El pozo de los deseos reprimidos

Margarita Zavala, Teletón y los cambios

Me interesa Margarita Zavala. Creo que ahí está pasando algo a nivel político, mediático y de oposición.

Estamos hablando de una mujer en un país de machos, de alguien que ya pisó Los Pinos en un México que odia a todos los que han pisado Los Pinos, de alguien que está luchando hasta contra el partido que la vio nacer.

Más allá de las encuestas, tomando en cuenta la cultura del espectáculo y lo que acaba de suceder en Estados Unidos, es una gran historia, un gran personaje.

El caso es que el sábado pasado, por la mañana, me di la vuelta por el Encuentro Nacional de Yo con México, la plataforma donde se está moviendo.

Quería saber si era de verdad, si se la había “subido”, si la gente la estaba apoyando.

¿Y con qué fue con lo que me encontré? Con un eventazo calidad mundial perfectamente bien organizado, cálido e inteligente, con hombres y mujeres de toda la nación.

Había ricos y pobres, jóvenes y viejos, y gente del campo y de la ciudad más indígenas, homosexuales, discapacitados. ¡Todo!

Aquello era como un retrato de México donde diferentes personalidades tomaban el micrófono lo mismo para contar historias muy íntimas de problemas de salud y de discriminación que para plantearnos la necesidad de seguir luchando por los derechos humanos y por la equidad de género.

¿Qué fue lo que más me llamó la atención a mí, crítico de televisión, periodista de espectáculos?

Primero, la ausencia de ciertos medios que, cuando se trata de otras personalidades, sí cubren y cubren mucho.

Segundo, el enorme crecimiento de la señora Zavala como personaje.

De la primera vez que la vi, cuando se presentó Yo con México, a ahora, ella ya fue y vino 25 veces.

Sabe qué hacer, qué decir, cómo contestar, cómo resolver situaciones inesperadas (como cuando alguien del público lanzó un comentario irónico contra el PAN) y, lo mejor de todo, cómo ser crítica con las situaciones que estamos padeciendo.

Y, por último, lo que más me llamó la atención fue una serie de expresiones muy emocionales que fui escuchando por ahí, como “madre amorosa”, muy diferentes a las que se suelen escuchar en los eventos políticos y que me remiten a cuestiones muy profundas del espectáculo.

“Madre amorosa”. ¿Se da cuenta de toda la fuerza, de toda la dulzura y de toda la esperanza que hay detrás de esta expresión? Me sentí en Game of Thrones.

¡Qué eventazo! ¡Qué historia! ¡Qué personaje! ¿O usted qué opina?

LA SOLUCIÓN

¿Usted vio Teletón, el programa de televisión que año tras año se transmite en varios canales y que estaba anunciado la noche del viernes pasado?

Pues dígame qué le pareció porque yo no lo vi. No lo transmitieron.

Teletón era un mazacote insufrible marca Televisa donde las estrellas se la pasaban chantajeando a las multitudes entre lágrimas e historias dolorosas con niños que se exponían a cosas rarísimas mientras se construía una especie de suspenso telenovelero porque la meta estaba muy lejos.

Lo que muchos canales transmitieron desde la noche del viernes pasado hasta la madrugada del domingo fue una experiencia digna de las mejores industrias mediáticas del planeta.

Un montón de medios se unieron en perfecta armonía para presentar una campaña de responsabilidad social abierta, madura y respetuosa con metas realistas y sin miedo a exponer una situación de crisis para apoyar a miles de niños con discapacidad, cáncer y autismo.

¡Cuándo en Teletón alguien hubiera imaginado que iba a salir un Federico Arreola a decir “no nos importa Televisa”!

¡Cuándo en Teletón se iban a aceptar las críticas y a atender los chismes de las redes sociales sin odio, sin rencor!

¡Cuándo se iba a hablar de impuestos y de Fundación Teletón frente a los servicios públicos de salud! ¡Cuándo!

Por eso le digo, lo que usted, millones de personas y yo vimos el pasado fin de semana no fue Teletón, ni siquiera el de 2015 que fue espectacular.

Fue otra cosa que yo celebro con toda el alma porque me habla de humildad, de evitar aquellos eventos que en lugar de proyectar una necesidad económica proyectaban un poder político, de construir algo nuevo, sereno y actual.

Amé Teletón 2016 porque fue como regresar al primer Teletón, no al de Televisa sino al de los medios unidos, al de las llamadas en vivo.

Fue como volver al origen, pero con el lenguaje, las posibilidades y los recursos de hoy.

Qué orgullo que por fin alguien esté entendiendo las claves del negocio de la televisión en el siglo XXI.

Qué alegría que toda esta transparencia, que toda esta honestidad, se haya traducido en un beneficio para nuestros niños con discapacidad, cáncer y autismo.

Hágame y hágase un favor: estudie con detenimiento que sucedió en Teletón 2016 y compárelo, por ejemplo, contra la edición de 2014.

Observe los cambios, gócelos y, si usted también trabaja en esto, aplíquelos. Son “la solución”. ¿A poco no? 

alvaro.cueva@milenio.com