todo lo que muchos ejecutivos, productores y editores de nuestros medios dicen sobre el rating, lo que vende y lo que el público quiere, esa situación se hubiera convertido en el cañonazo del siglo XXI.

¿Pero, qué cree? La gente, hombres y mujeres como usted o como yo, reaccionó en sentido contrario.

La primera respuesta a ese video fue: no compartas esto.

La segunda: condena absoluta a los medios de comunicación que subieron ese material.

Perdón, pero esto es insólito e, insisto, contradice todas esas afirmaciones que a cada rato nos dicen los directivos de nuestros canales de televisión, estaciones de radio, periódicos y revistas.

¿Qué hay detrás de esta reacción? Algo que considero admirable: audiencias críticas en el mejor de los sentidos.

Lo que la gente señalaba en redes como WhatsApp, Twitter y Facebook era que si se compartía ese video se le iba a hacer publicidad a ese evento, que esa clase de situaciones se iban a convertir en sinónimo de estrellato, que se le iba a dar un mal ejemplo a las multitudes.

Por supuesto, también se hablaba de respeto a las víctimas, a sus familias y al resto de los estudiantes y de los trabajadores de la institución afectada.

Y, lo más impresionante, que no se valía jugar con menores de edad, que eso era ilegal, que bajo ninguna circunstancia se puede sacar el rostro de niños y adolescentes en este tipo de materiales.

Por si esto no fuera suficiente, el remate era todavía más significativo: además de todo el tema de la seguridad, la educación y los principios… ¡las narconovelas! Su impacto en la sociedad.

Sí, después hubo líderes de opinión que se colgaron de estas observaciones para jalar agua para sus molinos, pero esos primeros comentarios salieron de la gente, del pueblo.

En los últimos años he tenido el privilegio de participar en cualquier cantidad de juntas, foros y congresos nacionales e internacionales sobre ética, valores, periodismo, entretenimiento y medios de comunicación.

Le juro que las discusiones son acaloradas, que cuesta trabajo sensibilizar a los trabajadores de la industria sobre la importancia de esto.

No quieren, no les gusta, es muy especializado. Sienten que las va a costar mucho, que van a perder dinero.

Ahora, de la desgracia surgió una masa experta en leyes, códigos de ética y medios de comunicación.

Y no eran bots, porque muchos de los cibernautas que lucharon por contener la difusión de esas imágenes eran conocidos míos, personas de carne y hueso.

¿Se da cuenta de lo que esto significa? Que el público no es estúpido, que las audiencias ya manejan conceptos que muchas veces ni siquiera manejan los hombres y las mujeres que trabajan en nuestros medios de comunicación.

Esto es muy fuerte para el futuro inmediato del periodismo y el entretenimiento mexicano.

Los espectadores ya saben lo que pueden y deben compartir y lo que no, ya entienden que una masacre no es morbo, que no es show.

Ya saben que si comparten el video de una matanza le van a hacer un favor a los responsables y que van a inspirar a más y peores delincuentes.

Estos señores, estas señoras, estos jóvenes, tienen una nueva sensibilidad, no están dispuestos a faltarle al respeto a los demás ni a violar los derechos de los menores de edad. ¡Saben de derechos!

Esta multitud educada casi, casi a golpes en la comunicación tradicional y digital, comprende el gravísimo error que ha sido el entregarle nuestras pantallas a las narconovelas.

Me queda claro que la autoridad va a hacer su trabajo en relación a los medios que actuaron de manera irresponsable al subir el material de la tragedia y que usted y yo tenemos mucho qué reflexionar sobre esta historia.

¿Pero qué va a pasar a partir de ahora? ¿Cómo va a ser la relación entre los medios y las audiencias? ¿A quién sí se le va a tomar en cuenta y a quién no?

¿Quiénes practican la doble moral? ¿Quiénes no se tientan el corazón para hacer negocio con la sangre, con la violencia y con lo peor?

Códigos de ética. ¿Quiénes tienen códigos de ética, desde cuándo y en qué situaciones podemos notar su correcta aplicación?

¿Qué va a suceder con las narconovelas? ¿Se seguirán transmitiendo como si nada?

Ayer las redes sociales frenaron a los medios de comunicación y lo hicieron para bien. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com