El pozo de los deseos reprimidos

"El gran chapuzón"

Hay muchas maneras de enseñarle a la gente a perder la dignidad y una de las más ofensivas que ha visto en los últimos años es El gran chapuzón, ese aberrante programa que se estrenó la noche del domingo pasado en El Canal de las Estrellas.

Y antes de que la gente de Televisa se me eche encima argumentando que digo esto porque Carlos Slim me pasó una lana o porque Ricardo Salinas me lo acaba de ordenar, le voy a refrescar la memoria.

El gran chapuzón es la versión mexicana de Splash, un concepto que miles de personas vimos el año pasado en otras ediciones, de países como España y Argentina, a través de señales como TVE y Telefé Internacional.

Las hemerotecas, las redes sociales y las videotecas no me dejarán mentir y lo dije en MILENIO Televisión, y en Proyecto 40 y lo he dicho en todos lados: ese formato es la cúspide de lo enfermo. No lo deberíamos permitir.

De lo que se trata no es ni de promover el deporte, ni de fomentar la salud ni de nada positivo. Aquí el objetivo es convocar a las multitudes para ver en qué momento sus estrellas favoritas, se matan o, mínimo, quedan paralíticas.

Yo no entiendo cómo fue que estas cosas se pusieron de moda ni cómo es que las autoridades de tantos países las permiten, pero si existiera la justicia, organismos como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos deberían de intervenir.

Y no, no es porque esas figuras públicas hayan sido engañadas, obligadas o porque no hubieran leído con cuidado las letras pequeñas de sus contratos. Es por la parte de los mensajes.

¿Con qué idea se queda uno después de ver, por ejemplo, a enormes talentos, como los que participan en este proyecto, a punto de estrellar su cráneo contra un trampolín?

Pues con la idea de que la mortandad de hambre está bien dura, de que todo se vale por un poco de fama y por unos cuantos pesos, con la idea de que, si ellos, que aparentemente lo tienen todo, lo hacen, ¿por qué no lo vamos a hacer nosotros?

Vamos, arriesguemos la vida, perdamos la dignidad. ¿Por qué no nos tiramos un clavado desde el primer risco que encontremos? ¿Por qué no nos metemos a una jaula llena de animales salvajes? ¿Por qué no tentamos a la muerte de alguna manera espectacular e ingeniosa?

Yo siento mucha vergüenza, porque le juro que todos y cada uno de los elementos que salen en este programa son buenos.

¿Por qué entonces sus jefes no los quieren? ¿Por qué, en lugar de utilizarlos como carne de cañón, no les dan trabajo de lo que son, de actores, de actrices, de cantantes, de comediantes, de conductores, de luchadores, de futbolistas?

A lo mejor soy un amargado de primera, pero yo preferiría que nuestra industria, en lugar de tirar el dinero en un concepto tan caro y complicado, hiciera, con ellos, series que no hay, programas cómicos que no existen o emisiones de variedades que nos urgen.

Pero para penas, la que siento por los jueces que están participando en este lamentable circo romano. Yo, ante ellos, hago reverencia.

Son mis ídolos, mis héroes. Y cuando los he visto en persona, se los he dicho.

¿No se le hace a usted triste que todo ese prestigio, que toda esa experiencia y que todo ese conocimiento esté siendo utilizado para medir a un puñado de estrellas que ni remotamente van a poner en alto el nombre del deporte nacional?

¿O qué, acaso esas luminarias van a dejar sus carreras para dedicarse a los clavados? ¿Van a invertir sus ahorros en escuelas de natación?

En el remoto caso de que usted no sepa de qué le estoy escribiendo, El gran chapuzón es un reality en donde varias celebridades compiten tirándose clavados en instalaciones deportivas de verdad.

Y ni siquiera es sexy, por aquello de los trajes de baño. Es feo, malo, decadente.

Por si todo esto que le acabo de decir no fuera suficiente, necesita ajustes de producción.

El ritmo es lento, la información no fluye, las cámaras podrían estar mejor colocadas y la conducción está fuera de tono.

Alan Tacher, que es excelente, está conduciendo para noche de gala cuando lo que estamos viendo va por otro lado, como en España, como en Argentina.

Mire, hay cosas que uno no debe hacer y así como el año pasado me negué a escribirle de La academia kids y de la versión infantil de The X Factor por la más elemental ética, en este 2014 no me volveré a meter con El gran chapuzón.

Si a usted le interesa darle seguimiento a este proyecto, adelante, pero no cuente conmigo. Búsquese otro crítico y, por favor, discúlpeme.

Yo me considero un defensor de los derechos humanos, activista de diferentes causas sociales, y no me parece ni que se juegue así con las personas ni que se le den esos mensajes al pueblo de México.

Y si me corren, pues que me corran. Prefiero irme con la frente en alto a traicionarme promoviendo cosas que me enferman. Gracias por su comprensión.  

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