El pozo de los deseos reprimidos

Yo voto por "La candidata"

Para que yo escriba dos veces seguidas de una misma telenovela es porque, de plano, se trata de algo fundamental.

Y es que La candidata es eso, algo fundamental para la industria del entretenimiento mexicano, el comienzo de una nueva era, la posibilidad, tal vez irrepetible, de devolverle el prestigio a la televisión abierta privada nacional.

¿Qué es La candidata? ¿Por qué tanto escándalo si ya habíamos visto muchas historias sobre políticos y sobre cuestiones electorales como Nada personal (1996), El candidato (1999), Estados de gracia (2012) e Infames (2012).

Porque ninguna de esas historias había salido de Televisa, la casa productora más poderosa, influyente, pero al mismo tiempo más conservadora de todo el país y porque esto, definitivamente, significa un cambio.

Pero espérese, además, como telenovela, La candidata es excelente, de lo mejor.

¿De qué trata? En una primera lectura, de una mujer honesta que lucha por el amor, por su familia y por su país, pero hay algo más.

La candidata es un gran retrato del México y del mundo de hoy, de lo que todos estamos sufriendo como personas, parejas, padres, hijos y trabajadores.

Está toda la porquería del poder, de los partidos, de las empresas, de los medios y de nuestros hogares.

Pero también está la esperanza y eso convierte a esta producción de Giselle González (Yo no creo en los hombres) en una joya invaluable.

Qué buen trabajo literario de Leonardo Bechini, Óscar Tavernise, María Elena López, Ariana Martín, Marta Azcona, Jordi Arencón, Miguel Hervás y Covadonga Espeso.

Aquí los personajes no se esperan para resolver un conflicto.

No, apenas lo están sacando y ya lo están arreglando, le dan cuatro vueltas, lo hacen crecer y al final uno se queda con la boca abierta.

¿Y qué me dice del reparto? Todos los actores que salen en La candidata, nuevos y consagrados, son sensacionales.

Trabajan lo mismo con la entonación que con los ojos. Esto no es común en una telenovela nacional. Es admirable.

Y sí, tiene que ver con personalidades tan famosas en el cine, el teatro y la televisión como Silvia Navarro, Víctor González, Rafael Sánchez Navarro, Susana González, Nailea Norvind, Ari Telch, Helena Rojo, Patricio Castillo, Luz María Jerez, Juan Carlos Barreto, Juan Carlos Colombo, Verónica Langer y Adalberto Parra.

Pero también tiene que ver con la cuidada dirección de escena de Eric Morales y Juan Pablo Blanco.

La candidata es una telenovela pero se ve como cine, como serie. Se ve como una telenovela del siglo XXI que puede ir a los más caros mercados internacionales, competir y ganar.

No sé cómo la esté sintiendo usted, pero yo, cuando la miro, no puedo parar de extasiarme porque está bordada a mano.

Las imágenes de Luis García, Alfredo Kassem, Víctor Soto, Armando Zafra y Luis Rodríguez se ven estudiadísimas.

La cámara comienza a correr y entra por un espacio, y se va a otro, y a otro, y a otro. ¡Y nunca corta! Y cuando corta es porque lo que vamos a ver en seguida va a ser todavía más impresionante.

No es la primera vez que en la televisión mexicana se utilizan técnicas fotográficas de cine, pero tantas, tan seguido, como un estándar de calidad, jamás.

No, y ni hablemos de lo otro. ¿Ya se fijó en la belleza de los espacios tanto en foro como en locación? ¿Ya se detuvo a observar con detenimiento la propuesta estética que hay detrás de este concepto?

Qué genialidad la de Jimena Galeotti, la directora de arte. Qué talento el de Diego Lascuráin e Israel Alva, los escenógrafos. Qué precisión la de Esperanza Carmona, la ambientadora.

Quién sabe cómo le hizo Giselle González para reunir a tanta gente tan buena, de tantas áreas, y crear un estilo propio, hermoso, fino y popular. ¡Pero lo hizo! ¡Lo hizo!

Mire, la voy a confesar algo muy penoso: los actores de las telenovelas mexicanas suelen salir espantosos a cuadro porque no cualquiera los sabe vestir, maquillar y peinar para la HD, mucho menos para la 4K.

Usted mira La candidata en un monitor 4K, como yo, y le juro que todos se ven increíbles.

¡Qué diseño de imagen! ¡Qué exquisitez de vestuario! ¡Qué hermosura de accesorios! ¡Qué precioso maquillaje! ¡Qué calidad la de los peinados!

Así de buenas están la música y la edición.

Por favor, discúlpeme si me detengo en estas cosas que aparentemente no significan nada, pero significan todo y es hasta que uno se topa con productos del nivel de La candidata que aprende a apreciarlas. 

Gracias a Mayte Rivera, Dulce Rocío Vázquez, Cecilia García Molinero, Vivian Román, Lorena Pimentel, Diana Pérez, Dulce María Lavaniegos y a todos los demás que por cuestiones de espacio no caben en esta columna.

Pero tenía que hacerles un reconocimiento. Mencionarlos. La candidata es otra cosa. ¡Qué orgullo que sea mexicana! ¡Qué honor poderla ver todas las noches! ¿A poco no? 

alvaro.cueva@milenio.com