El pozo de los deseos reprimidos

Jenni Rivera en Tv Azteca

¿Se acuerda cuando le escribí con bastante entusiasmo del estreno de Su nombre era Dolores, la Jenni que yo conocí en Estados Unidos?

Bueno, pues ahora soy el crítico de televisión más feliz de todo México, porque por fin llegó a nuestro país.

¿Cuál es la nota? Que esta producción de Univision, que es Televisa, no entró a territorio nacional por Las Estrellas o por Blim, como hubiera sido lo lógico.

No, entró por Azteca 13, por la competencia directa de Televisa.

Los señores de Las Estrellas deben estar echando espuma por la boca, porque esta bionovela era para ellos. Es sobre Jenni Rivera, sobre una de sus figuras más queridas.

¡Acuérdese de todo el escándalo que hicieron cuando murió! 

Y la perdieron. ¿Por qué? Por todo este asunto hipercomplejo de coproducciones entre diferentes empresas de distintos puntos del continente que hace que cualquier contenido pueda estar en cualquier parte.

No, pero espérese. ¿Qué me dice de la gente de los cables y de las antenas directas al hogar? A ellos también les ganó Tv Azteca. ¡Les ganó la televisión abierta!

Por si esto no fuera suficiente, los señores de Azteca 13 son unos genios a la hora de programar bioseries.

No solo las colocan quirúrgicamente en los mejores horarios, las acompañan de magníficos programas especiales y de estupendas mesas redondas respaldadas por el talento de Pati Chapoy y de su equipo de periodistas.

Hoy Jenni Rivera brilla de lunes a viernes a las 20:30 en Azteca 13 y sería un error que usted se perdiera este espectáculo.

La razón es muy simple: La Jenni que yo conocí no es un producto como Hasta que te conocí o Celia, es algo así como un siguiente paso después de Por siempre Joan Sebastian.

¿Qué le quiero decir? Que más que inclinarse por el lado de las series o de sucumbir al encanto de las telenovelas, apuesta por la creación de un nuevo lenguaje.

Se lo señalé cuando Carla Estrada sacó lo de Joan Sebastian o cuando Su nombre era Dolores apareció en Univision: estamos ante el nacimiento de algo importante.

¿Qué? Un subgénero latino altamente popular, comercializable e ideal para la televisión abierta.

Es un mezcla de los legendarios videohomes de los años 80 y 90 con personajes del medio artístico popular y una suerte de imitadores.

Porque los actores que interpretan a los personajes de estas obra, muy independientemente de que tienden a ser inmensas figuras del cine y del teatro, más que crear o que interpretar, imitan.

Y uno, de este lado de la pantalla, en lugar de apreciar su trabajo como normalmente lo haría en cualquier otro formato, está observándolos con detenimiento para ver qué tanto se ven, se oyen, se mueven como las personas reales a las que le están dando vida. En resumen, los conceptos como La Jenni que yo conocí cumplen hoy con las funciones con las que cumplían antes las telenovelas tipo Cenicienta, los programas de variedades tipo Siempre en domingo y los shows de imitadores al estilo de Los Polivoces.

Es como tener lo mejor de la televisión de ayer pero con la libertad editorial y cinematográfica de la televisión de hoy.

Un proyecto como Su nombre era Dolores hubiera sido aberrante en 1984 o 1991.

Hoy es una delicia y este título, en particular, es altamente recomendable solo que para que usted lo goce se tiene que poner en modo Jenni.

Olvídese de Game of Thrones y House of Cards. Aquí hay que echar chisme, echar relajo y rendirle homenaje a un figura que, a diferencia de otras que andan por ahí en el mundo de las bionovelas, sí representa cosas fundamentales.

Desde cuestiones de empoderamiento femenino, irreverencia y maternidad, hasta situaciones de respeto a las audiencias más humildes, superación personal e imperfección.

¡Qué tan grande no será el legado de Jenni Rivera como artista, como ser humano y como mujer que cuando hablamos de ella no tenemos una ni dos, tenemos tres series de televisión contando su historia!

Su nombre era Dolores, La Jenni que yo conocí es excelente y sí, yo sé que le debemos aplaudir a María Rojo, a Luis Felipe Tovar, a Tomás Gorós, a Javier Díaz Dueñas y a un montón de actores más por su inmenso trabajo.

Pero yo quiero hacerle un reconocimiento a Luz Ramos, porque ella, que la está haciendo de Jenni Rivera, no tenía ese renombre en la opinión pública y se está desenvolviendo como solo lo hacen las estrellas de verdad.

Su vida jamás volverá a ser la misma después de esta combinación de actuación, interpretación e imitación.

¿Ahora entiende cuando le digo que soy el crítico más feliz de México?

Ya era hora de que esta bioserie se estrenara en nuestro país. Ya era hora de dar un paso más en la producción de contenidos populares para la televisión abierta.

Por favor, luche por ver Su nombre era Dolores todas las noches en Azteca 13. Le va a gustar. De veras que sí.

alvaro.cueva@milenio.com