El pozo de los deseos reprimidos

La guerra de la que nadie habla


Cuando uno se dedica a esto de la crítica de televisión ve cosas por adelantado. ¿Para qué? Para que en caso de que sean buenas, poderlas recomendar.

Hace tiempo tuve el privilegio de ver en el extranjero un programa de televisión verdaderamente sublime que hizo que me emocionara, que me conmoviera, que me asustara y hasta que me riera.

Si yo le digo de qué trata no me lo va a creer: de rinocerontes.

En serio, es una miniserie planteada en tres capítulos de una hora sobre estos enormes animales que viven en lugares muy específicos de nuestro planeta, además, por supuesto, de uno que otro zoológico, como el de Chapultepec en la Ciudad de México.

¿Cómo es posible que algo que suena tan de flojera pueda llegar a ser sublime?

¿Cómo es posible que algo que aparentemente es la cosa más aburrida del universo nos pueda llevar de una emoción a otra como la mejores de las series o la mejor de las películas? ¿Cómo?

Es que no es una miniserie cualquiera, es una especie de ejercicio periodístico, entre documental y reality show, sobre la guerra contra los cazadores que asesinan a los rinocerontes en Sudáfrica para cortarles su cuerno y venderlo en el mercado negro.

Ojo, cuando estoy diciendo ejercicio periodístico, créame, esto vale tanto como la nota de la reforma fiscal, como el reportaje sobre la supuesta secuestradora que salió libre por un error administrativo o como el programa especial sobre el espionaje del gobierno de Estados Unidos a personalidades como Angela Merkel.

Igual, cuando le estoy diciendo guerra, es guerra, como las que salen en las noticias, con soldados, con enemigos, con balazos, con sangre, con muerte.

Este programa es una bomba, porque le puede gustar lo mismo al más exquisito de los espectadores que a los más clavados con el tema del entretenimiento.

Si usted se sienta a ver esto con niños, no sabe el éxito que va a tener.

Los más pequeños, van a alucinar con los rinocerontes. Los más grandes se van a involucrar de inmediato porque, yo no sé si usted lo sepa, los chicos del siglo XXI, a la hora de los juegos, de los videojuegos, viven por y para la guerra.

El caso es que estamos ante algo grande que merece ser visto, recomendado y patrocinado, ante una de las experiencias más positivas del momento.

Y es que, por si todo lo que le acabo de mencionar no resultara lo suficientemente atractivo, esta producción defiende valores, causas sociales, ecológicas y puede llegar a ser lo máximo los defensores de los derechos de animales.

La primera vez que yo lo vi, se me erizó la piel. Ya para la segunda, lo confieso, lloré.

No puedo creer que pasen estas cosas en el mundo. No puedo creer lo que los seres humanos le estamos haciendo a los pocos rinocerontes que quedan en el planeta.

Si no hacemos algo pronto, nos los vamos a acabar y lo más horrible de esta historia es que, como en todo buen ejercicio periodístico, no le podemos echar la culpa nada más a la maldad de las personas.

Aquí hay un tema político, un problema económico, un asunto de vecindad entre Sudáfrica y otras naciones, y un mercado asquerosamente enfermo al que no le importa nada con tal de tener algo tan ocioso como el cuerno de un rinoceronte.

Cuando usted mire este título, se va a enterar de cosas que ni se imaginaba, se va a poner a pensar sobre otras igual de delicadas y le van a dar ganar de actuar, de hacer algo.

Estamos hablando de uno de esos programas de televisión que nos marcan, que nos dejan un mensaje, que hacen que uno sea diferente después de sintonizarlo.

¿Y cómo se llama? Yo lo conocí como Rino Wars. En español le pusieron Lucha por los rinocerontes.

Le advierto que por alguna extraña razón no aparece en muchas de las guías electrónicas de programación de nuestros cables y antenas directas al hogar.

Así que no lo busque como buscaría alguna telenovela, pero le aviso que se estrena hoy viernes 1 de noviembre, a las 22:00, por el canal Animal Planet.

Por favor, por lo que más quiera en la vida, prométame que lo va a ver, que se lo va a recomendar a sus hijos, a sus amigos y a sus alumnos.

Si no le gusta, lo autorizo a que me reclame. Así de seguro esto de este concepto y así estoy orgulloso de las personas que participan en él, tanto como creativos y conductores, como ejecutivos y personal de la producción.

Cuando usted conozca a personajes como Craig Sawyer, el líder del pelotón que le da sentido a Lucha por los rinocerontes, yo sé que lo va a amar y que, en general, que los va a adorar a todos.

Cada uno tiene una personalidad tan fuerte, pero al mismo tiempo tan divertida, que no va a querer dejar de verlos jamás.

En resumen, este fin de semana no solo hay programas especiales sobre muertos y terror, también hay lanzamientos importantes como éste, también hay Rino Wars y usted merece estar ahí.

¿A poco no?