El pozo de los deseos reprimidos

La tenemos que ver, porque la estamos viviendo

Juro que lo que le voy a contar es cierto: hace muchos años, en 2004, fui al cine a ver una película que se llamaba Una serie de eventos desafortunados, y me enloqueció.

Es el tipo de historias que me encanta, con mi sentido del humor, con una propuesta estética preciosa y con un reparto de puras figuras del más alto nivel como Jim Carrey y Meryl Streep.

Me la pasé increíble. Por supuesto, corrí a buscar todos los libros en los que se inspiró ese filme y los devoré como tarado.

Me hice fan, descubrí que la película cambió muchas cosas de las novelas y, a pesar de eso, me quedé esperando la continuación.

¿Por qué? Porque claramente se trataba del principio de algo. En los libros había material para más películas, para muchísimos más eventos desafortunados.

Pero la continuación nunca llegó y me tuve que conformar con comprar la película en dvd.

Hoy va a ser uno de esos fines de semana en los que vale la pena que nos encerremos a piedra y lodo a ver Netflix.

¿Por qué? Porque además de que la mayoría de nuestras televisoras nacionales siguen como de vacaciones, ese importante sistema de distribución de contenidos en línea va a estrenar la primera temporada de su versión, en serie, de este concepto.

¡Sí! ¡Hoy llega Una serie de eventos desafortunados a nuestras computadoras, Smart Tv, tablets y teléfonos celulares!

Tuve el privilegio de ver por adelantado varios de los capítulos que integran la primera temporada de este proyecto y se lo voy a decir tal cual:

Una serie de eventos desafortunados, la serie, la producción original de Netflix, es mejor que Una serie de eventos desafortunados, la película.

¿Sabe usted lo que es mejorar una película con Meryl Streep? Bueno, pues de este tamaño es este título. Le suplico que lo busque ya y que lo goce de principio a fin.

¿De qué trata? Seguramente usted ya lo sabe pero no importa, a diferencia de otra clase de emisiones, aquí, que nos vendan trama, los famosos spoilers, no afectan.

Lo importante de esta serie no es lo que pasa sino cómo pasa, la puesta en pantalla, el estilo, las cuestiones estilísticas.

Es la historia de tres niños muy bonitos, muy felices y muy inteligentes que lo tienen todo, pero que un día lo pierden y deben enfrentar las peores catástrofes que usted se pueda imaginar.

¡Dios! ¿Qué puede tener esto de divertido, de positivo?

Que se crea una sensación como de Los locos Addams en donde todo lo oscuro se vuelve luminoso y donde bajo el morboso atractivo de la desgracia se le hace un canto a la esperanza, a los valores, a lo mejor.

Por si esto no fuera suficiente, su sentido del humor va de lo negro a lo macabro, lo cual es delicioso.

Uno está viendo que a esos pobres niños les quieren hacer lo peor de lo peor y en lugar de entristecerse, de deprimirse o de angustiarse, termina carcajeándose.

Y no, no es porque uno esté mal. Es por una suerte de juego con el público mezclado con ejercicio de inteligencia y válvula de escape.

¿Pero sabe qué es lo más bonito de Una serie de eventos desafortunados? Que es un show para niños y para adultos.

¡Cómo que para niños! Sí, para ellos porque ése es exactamente su sentido del humor, porque nuestros chicos son más listos de lo que creemos y porque la comedia es eso, inteligencia, denunciar vicios, exponer defectos.

¿Puede haber un vicio más asqueroso que el de la gente que goza recibiendo malas noticias?

¿Puede haber un defecto más horrible que el de quejarnos por diversión, por pose, para aparentar saber más que los demás?

Usted nada más siéntese con sus hijos a ver Una serie de eventos desafortunados y ellos serán los que le pidan que aquello se convierta en maratón.

Es el cuento infantil más oportuno para mirar en este momento en el que todo pinta mal: desde Trump hasta el gasolinazo, desde las protestas sociales hasta la devaluación.

Todos nos hemos convertido como en personajes de Una serie de eventos desafortunados. La tenemos que ver porque la estamos viviendo. Punto.

Y como los protagonistas de esta historia, lucharemos por salir adelante, por vencer a las fuerzas del mal.

Por si todo lo que le acabo de decir no fuera suficiente, el productor y gran estrella de esta obra es Neil Patrick Harris y lo acompaña un reparto sensacional.

El que no es un niño con todo el talento del mundo ha estado nominado al Oscar, al Emmy o a los Golden Globes.

Y la dirección de arte es simple y sencillamente preciosa: una fantasía negra de principio a fin.

¿Cuál es la nota? Que mientras que la mayoría de las televisoras de México y del resto del mundo está apostando casi por puros contenidos solemnes, violentos o extremadamente sexuales, Netflix, no.

La marca líder de televisión on line de todo el planeta nos está proponiendo volver a los mercados familiares, atender a los niños. ¡Por algo será! ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com