El pozo de los deseos reprimidos

"El hormiguero y yo"

Como usted sabe, el lunes pasado estuve de invitado en el programa El hormigueroMX de Azteca 7 y quiero escribirle de eso.

¿Por qué? Porque a pesar de que he tenido el honor de haber sido invitado a un montón de programas, jamás había vivido algo como lo que viví en esta realización del Estudio de Espectáculos de Azteca.

Creo que compartir esto es importante para que aprendamos y reconozcamos.

La producción de El hormiguero MX es la más profesional a la que me he enfrentado en más de 27 años de carrera periodística.

Estos señores, en lugar de invitar a la gente de un día para otro, organizan las cosas con tiempo y confeccionan un traje a la medida de cada persona a la que llevar.

A mí, primero, me contactaron para preguntarme si me gustaría ir a su emisión.

Luego me llamaron para informarme que el equipo de contenidos de esta producción de Alexis Lippert se iba a comunicar conmigo para hacerme una primera entrevista y, en base a lo que yo les dijera, estructurar “mi” programa.

El caso es que el día y a la hora pactada, un ejército de escritores me marcó por teléfono y me empezó a hacer preguntas.

Lo increíble fue que no me preguntaron lo de siempre. Ellos ya sabían todo de mí. Me habían investigado por un montón de lados y creo que hasta habían leído mis libros.

Me preguntaban sobre cosas más curiosas como mis hábitos, los deportes que practico, las cosas a las que me gustaba jugar cuando era niño.

Pero eran unos guionistas tan inteligentes que inmediatamente las vinculaban con mis críticas y mis trabajos. ¡Me dejaron con la boca abierta!

Para no hacerle el cuento largo, luego vinieron otras llamadas para definir, entre otras cuestiones, fechas y requerimientos.

Yo, siempre que voy a cualquier parte, pido lo mismo: un refresco de dieta.

Aquí como que esperaban que yo les dijera que quería caviar, rosas rojas y una masajista tailandesa pero, pues no, no pedí nada de eso. Jamás imaginé la magnitud de lo que vendría después.

Todos los invitados a El hormiguero MX reciben trato de estrella internacional, exactamente el mismo trato que reciben las personas que van a El hormiguero de España.

La experiencia comienza desde que uno llega a las instalaciones de Azteca. No sabe usted qué recepción tan más glamorosa.

Ahí no es de que: pásale, te entrevistamos, busca la salida y te vas.

No, a uno lo reciben como recibieron a Daniel Radcliffe y lo llevan a un camerino digno de Will Smith, donde lo atienden como a Tom Cruise.

Cualquier cosa que yo le pueda decir sobre mimos, comidas y bebidas es nada en comparación con lo que ahí sucede, y todavía no le hablo de lo que es propiamente el programa.

Hay un respeto hacia el invitado impresionante.

Mauricio Mancera (el conductor de este proyecto), sus “hormigas” y sus colaboradores no solo preparan lo que van a decir, a hacer y están listos para resolver cualquier cosa que se pudiera derivar de sus preguntas y dinámicas.

¡No! Se vuelven expertos en las personas que van a tener enfrente.

Mauricio, por ejemplo, dominaba mi vida. Sabía cosas de mí que yo ni siquiera había comentado en las entrevistas.

Y espérese porque este dominio de la materia también incluye al público en el estudio.

La gente que va a El hormiguero MX es gente que va porque lo quiere ver a uno, porque sabe de uno.

Yo jamás había estado de invitado en un programa de televisión donde hubiera un público que me quisiera tanto.

Y esos hombres y mujeres no estaban fingiendo. Hubo momentos en los que me acerqué a ellos y lo que me decían no era lo que me hubieran dicho los señores que van a otras partes.

¿Pero sabe qué fue lo más bonito de todo? Lo que los encargados de este concepto me pidieron antes de entrar al aire: diviértete.

Sí, yo sé que suena muy obvio, pero no es así. Cuando uno se dedica a esto, se acostumbra a que la mayoría de los colegas lo inviten a sus programas para puras cosas horribles.

En El hormiguero MX, no. Ahí uno va a divertirse como niño chiquito. Así de simple, así de complejo. Y fui tan feliz con tantas cosas tan chistosas que dije y que hice que todavía no lo puedo creer.

La felicidad existe en la televisión mexicana, existe dentro y fuera de la pantalla, sin vulgaridades, sin dobles intenciones, con el único objetivo de gozar del momento y de hacer que los demás lo gocen también.

¿A usted no se le hace precioso? A mí se me hace un milagro. Por eso se lo tenía que escribir.

¿Cuándo fue la última vez que usted fue feliz viendo gente feliz en la televisión mexicana?

¿Cuándo fue la última vez que usted fue feliz yendo a la televisión en este país?

Mil gracias a todas las personas que trabajan en las diferentes áreas de El hormiguero MX, al público que fue al estudio esa noche y a toda la gente linda que compartió esta fiesta conmigo a través de la televisión. Jamás los voy a olvidar. 

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