El pozo de los deseos reprimidos

'El hotel de los secretos'

Por supuesto que vi el estreno de El hotel de los secretos el lunes pasado por Univisión y estoy deprimidísimo.

No sabe usted qué concepto tan más hermoso, extraordinariamente bien producido, con un elenco del más alto nivel, unos textos preciosos y un trabajo de arte exquisito.

Es un orgullo total. Punto. Una maravilla.

Como usted sabe, El hotel de los secretos es una adaptación, de los señores de Televisa, de la serie española Gran hotel.

Y cuando le digo adaptación, créame, los escritores de este proyecto en verdad se pulieron, porque no nada más trasladaron un asunto ibérico a nuestro país.

Le dieron un sentido todavía más romántico, entrañable y con personajes todavía más redondos.

Es la historia de todo lo que pasa con los dueños, los trabajadores y los visitantes de un lujoso hotel de la provincia mexicana a principios del siglo XX.

Para no hacerle el cuento largo, es como Downton Abbey, primero a la española, ahora a la mexicana.

Y funciona, porque además del asunto de las clases sociales tiene mucha nostalgia, amor y misterios.

El hotel de los secretos es una joya del productor Roberto Gómez Fernández (El color de la pasión) con Irene Azuela, Erick Elías, Diana Bracho, Jorge Poza, Ximena Herrera, Carlos Rivera y Alejandro de la Madrid, entre muchas otras estrellas.

¿Qué es lo primero que llama la atención aquí? Que para alcanzar este altísimo nivel de calidad, el señor Gómez Fernández, en lugar de convocar a la gente que normalmente se convoca en Televisa, salvo honrosas excepciones, contrató talento de otras empresas, de otras industrias.

Sus escritores no son los que hacen las telenovelas de El Canal de las Estrellas. Sus actores no son lo que bailan en Sabadazo.

Estamos hablando de figuras con experiencia en cine, en teatro y en otra clase de televisión.

Sí es un golpe a nivel interno porque es el reconocimiento de que algo no está bien en XEW-TV.

Pero bendito golpe, porque hace muchos años que no se veía una producción de este tamaño en nuestro país.

¿Por dónde quiere que empiece? ¿Por la delicadeza de la dirección de escena que cuida hasta la dirección de las miradas?

¿Por la excelencia de Diana Bracho, por la magistral actuación de Daniela Romo o por la fotografía?

¿Por dónde quiere que comience los elogios? ¿Por la música, la edición, la iluminación, el vestuario, el maquillaje o los peinados?

Aquí uno se la pasa bien, se reconcilia con la pantalla y, lo más impresionante, se llena de esperanza.

Esperanza en la televisión mexicana, en el medio artístico nacional, en nosotros como eje creador de espectáculos.

¿Hace cuánto tiempo que usted, mirando una telenovela de Televisa, no se llenaba de esperanza, de luz?

Piénselo. Es el principio de un cambio, de una muy esperada transformación.

¿Entonces por qué le digo que estoy deprimidísimo? Porque El hotel de los secretos, en lugar de haberse estrenado en el horario más importante de El Canal de las Estrellas se estrenó del otro lado de nuestra frontera norte, en Univision.

Es como si Televisa nos estuviera diciendo: "Ya no me importa México. Ahora trabajo para el mercado hispano de Estados Unidos. Allá está el dinero. Allá me voy".

Es como si nos gritara en la cara: "La gente que se merece lo mejor no es la que está aquí, no es la que se quedó. Es la que vive allá.

Que los televidentes mexicanos se sigan alimentando de títulos malos y viejos como Pasión y poder y Simplemente María. ¡Al fin y al cabo que ni se quejan! Lo mejor, que se vaya para afuera".

Y me estoy viendo light, porque esto es un insulto no solo para nosotros que hemos dedicado nuestra vida a ver Televisa, es una puñalada para la televisión abierta nacional.

Porque esto, como La viuda negra, El Dandy y muchas otras series que se están grabando con el capital de Televisa, cuando llegue, no llegará para su consumo masivo en el horario estelar de XEW-TV.

Llegará o a los cables y las antenas directas al hogar, o muy tarde por la noche en Canal 5 nada más para cumplir con los contratos.

Qué vergüenza, de veras, y más porque esto ya se había hecho en los años 80 con El pecado de Oyuki y El extraño retorno de Diana Salazar, y ya se había comprobado que no era el camino.

Si hoy existen empresas como Argos, que maquilan obras como El señor de los cielos para Estados Unidos, es porque el dinero con el que graban viene de allá.

Acá, no. El hotel de los secretos surge de un capital mexicano que se debió de haber utilizado, primero, para beneficio de la gente de aquí, no para la del "otro lado".

Si esto estuviera pasando en alguna otra parte del mundo, sería un escándalo. Aquí, hasta se celebra.

¿Ahora entiende cuando le digo que estoy deprimidísimo? El hotel de los secretos está hermosa, pero no es para nosotros. No la merecemos. Somos televidentes de segunda. ¡Qué dolor!


alvaro.cueva@milenio.com